NOT JUST TRUMP: LOS NEOCONS Y LA DEFENSA DE LA UTILIDAD DE LA TORTURA

Voy a escribir esto muy rápido y tirando de memoria, así que me disculpo de antemano por si me baila algún dato. Simplemente quería poner sobre la mesa algunas consideraciones sobre las declaraciones de Donald Trump a favor de la tortura, tan comentadas estos días. Aunque muchos medios tratan de vendernos la postura del ahora presidente de los EEUU como el enésimo exabrupto de un visionario peligroso, lo cierto es que el asunto tiene un calado y unas raíces que exceden en mucho las ocurrencias particulares del señor Trump.

Desde hace años, ciertos sectores del pensamiento neoconservador norteamericano han venido defendiendo la necesidad de repensar, siempre a la baja, algunos de los fundamentos de la democracia. En esta línea, después de los atentados del 11-S, intelectuales y analistas neocons, como el jurista Alan Dershowitz, comenzaron a defender sin el más mínimo recato que era necesario replantearse los Derechos Humanos para incorporar la legitimidad de la tortura bajo ciertas circunstancias. Los padres de esta postura pudieron incluso sacar pecho a raíz del ajusticiamiento extrajudicial de Osama Bin Laden a manos de un comando de Navy SEALS en mayo de 2011, en un complejo residencial de la ciudad paquistaní de Abbottabad. Como se recordará, la CIA aseguró entonces que los datos que hicieron posible liquidar al terrorista habían sido obtenidos mediante tortura durante la presidencia de G. W. Bush. Al margen de la veracidad de esta aseveración, que ha sido muy discutida (1), lo cierto es que pocos tuvieron en cuenta aquel detalle a la hora de valorar la operación. Las palabras más repetidas por los líderes occidentales durante los días subsiguientes a la misma fueron “triunfo”, “alivio”, “seguridad” y “justicia”. Curioso concepto de justicia, cuando menos, toda vez que aquel asesinato –cometido de espaldas a la comunidad internacional- hurtaba a las víctimas de al-Qaeda una posibilidad de acercarse a la Verdad sobre las motivaciones y los vínculos de la organización yihadista.

El planteamiento de base era entonces, y es ahora, el de siempre: aprovechar la exacerbación de determinadas emociones para colar recortes democráticos a cambio de una falsa y difusa seguridad. Como si seguridad y democracia fuesen realidades excluyentes. Por desgracia, no se trata de una infeliz ocurrencia de un megalómano inculto. Las líneas de la política de Trump representan el proyecto de un poderoso sector neoconservador estadounidense.

(1) El Comité de Inteligencia del Senado estadounidense concluyó hace un par de años que las brutales torturas perpetradas por la CIA no habían sido efectivas a la hora de obtener información clave para la seguridad nacional.

No es otra estúpida broma sobre Carrero Blanco

No es ningún secreto que buena parte de la oposición democrática recibió con júbilo el asesinato de Carrero Blanco, acaecido el 20 de diciembre de 1973. Se ha llegado a afirmar que en algunas ciudades el champán se agotó en todas las tiendas. Quizá sea algo exagerado, pero desde luego mucha gente se alegró de aquello. No era para menos, toda vez que Carrero, por entonces presidente del gobierno, había sido el brazo derecho de Franco desde los años cuarenta. Iñaki Anasagasti recuerda el acontecimiento en sus memorias de esta guisa:

ETA, con un eficaz y rocambolesco atentado (…) se cargó de un bombazo al heredero de Franco y lo mandó al techo de la residencia de los jesuitas en la calle Claudio Coello de Madrid. Hizo bueno aquello de <<De Madrid al cielo>>, o en el caso de aquel ogro, al infierno. (…) En las fiestas de los pueblos cantaban aquello de <<Carrero, Carrero, ¿qué haces tú en el alero?>>, mientras echaban al aire sus pañuelos blancos” (1)

