SOBRE LOS LÍMITES DEL HUMOR, DAVID BRONCANO Y LA DRAG QUEEN QUE SE DISFRAZÓ DE LA VIRGEN

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En efecto, le he dado pocas vueltas al título. He pensado: si a los de Antena 3 les funciona con las películas de los domingos por la tarde, ¿por qué a mí no? Además es un título nítido, honesto, porque ¿de qué voy a hablar? Exactamente: de los límites del humor, de David Broncano y de la drag que se disfrazó de la Virgen hace unos días en el carnaval de Las Palmas.

David Broncano es un humorista que lo está petando fuerte últimamente con su sección en “Late Motiv” -el programa de Buenafuente-, con el espacio de radio “La Vida Moderna” y con un show televisivo propio en #O, la cadena de Movistar, titulado “Loco Mundo”. Igual estáis pensando que esta aclaración no hacía falta, porque en fin, si conocéis este blog cómo no vais a conocer a David Broncano. Pero oye, puede que nuestros públicos no se solapen. O dicho de otra forma: “¡Mamá!, ¡papá! ¡Hola, besis! Ahora ya sabéis quién es David Broncano”. El asunto es que en la última entrega de “Loco Mundo” Broncano decidió hablar sobre los límites del humor. La idea que defendió a lo largo de todo el programa se puede resumir mal que bien en cuatro puntos: 1. En el humor no hay límites; 2. Nadie debería ofenderse por un chiste; 3. Sin embargo, siempre va a haber quien se ofenda con un chiste, y eso pasa con cualquier tipo de chiste; 4. Si alguien se ofende con un chiste, que se joda. En este contexto, el cómico bromeó apuntando que incluso un chiste inocuo como “Esto van dos y se cae el del medio” puede acabar molestando a alguien -“a los que van siempre en medio”-. También defendió, por ejemplo, que si a alguien le ofenden los chistes de Arévalo el problema es suyo por ir a ver espectáculos de Arévalo.

En general, los argumentos que utilizó Broncano son, como poco, superficiales e injustos. ¿Por qué? Pues a ello vamos. En primer término, en el debate sobre los límites del humor cabría dejar claro, entiendo, a qué nivel pretendemos colocar esos límites. Si hablamos de colocar límites legales al humor, estoy radicalmente en desacuerdo. Considero que judicializar un chiste, por muy lamentable u ofensivo que sea, es un error que abre las puertas a interpretaciones arbitrarias de la libertad de expresión en función del colectivo que ejerza el Poder en un momento o contexto concretos. Ahora bien, ¿debemos poner límites al humor desde el plano social? ¿debemos proscribir como sociedad cierto tipo de chistes y señalar a quienes trabajan determinada clase de humor? Rotundamente, sí.  ¿Y cuál es la clave para saber cuándo un chiste debe ser señalado, afeado y proscrito? Bien, diría que hay varias, pero acaso la fundamental sea la horizontalidad. Hacer chistes sobre colectivos que sufren discriminación y exclusión social desde una posición de privilegio no puede ser socialmente admisible. Y no solo porque las personas pertenecientes a esos colectivos puedan ofenderse sino, sobre todo, porque los chistes de esa naturaleza contribuyen a perpetuar la discriminación social que sufren esos colectivos.

Un chiste de Arévalo sobre “mariquitas”, además de ser ofensivo, contribuye al mantenimiento de actitudes homófobas. Actitudes homófobas que están en la base misma de que alguien haga chistes de esa índole y de que a otro alguien le hagan gracia. Y que se perpetúen actitudes homófobas es una mala noticia para todos, no afecta únicamente a los que han ido a ver un espectáculo de Arévalo. Cuando hacemos un chiste sobre “feminazis” no es inocuo, estamos ridiculizando el feminismo y poniendo palos en las ruedas a la lucha por la igualdad. Los efectos de los chistes de esta clase van más allá de la ofensa a una persona concreta, del mal gusto o de la falta de sensibilidad. Contribuyen a la normalización de opresiones. En este orden de cosas, el juicio sobre un chiste no puede desligarse de la posición de la persona que hace ese chiste ni de la posición de las personas llamadas a escucharlo. Una cosa es que yo haga un chiste sobre personas sin techo mientras me endoso una cena opípara con los amigotes, y otra bien distinta es que ese mismo chiste se lo cuenten entre sí dos sintecho. En un caso se está ridiculizando y naturalizando una injusticia social flagrante, en tanto que en el otro acaso se esté utilizando el humor para sobrellevar una situación de vida.

