CONCEPCIÓN DANCAUSA Y LA DIVISIÓN DE LOS ESPAÑOLES

Escribo esto a vuelapluma y sin mucha reflexión de por medio, así que me vais a perdonar los gazapos si los hubiere. Acabo de escuchar a la señora Concepción Dancausa, delegada del Gobierno en Madrid, hablar en la SER al calor de la polémica por la metedura de pata de Ahora Madrid con el tema de la retirada de símbolos franquistas. Siguiendo el conocido argumentario del PP en esta materia, la señora Dancausa ha apuntado que lo mejor es dejar las cosas como están, que “la historia es la que es” y que ya se hizo una transición y hubo una ley de amnistía. No es razonable ni pertinente hacer nada –concluía- que vaya a dividir a los españoles.

Como este es un blog muy modesto, estoy seguro de que la señora Dancausa nunca llegará a leer estas líneas. Pero con todo y con eso me gustaría decirle algunas cosas. Para empezar, señora Dancausa, me gustaría decirle que la historia no es la que es. La historia es una construcción, una reinterpretación del pasado que se hace desde el presente y es por lo tanto cambiante y necesariamente subjetiva. En el mejor de los casos –que no es siempre el de algunos de los historiadores de cabecera de su partido, dicho sea de paso-, la historia es honesta y polifónica, dando cabida a todas las voces del pasado y no solo a la voz de unos pocos. Pero nunca, nunca, “es la que es”.

La forma en que encaramos nuestro pasado guarda también, señora Dancausa, una relación estrecha con el proyecto de futuro que queremos. La guerra y los crímenes de la dictadura franquista están en el centro de nuestra memoria colectiva, marcan claramente la identidad de muchos españoles de hoy y afectan de manera directa a la sensibilidad de otros tantos. Se entiende, eso sí, que entre estos últimos no haya, señora Dancausa, muchos hijos de políticos falangistas (por ubicar un poco el tema: el padre de la señora Dancausa fue procurador en Cortes durante la dictadura y promovió luego esa filantrópica institución que es la Fundación Francisco Franco).

Al final siempre están ustedes con la transición en la boca, señora Dancausa. Y con la ley de amnistía del 77, esa que el Comité de Derechos Humanos de la ONU nos reclama con insistencia que retiremos para poder investigar los crímenes del franquismo. La transición, señora Dancausa, se hizo en buena medida desde el miedo. No se hizo cerrando heridas: las heridas siguen abiertas. Lo que se pretende es, precisamente, cerrarlas. No sé si le suenan, señora Dancausa, las comisiones para la verdad y la reconciliación, que se han puesto en marcha en varios países como vía para una verdadera superación de pasados traumáticos desde la base de la justicia restaurativa. El lema de la Comisión para la Verdad y la Reconciliación de Sudáfrica (para la reparación de las violaciones de DD. HH. cometidas por el régimen del apartheid) lo estableció Desmond Tutu y decía: “Sin perdón no hay futuro, pero sin confesión no puede haber perdón”. Se trata de conocer el pasado, señora Dancausa, y de reconocer los errores para poder repararlos en la medida de lo posible. Se trata de ser permeables y sensibles con las personas afectadas por esos errores, señora Dancausa. No es tan difícil.

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