En aquella época circularon bastantes bromas sobre el tema: que si España había logrado el récord de salto de altura de coches, que si “Arriba España, Arriba Franco, tan alto como Carrero Blanco”… Proliferaron también las cancioncillas populares. Una de ellas, tomando la melodía de “La bamba”, decía algo así: “Yo no soy marinero… Yo no soy marinero, soy almirante y sé volar y sé volar… Arriba y arriba, arriba y arriba y arriba iré (…) Yo no soy marinero, soy almirante y me llamo Carrero y arriba iré (…)”. Supongo que se capta la idea. Tras el último verso, se acostumbraba a tirar al aire el objeto que se tuviera más a mano acompañando la performance con alguna onomatopeya (¡Eeeeeep!) (2). El humor siempre ha sido una forma de resistencia micro a los regímenes autoritarios. O de supervivencia a los regímenes autoritarios. Quizá ambas cosas. Algo así como el “y sin embargo, se mueve” del ciudadano de a pie.

Luego llegó la transición a la democracia, ya saben. Aquel proceso llamado a elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle era simplemente normal, parafraseando a Suárez. Resultó ser una transición incompleta hacia una democracia devaluada y amnésica, sin depuración de los aparatos represivos del Estado franquista ni del poder judicial, etc. Rápidamente le metimos una mayúscula y empezamos a hablar de la “Transición”, como si fuera algo aislado, desvinculado de sus orígenes y, en cierta medida, también de sus efectos. Objeto de mitificación y de simplificación a partes iguales en el discurso público. Quizá hable de eso un día de estos.

Aquella transición nos llevó a una democracia de baja intensidad donde los valores democráticos sirven, según el caso, de decorado o de maquillaje. Aunque es justo reconocer que algo se avanzó. Los chistes sobre Carrero Blanco, por ejemplo, pasaron de las calles a las librerías y a los kioscos. Tip y Coll pudieron bromear sobre el tema en su librito Tipycollorgía, en 1983, y Paco Umbral no tuvo mayores problemas para comparar a Carrero con un cometa en A la sombra de las muchachas rojas (1981):

 “La televisión ponía todo el rato música arcangélica y daba partes periódicos sobre la trayectoria seguida por el cuerpo del presidente del Gobierno, observado en su periplo de todo un día por los telescopios gigantes de Robledo de Chavela, bases yanquis de Canarias, Observatorio Astronómico de Madrid (…). La gente andaba por la calle mirando para el cielo, como debió andar, efectivamente, cuando el cometa Halley, y ahora el cometa Carrero nos tenía a todos con la tortícolis puesta, en un descabezamiento colectivo como pintado por Magritte. (…) Empezó a reunirse personal en las azoteas, todo el mundo tenía un catalejo de su abuelo, de mirar a distancia el desembarco de Alhucemas, y acababan sacándolo”.

Qué humor tenía Paco. Umbral, claro, no Franco. En fin, ya ven… cuatro décadas después de aquello, mientras algunos hablan de la necesidad de hacer una segunda transición, vemos cómo se deterioran a pasos agigantados buena parte de los derechos adquiridos en la primera. Y resulta que lo que a nivel de calle es sencillamente normal, está perdiendo la categoría política y jurídica de normal. Y a una estudiante de 21 años le piden cárcel por hacer chistes sobre el asesinato de Carrero Blanco. Algo habrá que hacer. Humor, por ejemplo. Aunque el momento exige tener altura de miras. No vaya a ser que lo que subió hace cuarenta años baje ahora y nos aplaste.

(1)   Anasagasti, Iñaki, Jarrones chinos, La Esfera de los Libros, 2014.

(2) Eser, Patrick, “¿Imágenes dialécticas? Representaciones visuales del événement aleatoire “Operación Ogro”, en  Marco Kunz, Rachel Bornet, Salvador Girbés y Michel Schultheiss (eds.), Acontecimientos históricos y su productividad cultural en el mundo hispánico, LIT Ibéricas 7, 2016, pp. 293-320.

