EL MINISTERIO DEL TIEMPO. IDEOLOGÍA Y PROPAGANDA.

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Anoche Televisión Española estrenó la esperada segunda temporada de El Ministerio del Tiempo, una serie que el año pasado logró fidelizar a más de dos millones y medio de espectadores y que ha recibido tantos premios como elogios por parte de la crítica. La intención de este post no es hacer de menos los evidentes logros de la serie, y dios me libre de enfadar a la legión de fans que se ha granjeado –los llamados ministéricos. No pretendo buscarle las vueltas a la originalidad de la propuesta (en ocasiones se le ha achacado cierta proximidad argumental con la británica Doctor Who) ni a la calidad de las reconstrucciones históricas que ofrece, y tampoco me duelen prendas si se trata de reconocerle que ha logrado acercar la historia a públicos tradicionalmente poco o nada interesados por ella. Yo mismo sigo la serie y tengo pensado seguir haciéndolo porque, qué demonios: me entretiene.

Sin embargo El Ministerio del Tiempo no es un producto televisivo inocente. Antes bien, se trata de una producción claramente ideologizada que encaja a la perfección con el resto de la programación que viene ofreciéndonos RTVE y, en consecuencia, con los intereses de quienes dirigen nuestro ente público de televisión. El planteamiento de la serie pretende apuntalar dos ideas: la primera está relacionada de manera específica con la historia de España; en tanto que la segunda se vincula a una forma concreta de entender el pasado, el progreso y el funcionamiento de las sociedades. La promoción de ambas no es ajena a una institución como el Estado, que a tal fin utiliza desde los cauces más académicos -fijando, o tratando de fijar, una historia oficial- hasta aquellos ámbitos más divulgativos o los vinculados al mundo del entretenimiento.

En lo que hace a la primera de las cuestiones mencionadas, la serie presenta un discurso que tiende de manera clara a reforzar la imagen de unidad de España. Se emplean lugares comunes y mitos fundacionales para insistir en la idea de una historia de España lineal. Hay de hecho cierta ambigüedad sobre los puntos espacio-temporales a los que se puede viajar desde el Ministerio: si supuestamente hay puertas que comunican el presente con cualquier punto que haya sido dominado por España en una época determinada –se puede viajar, por ejemplo, al Portugal de la Unión Ibérica (1580-1640)-, cabría preguntarse qué España dominaba Atapuerca o por qué hay una puerta que lleva a la Segovia romana… Así, España es presentada, poco más o menos, como una unidad de destino en lo universal. Si fuésemos muy mal pensados quizá habríamos de reflexionar sobre la coincidencia cronológica entre la puesta de largo de El Ministerio del Tiempo y el Procès Constituent a Catalunya (o desafío independentista catalán, como prefieren llamarlo la mayoría de los medios nacionales). Al cabo el objetivo último del Ministerio del Tiempo es evitar que alguna clase de accidente o de interés espurio altere nuestra historia. Así las cosas, este Ministerio se erige en auténtico  “guardián de la historia”, acaso continuando la labor de aquellos historiadores del siglo XIX que se encargaron de apuntalar la historia oficial de la nación y a los que Ignacio Peiró dedicó su magnífico libro Los guardianes de la Historia.

En cuanto a la segunda cuestión, El Ministerio del Tiempo nos sigue mostrando esa “Historia de tambor y trompeta” a la que se refiriera en su día Julián Casanova para denunciar el tipo de Historia que premian, año sí y año también, los Premios Nacionales de Historia. Es, en definitiva, el tipo de Historia que defienden también, con desigual eficacia, otros productos televisivos de la misma cadena como Isabel o Carlos, Rey Emperador. Una historia desde arriba, de reyes y grandes hombres que forjaron el destino de una nación, que hicieron de España “un gran país”. Aunque en este caso hay que agradecerle a la serie que introduzca en la ecuación el factor cultural y la historia de los grandes talentos del Arte, la Ciencia y la Literatura patrias, la idea central no varía: lo que nos ofrece la pequeña pantalla es la Marca España. Apenas queda rastro de quienes –parafraseando las Preguntas de un Obrero que lee, de Bertold Brecht-, arrastraron los bloques de piedra que hoy admiramos en nuestros palacios, castillos y catedrales. No queda sitio para los que corrieron con los gastos.

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4 comentarios en “EL MINISTERIO DEL TIEMPO. IDEOLOGÍA Y PROPAGANDA.

  1. Wolverine

    Y qué tiene de malo mostrar la historia desde un punto de vista patrio, y más si el producto es de calidad como son el caso de Isabel, Carlos Rey Emperador y el Ministerio del tiempo, series que para mí son obras maestras de la tv de nuestro País. Creo que somos el único país que detesta su propia historia y siempre la intenta colocar en ideologías de izquierdas o derechas y no hay cosa que más detesto. En cuanto a la serie es de lo mejor de la televisión, una serie de ficción que no muestra ninguna tendencia favorecedora sobre ideologías, se mantiene neutra y que incita a leer historia.

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    1. Gracias por tu comentario, Wolverine. Personalmente no creo que exista la historia desideologizada, pero siempre está bien leer puntos de vista diferentes a los propios. En una cosa sí coincido contigo: El Ministerio del Tiempo me parece una serie entretenida y de factura muy decente -especialmente si la comparamos con otras producciones “made in Spain”-.

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  2. antoniovipi

    Muy acertada tu reflexión, Hay que plantear en la memoria colectiva que los verdaderos protagonistas de la Historia fueron esos hombres y mujeres, analfabetos y empobrecidos durante siglos, que representaban el 90% de la población.
    Aunque por otro lado. El Ministerio del Tiempo ofrece la oportunidad al espectador de reflexionar sobre los usos y abusos de la Historia. Enhorabuena por el blog y gracias por seguir
    https://historiaparatodosblog.wordpress.com/

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