LA CASA DEL LEÑADOR

LEÑA

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan

decir qué somos y quién somos,

nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.

Estamos tocando fondo. 

Gabriel Celaya

 

Para democratizarnos en altura,

nos talaron las piernas:

ciudadanos inválidos de un mundo raso

apenas alcanzábamos a mirar por la ventana.

 

¡La casa del leñador era tan grande!

 

Inventariamos cada gota de lluvia

siguiendo el superior criterio del dueño de la perspectiva;

seguros de que era lo correcto

tragamos aire hasta enfermarnos,

y al llegar la noche

nos robamos el frío unos a otros.

 

En el horizonte una chimenea infinita

seguía inventando nubes

para nuestro techo.

 

Obligados a arrastrarnos

nos hicimos del suelo,

con el suelo,

 

¡Éramos polvo habitado y había

utopía en los tiradores de todas las puertas!

 

Lamieron tierra nuestras lenguas

hasta secarse:

arena y piedras,

arena y piedras.

 

Fuimos del suelo,

con el suelo,

y creceremos ahora en este erial

abonado con futuros y carroña,

y ya no seremos hombres ni árboles:

fuimos ceniza

y seremos hierba.

 

Las hojas bastas

de sus hachas

serán inútiles.

 

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4 comentarios en “LA CASA DEL LEÑADOR

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