CONTINGENCIA

Cuando después de no ser me hice

presente de ojos y de manos,

en ese preciso lugar,

en aquel instante precioso para algunos,

invisibles cargas a mi infantil espalda

y un suelo estricto sobre el que aprender a desplazarme.

 

Esperaba el mundo entero en una habitación cuadrada,

entechada de futuros y luces artificiales,

un puñado de caras sonriendo

por emoción o por protocolo laboral,

omnipresente el llanto

y la desnudez arropada por un juego de pupilas.

 

La primera casualidad: haber nacido.

 

Piel recién estrenada y ya siempre baja de defensas,

una cama,

una madre,

y una puerta…

Y una boca.

 

Las cosas claras desde el principio.

Arqueólogos de lo invisible

Me acabo de estrellar contra unos cuantos poemas viejos, sabe dios de cuándo. Voy a poner uno que no me ha producido excesiva vergüenza. En realidad no tenía título. Ahí va:

 

Arqueólogos de lo invisible,

excavábamos en aquel vacío

con la tranquilidad de que nada

habría de romperse

y el consuelo de una limpieza totalitaria,

de un olor repetido a tradición familiar

y a desinfectante.

Nos quedaba, apenas, el lenguaje.

Hacíamos funambulismo por sus equinas sucias,

nos agarrábamos a él

como se agarran al aire los defenestrados,

con manos nerviosas y urgentes,

con manos que buscan y acaban rotas sobre la acera.

­

Gritaban de pánico los viandantes.

SOBRE LOS LÍMITES DEL HUMOR, DAVID BRONCANO Y LA DRAG QUEEN QUE SE DISFRAZÓ DE LA VIRGEN

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En efecto, le he dado pocas vueltas al título. He pensado: si a los de Antena 3 les funciona con las películas de los domingos por la tarde, ¿por qué a mí no? Además es un título nítido, honesto, porque ¿de qué voy a hablar? Exactamente: de los límites del humor, de David Broncano y de la drag que se disfrazó de la Virgen hace unos días en el carnaval de Las Palmas.

David Broncano es un humorista que lo está petando fuerte últimamente con su sección en “Late Motiv” -el programa de Buenafuente-, con el espacio de radio “La Vida Moderna” y con un show televisivo propio en #O, la cadena de Movistar, titulado “Loco Mundo”. Igual estáis pensando que esta aclaración no hacía falta, porque en fin, si conocéis este blog cómo no vais a conocer a David Broncano. Pero oye, puede que nuestros públicos no se solapen. O dicho de otra forma: “¡Mamá!, ¡papá! ¡Hola, besis! Ahora ya sabéis quién es David Broncano”. El asunto es que en la última entrega de “Loco Mundo” Broncano decidió hablar sobre los límites del humor. La idea que defendió a lo largo de todo el programa se puede resumir mal que bien en cuatro puntos: 1. En el humor no hay límites; 2. Nadie debería ofenderse por un chiste; 3. Sin embargo, siempre va a haber quien se ofenda con un chiste, y eso pasa con cualquier tipo de chiste; 4. Si alguien se ofende con un chiste, que se joda. En este contexto, el cómico bromeó apuntando que incluso un chiste inocuo como “Esto van dos y se cae el del medio” puede acabar molestando a alguien -“a los que van siempre en medio”-. También defendió, por ejemplo, que si a alguien le ofenden los chistes de Arévalo el problema es suyo por ir a ver espectáculos de Arévalo.

En general, los argumentos que utilizó Broncano son, como poco, superficiales e injustos. ¿Por qué? Pues a ello vamos. En primer término, en el debate sobre los límites del humor cabría dejar claro, entiendo, a qué nivel pretendemos colocar esos límites. Si hablamos de colocar límites legales al humor, estoy radicalmente en desacuerdo. Considero que judicializar un chiste, por muy lamentable u ofensivo que sea, es un error que abre las puertas a interpretaciones arbitrarias de la libertad de expresión en función del colectivo que ejerza el Poder en un momento o contexto concretos. Ahora bien, ¿debemos poner límites al humor desde el plano social? ¿debemos proscribir como sociedad cierto tipo de chistes y señalar a quienes trabajan determinada clase de humor? Rotundamente, sí.  ¿Y cuál es la clave para saber cuándo un chiste debe ser señalado, afeado y proscrito? Bien, diría que hay varias, pero acaso la fundamental sea la horizontalidad. Hacer chistes sobre colectivos que sufren discriminación y exclusión social desde una posición de privilegio no puede ser socialmente admisible. Y no solo porque las personas pertenecientes a esos colectivos puedan ofenderse sino, sobre todo, porque los chistes de esa naturaleza contribuyen a perpetuar la discriminación social que sufren esos colectivos.

