Arqueólogos de lo invisible

Me acabo de estrellar contra unos cuantos poemas viejos, sabe dios de cuándo. Voy a poner uno que no me ha producido excesiva vergüenza. En realidad no tenía título. Ahí va:

 

Arqueólogos de lo invisible,

excavábamos en aquel vacío

con la tranquilidad de que nada

habría de romperse

y el consuelo de una limpieza totalitaria,

de un olor repetido a tradición familiar

y a desinfectante.

Nos quedaba, apenas, el lenguaje.

Hacíamos funambulismo por sus equinas sucias,

nos agarrábamos a él

como se agarran al aire los defenestrados,

con manos nerviosas y urgentes,

con manos que buscan y acaban rotas sobre la acera.

­

Gritaban de pánico los viandantes.

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