EL FORDISMO DE LA DESINFORMACIÓN

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Decía Julio Camba, hace ya casi un siglo, que el principio rector de la industria americana era estandarizar a los hombres para poder estandarizar las mercancías. Lo malo de la lógica industrial es que puede aplicársele a cualquier cosa. Hasta al asesinato de masas y la limpieza étnica, como hicieron los nazis, o al secuestro, como hicieron algunos chechenos a finales de los años noventa. Hoy no queda casi nada que no pueda considerarse mercancía y ser objeto en consecuencia de una explotación industrial. El proceso de estandarización se ha ido extendiendo como un cáncer, con voluntad totalitaria, hasta el último rincón de nuestras casas y de nuestras vidas. Se han estandarizado los cuerpos, los sentimientos, las ideas, las relaciones, el arte y hasta el humor. Exhibimos trozitos de vida hechos a molde en las redes sociales, adoramos a personas prefabricadas por las industrias audiovisuales y, lo que es acaso más peligroso –o simplemente más de lo mismo-, reproducimos los esquemas de pensamiento simplistas que nos trasladan la mayor parte de los medios de comunicación.

Y así andamos, metidos en una suerte de fordismo de la estupidez. La receta universal, el patrón que articula la producción en serie de noticias, es lo políticamente correcto. Atenerse a lo políticamente correcto implica moverse dentro de un terreno de juego de límites prefijados y plagado de lugares comunes, apelando siempre a sentimientos universales y a un buenismo más o menos acrítico. Es limitante pero tiene sus ventajas: para empezar uno se asegura de no molestar a nadie, o cuando menos de no molestar a nadie con poder, lo cual puede traducirse sin ir más lejos en el mantenimiento de tu puesto de trabajo. La información de consumo rápido no invita a pensar y, en no pocos casos, ni siquiera informa, pero tiene sin embargo la virtud de entretener, aunque más en su acepción de “distraer” que en la de “divertir”.

El mercado de la información ha conseguido que equivoquemos abundancia y diversidad. Sucede un poco como con el mercado –o el mercadillo- de la política: la existencia de muchos partidos no implica la existencia de muchos modelos políticos, pero tendemos a maximizar las diferencias reales entre los partidos precisamente porque no se deja hueco para auténticas alternativas que se sitúen fuera del sistema socioeconómico imperante. Me arriesgaré a plantearlo con una metáfora. Imaginemos que estamos frente a una fila de diez personas ordenadas en función de su altura; de más baja a más alta. Es noche cerrada y disponemos de un foco fijo que solo ilumina a las dos personas que se encuentran en el centro de la fila, por lo que inmediatamente consideraremos a uno de ellos el “alto” y al otro el “bajo”. Tendremos, necesariamente, una percepción agigantada de la diferencias entre ambos. Una percepción sesgada. Sin embargo, si nos prestasen varios focos más que nos permitieran ver la fila en su conjunto, dejaríamos de percibir a los dos individuos anteriores con base en su diferencia de altura y subrayaríamos más bien su similitud, dada su posición correlativa y central dentro en la fila.

Algo así pasa en nuestra política y algo así pasa, también, con la información que recibimos diariamente y en cantidades ingentes –hay quien habla de infoxicación– a través de medios de comunicación que consideramos muy diferentes pero que, en muchos casos, están iluminados por el mismo foco y nos presentan noticias moldeadas con la misma horma.

Mantener el foco inamovible exige, claro está, ciudadanos complacidos y complacientes con esa horma. Así que, retomando la cita de Camba, para poder estandarizar las mercancías informativas es necesario estandarizar a los receptores de la información, a nosotros, lo que mutatis mutandis viene a ser lo mismo que idiotizarnos. Para explicar cómo se produce este fenómeno, la politóloga Elisabeth Noelle-Neumann formuló la “teoría de la espiral del silencio”: los medios de comunicación de masas producen opinión pública y las personas, percibiendo que una determinada opinión está más extendida en el espacio público, tienden a reproducirla y a silenciar (y condenar) aquellas opiniones que no coinciden con las que creen dominantes. Los medios más ligados al sistema tienen, como es obvio, muchas más facilidades para crear estados de opinión que se perciban como dominantes, haciendo que los discursos que provienen de los márgenes del sistema sean invisibilizados y denostados.

