URBICIDIO

Se quedarán mis cosas sin mí desconcertadas

José María Valverde

 

Hace meses que cayeron las bombas. Ya solo silencio, escombros. Las calles son restos de paredes y una niña camina sobre ellos con los brazos extendidos como si fuera una funambulista. Pisa la fotografía de la primera comunión del hijo mediano de alguien, el mástil de una guitarra, los restos de la vajilla de los domingos, las sábanas de un ajuar de boda que ahora parecen un saco de patatas vacío. A los edificios se les salen las tripas y en lo que queda de sus fachadas permanecen momificadas y tétricas algunas máquinas de aire acondicionado.

Se aprecia un sofá que ha quedado semienterrado entre el segundo piso y el tercero, enfrente de una enorme estantería sin libros, debajo de un cuadro sin enmarcar que cuelga perfectamente horizontal de media pared. Bañeras, retretes y frigoríficos blanquísimos destacan entre las ruinas, como si las bombas hubieran pillado al edificio echándose una siesta en calzoncillos. Hay una lámpara rota a los pies de un cabecero de cama sin cama, y también un bote de gel que se ha quedado justo al borde de la nada, a punto de caerse a la no-calle, suspendido entre dos mundos muertos. Pasillos huérfanos de puertas y ventanas inútiles se alternan en un viacrucis mudo de huecos simétricos. El sol se refleja en un millar de espejos rotos. Un parque de atracciones para ratas. Y luego cajas. Hay cajas por todas partes, una inmensa cantidad de cajas. Cajas para guardar cosas, para proteger cosas, para conservar cosas. Ridículas cajas. Y también una escalera central desnuda, uniendo pisos que ya no existen, que termina abruptamente en ninguna parte. A la vista de nadie.

Todo lo privado ha quedado roto, exhibido sin pudor, infinitamente absurdo y triste. La memoria de las casas sudando y pudriéndose. Barrios enteros muertos como de un infarto, o de un repentino golpe en la nuca, sin tiempo para poner en orden lo suyo. Vidas que se ofrecen congeladas al transitar silencioso y esporádico de viejos renqueantes cargados de bolsas de plástico. Un inmenso cementerio de cosas desconcertadas.

 

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