¿Cómo encaja aquí la “polémica” que se ha montado en torno a la drag queen que se disfrazó de la Virgen María en la gala de drags de Las Palmas de Gran Canaria? Bueno, encaja porque esta mañana me han preguntado mi opinión sobre este tema y no iba a escribir dos posts diferentes. Pero al margen de esto, algo tiene que ver. En primer lugar, hay que señalar que por supuesto cabe la posibilidad de que un show de ese tipo ofenda sentimientos religiosos particulares, y desde luego eso no es algo que deba celebrarse. Puede incluso que una vez explicitada esa ofensa (“Ha ofendido usted mis creencias”) proceda la consiguiente disculpa (“No era mi intención”). Pero analizando la situación desde una óptica más general, lo que nos encontramos es una broma sobre un colectivo no oprimido y en una situación de poder (difícilmente puede defenderse que el catolicismo esté discriminado en España). Y aún más: sobre un colectivo en una situación de poder del que emanan agresiones continuas y durísimas contra cualquier interpretación de la identidad y los roles de género contraria a la que ellos defienden. Desconozco si la voluntad de la drag queen en cuestión era hacer chanza con el catolicismo o si el disfraz tenía un propósito meramente iconográfico, folklórico si se quiere. Pero, en cualquier caso, a la hora de enjuiciar esta situación no podemos olvidar que no son precisamente las drag queens quienes pretenden erigirse en censores y guardianes de la moral.

Por lo demás, hay pocas esperanzas de que los ultracatólicos de Hazte Oír o los obispos españoles se replanteen sus posturas, a qué engañarnos. Pero qué importante sería que sí lo hicieran cómicos jóvenes con el tirón y el talento de David Broncano. Cualquiera puede entender que el humor no es algo aislado de la sociedad. Se alimenta de la realidad social y, al mismo tiempo, influye en ella. En una sociedad atravesada por desigualdades y opresiones estructurales acaban por hacernos gracia cuestiones que no la tendrían en un contexto igualitario. ¿Por qué se hacen chistes sobre la homosexualidad y no sobre la heterosexualidad, por ejemplo? Si perseguimos un cambio social tenemos que apostar, también, por el humor horizontal y por aquel que se construye de abajo arriba, cuestionando privilegios y estructuras de poder.

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8 comentarios en “SOBRE LOS LÍMITES DEL HUMOR, DAVID BRONCANO Y LA DRAG QUEEN QUE SE DISFRAZÓ DE LA VIRGEN

  1. okashi

    resumen: si haces un chiste de algo que me importa una mierda como la religión, guay. Si haces un chiste de gays, está feo.
    Creo que seguiré haciendo chistes de todo, forme parte o no del colectivo oprimido de turno.

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  2. María

    Mucho más sencillo que todo esto: el humor transgresor es necesario y debe apuntar siempre a los poderes establecidos, jamás a las minorías reprimidas. FIN. No cuesta tanto entenderlo.