Y en esas estamos. En la producción en serie de mentiras de sabores, simplificadas y fáciles de digerir. De información light, cortada a la medida de consumidores que construyen y reafirman su individualidad hacia afuera y apenas le prestan atención a sanearse por dentro, que buscan la diferencia a través de imágenes de marca y productos personalizados pero no tienen mayor problema en portar ideas sobadas y baratas, que en enero no se apuntarán a ninguna biblioteca para quitarse esos prejuicios de más, porque los prejuicios no salen en las fotos. Que lo cuestionan todo menos a sí mismos.

Pero en fin, qué importa ahora todo eso. Sonriamos. Seamos felices. Porque es época de disfrutar de lo bonito de la vida y de aparcar los problemas. Porque ya es Posverdad en El Corte Inglés.

*La viñeta que abre el artículo es obra del caricaturista colombiano Alfredo Garzón.

FERNANDO TRUEBA Y LO DE SENTIRSE ESPAÑOL

Coronel Dax: No soy un toro, mi general. No me ponga delante la bandera de Francia para que embista

General Mireau: No me gusta que compare la bandera de Francia con un capote de torero (…) Quizá esté anticuada la idea de patriotismo, pero donde hay un patriota hay un hombre honrado

Coronel Dax: No todos opinan así. El doctor Johnson decía algo muy distinto sobre el patriotismo (…) Dijo que era el último refugio de los canallas

    Senderos de gloria (Stanley Kubrick, 1957)

 

Esto es solo una opinión personal. No podría ser de otra forma, porque si algo tienen las identidades es precisamente eso, que son construcciones personales, por más que algunos se empeñen en reducirlas a cuatro consignas y un par de símbolos. La identidad es el resultado de una intersección compleja, de una suerte de reacción química entre nuestra experiencia, nuestras lecturas, nuestras relaciones, nuestra forma de entroncar con el pasado y de mirar al futuro, etc. Factores todos que se entremezclan, se retroalimentan y definen un Yo que está –o debería estar, si mantenemos una mínima permeabilidad- en constante evolución.

Estos días ha tenido mucha presencia mediática el boicot a la última película de Fernando Trueba. A mí, vaya por delante, la película de Trueba me interesa poco o nada, pero que se emprendan cacerías contra alguien por manifestar que no se siente español me parece bochornoso. La “españolidad” que defienden algunos proviene, como cualquier sentimiento patriótico, de la invención de tradiciones y de una mirada selectiva de la historia. No creo que esto sea criticable per se, porque en la práctica toda construcción identitaria tiene mucho de ambas cuestiones, pero lo que sí es muy criticable es la pretensión constante de imponernos una visión unívoca del espíritu nacional. El discurso público del Estado intenta meterse con calzador en el ámbito privado. Y miren, por ahí no.

“En el momento en que considera su pasado, el grupo siente claramente que ha seguido siendo el mismo y toma conciencia de su identidad a través del tiempo”, decía Maurice Halbwachs. Pero cada cual es muy suyo, como mínimo, de elegir cuál es su grupo. Los himnos, las banderas, las fiestas de guardar, los monarcas y las victorias militares pretéritas que algunos pretenden hacernos tragar como pruebas irrefutables de una identidad natural e incuestionable, no son más que referentes construidos. Es al menos tan lícito que Aznar se mire orgulloso en el espejo del Cid Campeador como que otros opten por reivindicar el ejemplo de un jornalero andaluz cenetista de principios de siglo, que luchaba por una sociedad más justa desde presupuestos con toda evidencia muy alejados de patrias y estados nacionales.

