ES LO QUE HAY… PERO NO NOS GUSTA: CASTILLOS EN EL AIRE Y DEMOCRACIA INCLUSIVA

7187316988_09c88ac67b_z

Se trata de una relación causa-efecto ampliamente comprobada. Al menor atisbo de disenso con el actual sistema político, social y económico, le será dispensada una de las siguientes sentencias: 1. las cosas son como son; 2. es lo que hay; 3. no queda otra que tragar; 4. no existe una alternativa que funcione; y 5. el mundo es así –acompañada esta última de: a) no lo he inventado yo, o b) ya me gustaría a mí que…-.

Con envidiable rapidez mental, su interlocutor hará también el preceptivo viaje desde el conformismo y la autojustificación hasta la desacreditación de la diferencia: hay que tener los pies en la tierra, le dirán. Lo que propones es un brindis al sol, le dirán. Son utopías, castillos en el aire. Bonito término por cierto este último: en su genial “Diccionario de los lugares comunes” Flaubert lo define como “ideas superiores que no se comprenden”.

¿Qué es lo que propones tú? –le preguntarán a menudo. En realidad su contestación no importa mucho, porque es bastante probable que su interlocutor ya tenga cargada alguna variante del “no funcionaría” en su DVD de respuestas. Siempre es el mismo DVD de respuestas, por cierto. Creo que se titula “Respuestas para gente que no duda”. Ante un “no funcionaría”, yo suelo invitar a mi interlocutor a la reflexión: ¿ah, que esto SÍ FUNCIONA?… ¿de verdad?… ¿para cuántos funciona?… ¿para quiénes?… ¿por cuánto tiempo va a seguir funcionando? A menudo no consigo que reflexione mucho, pero me quedo la mar de ancho.

En realidad, criticar el funcionamiento actual de las cosas, el sistema, resulta bastante sencillo. Desde la desigualdad flagrante que produce hasta sus gravísimos efectos sobre el planeta, sobran evidencias de que el capitalismo no es precisamente la panacea. La cosa se complica un poco, eso sí, cuando se trata de plantear alternativas. En este sentido, hoy me apetecía dar cuenta en el blog de una propuesta, la de la democracia inclusiva, que pone sobre la mesa una alternativa integral a la miseria que padecemos. Y lo hace, además, apoyándose en una crítica sistemática de las claves de esa miseria y ofreciendo estrategias concretas a corto y a medio plazo para alcanzar el modelo de sociedad que defiende.

La propuesta, presentada por el filósofo y activista griego Takis Fotopoulos, reivindica la construcción de una sociedad verdaderamente democrática y concreta la articulación de esa democracia en cuatro ámbitos básicos:

  • En el ámbito político propone una democracia asamblearia que garantice un reparto equitativo de poder entre todos los miembros de la sociedad, sin que existan jerarquías permanentes.
  • En el ámbito económico aspira a que las políticas macroeconómicas sean decididas por el conjunto de la ciudadanía, y a que se ponga en marcha un modelo de consumo individual no monetario que permitiría evitar cuestiones como la acumulación de capital o la especulación.
  • En el ámbito social se propone democratizar todos los espacios en que el individuo desarrolla su vida diaria (trabajo, escuela, etc.), haciéndolos funcionar de forma autogestionada y asamblearia. También plantea medidas para democratizar los hogares y su funcionamiento interno.
  • Por último, persigue democratizar las relaciones entre el hombre y el medio natural instaurando una democracia ecológica. La idea es que el cambio del modelo productivo y la puesta en marcha de una sociedad que mantenga un ritmo de vida cabal, sin perseguir la ostentación ni la acumulación obscena de riqueza, nos permitirán vivir dignamente sin necesidad de cargarnos el planeta por el camino. Sobre esta base la propuesta podría encajar perfectamente con los planteamientos del decrecimiento.

Por supuesto el modelo es marcadamente municipalista. Implica un funcionamiento desde abajo hacia arriba y una organización política territorial basada en pequeños núcleos que se confederarían libremente con otros para hacer frente a los retos y necesidades que precisen de respuestas supralocales.

En estos tiempos que corren cada vez está más claro que no se puede esperar mucho de las instituciones de las democracias representativas capitalistas. Las ocupe quien las ocupe. El diseño institucional no es inocente: tiene una carga ideológica enorme vinculada al proceso de construcción de los Estados burocráticos. Y es también conocido que las posiciones modifican a los sujetos o, si lo prefieren, que las instituciones se acaban comiendo hasta las mejores intenciones.

Así las cosas no parece justo tachar de utópica una propuesta como la de la democracia inclusiva, que yo he explicado aquí de manera escuetísima y por tanto necesariamente mal (podéis encontrar más información en castellano en este link). Como señala Fotopoulos, se basa en una crisis multidimensional existente y recoge descontentos relativamente extendidos entre la población. Aun así, es fácil suponer que muchos de quienes nos rodean seguirán pensando que no tenemos los pies en el suelo. Esperemos que sus nietos no tengan que reprochárselo. Si se ponen muy pesados, les recomiendo que recurran a una respuesta que le escuché en una ocasión al politólogo Carlos Taibo: “Puestos a defender algo, yo prefiero defender algo bonito”.

 

***Fotografía: “Luego feroz”, de Ana Rey. https://www.flickr.com/photos/anarey/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s