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  3. Maite

    Opino que el humor ciertamente no tiene límites del tipo de los que habla Broncano, pero tiene un límite muy importante: el público al que es contado, si por ejemplo yo mujer heterosexual entre mis amigos homosexuales con su consentimiento hago un chiste que puede considerarse “ofensivo” para los homosexuales y siempre quedará como un chiste con el que todos nos divertiremos porque estaremos de broma, igual que en el caso opuesto con chistes “ofensivos” hacia los heteros o como actúan serán también una diversión de grupo para todos; los límites del humor son los mismos que los de las noticias: se puede tocar cualquier tema pero hay cosas que sólo puedes hablar con tu pareja o familia y otras que son de dominio publico

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  4. Juan Pulí (lanta)

    Sinceramente creo que te equivocas de base. Cuando Broncano hace un monólogo sobre los límites del humor lo hace desde el humor. Tú le reprochas argumentos vacuos para defender su postura, pues claro! ¿No te jode? Está haciendo un show, no pretende pontificar sobre nada, sólo busca acabar lo mejor posible (créeme).
    Luego puedes tener más o menos razón en delimitar el humor, y efectivamente cualquier persona de izquierdas puede identificar claramente los lugares más vulnerables para ello, pero entonces ya no eres de izquierdas, ni porque te llames Barbijaputa y seas azote de Rajoy, ni porque analices un monólogo de humor de Broncano como si fueses de la Stasi, Hombre Lento, permítame darle un consejo sin ofedenrse; acelere.

    Atentamente 🤡

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  5. JaviM

    Entonces, según el comentario anterior, está fatal analizar un monólogo en el que alguien dice que si te ofendes por los chistes homófobos de Arévalo eres gilipollas. En un país donde hay agresiones homófobas día tras día. Pues oye, a mí me mola Broncano, es un puto crack, pero en ese monólogo creo que patinó en algunas cosas y me ha hecho pensar el artículo y eso lo agradezco.

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  6. Erre

    Creo que la actuación de la gala Drag no debería resultar ofensiva para el colectivo religioso. A mí me parece que simplemente fue un espectáculo artístico que se nutrió de elementos tradicionales de nuestra cultura, que es fundamentalmente católica. Me resulta más ofensivo que a alguien le parezca poco digno que una persona drag emplee “sus” elementos para su espectáculo, como si fuera insultante por ensuciar sus símbolos y como si tuvieran el monopolio absoluto en su uso. Además, no creo que en este caso haya ninguna intención de burla ni chanza hacia los católicos. Como he escrito, creo que simplemente juega con la idea de conjugar elementos profundamente tradicionales con otros totalmente modernos para combinarlos como recurso artístico. Más de una actriz lo ha hecho anteriormente, sin que eso le perjudique (Madonna, Beyoncé, Lady Gaga…)

    Un saludo.

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  7. Kiüs

    El problema viene al tomarse en serio el contenido del humor. El humor siempre se basa en simplificaciones, dobles sentidos, generalizaciones…, pero nunca con intención de ofender (si existe esa intención, estamos ante una opinión). El humor toma prestado el paradigma social, lo refleja con sus herramientas y cuando la sociedad cambia hay chistes que dejan de tener gracia y se olvidan. El humor influye en la sociedad porque la gente lo toma en serio y lo lleva más allá del contexto en que lo ha encontrado, pero no está para eso, es algo circunstancial; lo que pasa es que hay circunstancias más amplias y generalizadas y otras menos que pueden llevar a creer que cualquier manifestación del humor vale para cualquier momento y lugar. El humor funciona de manera referencial, no es revolucionario, es un espejo.

    Yo confieso haberme reído de chistes “de mariquitas” o de chistes machistas, pero hace años, cuando aun encajaban en el contexto social. Por suerte, eso ha cambiado (aunque siga habiendo mucha gente que no lo ha hecho) y hace mucho que no me hacen gracia, porque es reflejo de un espejo que ya no es tan grande y solo alcanza a unos pocos, entre quienes no me cuento.

    En resumen, el humor hay que tomarlo como lo que es: nada serio; su objetivo no es (no debería) influir en la sociedad, solo reflejarla, por eso le queda grande intentar cambiarla. La sociedad se cambia por otros cauces y es entonces cuando cambia el humor. Por eso es imposible poner límites al humor, porque ya está acotado por la sociedad. Otra cosa es que no te haga gracia.

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