Es sorprendente la escasa tolerancia que hay en una sociedad que se dice democrática al cuestionamiento del frasco de las esencias de la Nación o del propio Estado. Desde algunos sectores se pretende extender una suerte de monopolio identitario que solo sabe gestionar los debates remitiendo a cuestiones de ámbito legal –“la Constitución dice”, “en tu DNI pone”- o recurriendo directamente a la descalificación.  Porque, se habrán fijado quienes utilicen con alguna frecuencia las redes sociales, la sustitución del argumento por el insulto es uno de los patrimonios de cierto tipo de patrioterismo. Las banderas surgieron, entre otras cosas, para orientar a la soldadesca en la batalla, y como apuntaba Dax en Senderos de Gloria hoy se emplean frecuentemente como capotes que algunos embisten movidos por un odio ciego.

A Trueba lo acusan de cobrar subvenciones del Estado y decir luego que no se siente español. Como si las arcas del Estado no se nutrieran del trabajo de gentes que se sienten de veinte millones de formas distintas, que se sienten exactamente como les da la gana. ¿Hasta qué grado de paroxismo llegaremos? Quizá un día de estos veamos a un torero afearle a un anciano anarquista que cobre su pensión: “Mucho criticar a España, pero bien que arrampla usted mensualmente con los frutos de pasarse media vida pagando impuestos”. Cualquier cosa es posible cuando no se saben –o no se quieren- diferenciar los componentes emocionales y personales de la identidad, de la realidad jurídica y legislativa en la que uno desarrolla su existencia. Una realidad, por cierto, que no pocos de los que aparecen permanentemente envueltos en una bandera rojigualda se pasan luego por el forro. “Hay que aprender no para saber más que el otro, sino para saber más del otro”, decía hace unos meses Eduardo Aute en una entrevista. Sea.

CUARTANGO, INDA Y LA ENFERMEDAD DE SUÁREZ. UNA OPINIÓN A VUELAPLUMA.

Adolfo Suárez hizo su última aparición pública en 2003, con ocasión de la candidatura de su hijo a la presidencia de Castilla-La Mancha por el Partido Popular. En aquel momento su enfermedad –posiblemente un mal de alzhéimer- ya era evidente, aunque su familia no la hiciera pública hasta 2005. Es difícil precisar cuándo empezó la degeneración neuronal del ex presidente del Gobierno, si bien en ocasiones se ha apuntado que sus más allegados habían empezado a notar algunos síntomas en la segunda mitad de la década de 1990.

En esa fecha poco clara de inicio de la enfermedad es en la que se excusan el actual director de El Mundo, Pedro García Cuartango, y el periodista Eduardo Inda para tratar de desacreditar unas declaraciones de Suárez en 1995 que parecen cualquier cosa menos producto de una demencia. Cabe recordar que después de esa fecha Suárez todavía daría un buen número de conferencias, entrevistas y discursos bastante lúcidos, sin ir más lejos al recoger el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1996. Que sepamos, ni a Cuartango ni a Inda, ni al resto de españolitos de a pie, les resultaban evidentes sus síntomas por aquel entonces.

Lo que apunta Adolfo Suárez en el famoso fragmento de la entrevista con Victoria Prego es perfectamente factible, y encaja bien con los análisis historiográficos sobre el proceso de construcción de una nueva legitimidad para la Monarquía durante la transición –no se olvide que al iniciarse la transición, el Rey contaba únicamente con la legitimidad que le conferían la designación por parte de Franco y la LOE de 1967-. Pero en cualquier caso, y más allá de esto, lo que es evidente es que ni Cuartango ni Inda tienen autoridad ninguna para desmentir a Suárez. Precisamente por eso recurren de forma tan miserable al argumento de su enfermedad. Su opinión, y la memoria personal de la transición a la que apelaba Cuartango en su artículo de ayer  –un Cuartango que tenía 20 años y era redactor en Cáceres cuando se aprobó la Ley para la Reforma Política-, no pintan nada en este asunto. El testimonio oral de Suárez sobre los condicionantes que rodearon a la  elaboración y aprobación de la LRP en 1976 es de la mayor validez, tanto por el papel protagonista que tuvo el entrevistado en aquel proceso como por su carácter de confesión privada. Si quieren desmentirlo tendrán que hacerlo con base en documentación de época suficientemente sólida, y sospecho que lo van a tener difícil.