Un chiste de Arévalo sobre “mariquitas”, además de ser ofensivo, contribuye al mantenimiento de actitudes homófobas. Actitudes homófobas que están en la base misma de que alguien haga chistes de esa índole y de que a otro alguien le hagan gracia. Y que se perpetúen actitudes homófobas es una mala noticia para todos, no afecta únicamente a los que han ido a ver un espectáculo de Arévalo. Cuando hacemos un chiste sobre “feminazis” no es inocuo, estamos ridiculizando el feminismo y poniendo palos en las ruedas a la lucha por la igualdad. Los efectos de los chistes de esta clase van más allá de la ofensa a una persona concreta, del mal gusto o de la falta de sensibilidad. Contribuyen a la normalización de opresiones. En este orden de cosas, el juicio sobre un chiste no puede desligarse de la posición de la persona que hace ese chiste ni de la posición de las personas llamadas a escucharlo. Una cosa es que yo haga un chiste sobre personas sin techo mientras me endoso una cena opípara con los amigotes, y otra bien distinta es que ese mismo chiste se lo cuenten entre sí dos sintecho. En un caso se está ridiculizando y naturalizando una injusticia social flagrante, en tanto que en el otro acaso se esté utilizando el humor para sobrellevar una situación de vida.

¿Cómo encaja aquí la “polémica” que se ha montado en torno a la drag queen que se disfrazó de la Virgen María en la gala de drags de Las Palmas de Gran Canaria? Bueno, encaja porque esta mañana me han preguntado mi opinión sobre este tema y no iba a escribir dos posts diferentes. Pero al margen de esto, algo tiene que ver. En primer lugar, hay que señalar que por supuesto cabe la posibilidad de que un show de ese tipo ofenda sentimientos religiosos particulares, y desde luego eso no es algo que deba celebrarse. Puede incluso que una vez explicitada esa ofensa (“Ha ofendido usted mis creencias”) proceda la consiguiente disculpa (“No era mi intención”). Pero analizando la situación desde una óptica más general, lo que nos encontramos es una broma sobre un colectivo no oprimido y en una situación de poder (difícilmente puede defenderse que el catolicismo esté discriminado en España). Y aún más: sobre un colectivo en una situación de poder del que emanan agresiones continuas y durísimas contra cualquier interpretación de la identidad y los roles de género contraria a la que ellos defienden. Desconozco si la voluntad de la drag queen en cuestión era hacer chanza con el catolicismo o si el disfraz tenía un propósito meramente iconográfico, folklórico si se quiere. Pero, en cualquier caso, a la hora de enjuiciar esta situación no podemos olvidar que no son precisamente las drag queens quienes pretenden erigirse en censores y guardianes de la moral.

Por lo demás, hay pocas esperanzas de que los ultracatólicos de Hazte Oír o los obispos españoles se replanteen sus posturas, a qué engañarnos. Pero qué importante sería que sí lo hicieran cómicos jóvenes con el tirón y el talento de David Broncano. Cualquiera puede entender que el humor no es algo aislado de la sociedad. Se alimenta de la realidad social y, al mismo tiempo, influye en ella. En una sociedad atravesada por desigualdades y opresiones estructurales acaban por hacernos gracia cuestiones que no la tendrían en un contexto igualitario. ¿Por qué se hacen chistes sobre la homosexualidad y no sobre la heterosexualidad, por ejemplo? Si perseguimos un cambio social tenemos que apostar, también, por el humor horizontal y por aquel que se construye de abajo arriba, cuestionando privilegios y estructuras de poder.