SOBRE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y PABLO IGLESIAS SUBIÉNDOSE AL POYO

En un artículo publicado en 1896 en el periódico La Justicia, Miguel de Unamuno recogía la siguiente parábola:

“En un pueblecillo de 200 personas hay un ladrón y lo saben los 199 restantes. Se lo dicen al oído o en corrillos, los unos a los otros, y no por ello retiran al ladrón su trato, su respeto acaso. Pero sucede que un día, estando reunido el pueblo todo en la plaza, se sube uno a un poyo y anuncia que tal es un ladrón: se cuaja el hielo y ha recibido el acusado golpe de gracia.

Y es que la conciencia pública es algo más que una suma o mera mezcla de conciencias individuales, es una combinación química de ellas.”

A veces no basta con que todos sepamos o intuyamos algo. La acción, y la toma de conciencia que la precede, necesita que todos sepamos que todos lo sabemos. Ayer Pablo Iglesias apuntaba en el Parlamento: “Yo les recomiendo a sus señorías del Partido Popular que cuando se pronuncie en este hemiciclo la palabra delincuentes, ustedes se callen”. En la bancada azul Dolores de Cospedal murmuraba un “sinvergüenza”. Habrase visto. Venir a nuestra casa a decirnos las verdades a la cara. La derecha sigue sin acostumbrarse a la presencia de Podemos en el Congreso: le molestan las formas de calle, que hablen como si estuvieran en el salón de su casa, que suban al estrado en mangas de camisa y se atrevan a llamar a las cosas por su nombre en el templo más sagrado del culto a las apariencias.

No es que Podemos sea santo de mi devoción. Respeto mucho a quienes creen en su proyecto, especialmente a sus bases, pero no es lo mío. El modelo de partido jerárquico y con liderazgos estables, la temprana traición a unos planteamientos supuestamente asamblearios, el digodieguismo y los principios sacrificados en el altar del “realismo” y la “sensatez”… no contribuyen precisamente a que cambie de opinión. Tampoco soy de los que creen que se pueden promover cambios de fondo desde unas instituciones diseñadas por el liberalismo para perpetuarse. Pero sucede que en Podemos, a veces, tienen razón. A veces se atreven, todavía, a enfrentarse al discurso de lo políticamente correcto canonizado por el establishment mediático. A subirse al poyo, como aquel tipo de la fábula de Unamuno, y apuntar al ladrón.

Ayer Pablo Iglesias también se atrevió a señalar a los grandes medios de comunicación, aunque estuvo creo mucho menos acertado al afirmar que hacen el ridículo con sus manipulaciones. Desgraciadamente las manipulaciones mediáticas –y los silencios, a veces tanto o más significativos que aquellas- calan hondo en gran parte de la población y es necesario denunciarlas de la forma más seria y sistemática posible. A mi parecer, si ayer uno de los peligros de los medios estribaba en su finalidad económica, que les llevaba a darle al pueblo lo que quería leer -fomentando así sus prejuicios en lugar de cuestionarlos-, hoy se le ha dado una peligrosa vuelta de tuerca a esa situación. Ahora, manejados y dirigidos por grandes multinacionales con intereses mucho más complejos que la mera obtención de unos buenos datos de audiencia o de un gran número de lectores, la función de los grandes medios ya no es tanto darle al público lo que quiere como decirle lo que debe querer. Hoy muchos de esos medios parecen fabricados a molde y la dignidad informativa sobrevive como excepción en los márgenes del sistema. Aunque cabe saludar el lenguaje claro y el cuestionamiento de los relatos de lo políticamente correcto, sigue siendo urgente que se promuevan más espacios de diálogo libre, comprometidos con informar y no con dar forma, con el análisis profundo y serio de la realidad y no con la superficialidad, el curioseo, el sensacionalismo, la sobredosis de sucesos y los lugares comunes.

No sé cuánto tiempo le durará a Pablo Iglesias esta actitud, ni ignoro que una vez metidos en el juego de la partitocracia ésta tendrá mucho de mercadotecnia. Muy posiblemente el líder y su partido acabarán acomodándose cada vez más –todavía más- a las formas de la vieja política, y es probable que dentro de unos años, cuando entrevisten a Iglesias para algún documental, eche las maneras directas y retadoras de estos días en el saco de los pecadillos de juventud en el que ha ido metiendo ya algunas otras actitudes de su pasado. Pero mientras tanto, y aunque la cosa se quede en un pequeño instante de regocijo en el sofá y luego uno vuelva a caer en la cuenta de lo mucho que les separa a ellos de nosotros, me voy a alegrar por la introducción de este tono callejero en el Parlamento. Porque, como diría Krahe, no todo va a ser follar.

JAVIER CÁRDENAS, UN CUÑADO EN HORA PUNTA

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Son las diez de la noche de otro lunes interminable. Faltan cinco minutos para que se estrene Hora Punta, el espacio con el que la televisión pública ha decidido premiar a Javier Cárdenas vaya usted a saber por qué. Haciendo caso omiso de las recomendaciones de mi psicoanalista y dando rienda suelta a mis delirios autolesivos, me siento frente al televisor con todos los juicios sobre el personaje a la espalda:  Cárdenas, ese señor que se dio a conocer esparciendo su capacitismo por el plató de Crónicas Marcianas (ha sido condenado por burlarse de un discapacitado), el que nos ha contado hasta dónde es decente que lleven el escote las universitarias y ha sido capaz de afirmar en directo y sin empacho alguno que Hitler no era un dictador…  No sé si el cuerpo me pide unas palomitas o una camisa de fuerza. Miro de reojo el mando de la tele –botón de apagado, mute, números que ofrecen prestos otros canales… Todo en orden-. Abro Twitter por si fuera necesario desdramatizar. Allá vamos.

Javier Cárdenas saluda, haciendo gala de sus habituales problemas de dicción. Las palabras parecen pisarse unas a otras por ver cuál sale primero de la garganta del presentador. Me parece entender que Hora Punta pretende ser un lugar especial y relajante. Sin embargo, después de unos minutos de programa parece que el lado Cárdenas de las cosas es poco más que un pastiche de vídeos yuxtapuestos comentados por la voz en off del propio Cárdenas de forma –seré bueno- cuando menos mejorable. Ahora un vídeo sobre una mujer que nada con tiburones -las imágenes eran chulas-, luego una broma con cámara oculta de la televisión francesa -¿era de la televisión francesa, no?-, después unos cuantos famosos a los que se les ha ido de las manos lo de la cirugía estética –parece que Cárdenas mantiene un cierto apego por lo freak-. De vez en cuando algún consejo rápido del presentador -“no comáis nunca aleta de tiburón”-, emitido por supuesto con la debida superficialidad -¿alguien ha oído alguna referencia a la problemática de la sobrepesca y a su alcance real?-. Por desgracia la superficialidad es más norma que excepción en el tratamiento televisivo de cualquier tema, así que en este particular no parece justo poner el foco sobre Cárdenas. Al fin y al cabo su espacio va de otra cosa. Al menos esta primera parte del programa nos ha regalado un momento maravilloso cuando Cárdenas, comentando las imágenes de una submarinista que nadaba al lado de un tiburón blanco, ha apuntado: “Aquí vemos al mayor depredador del planeta y al lado un tiburón blanco”. Lo ha dicho por error, claro, pero siempre es una grata sorpresa escuchar una verdad como un templo en TVE.

A estas alturas del show ya tengo claro que Hora Punta no va a cambiar la imagen que tengo de Javier Cárdenas. En realidad, creo que nadie pone carne al concepto “cuñado” como él. Es el cuñado fetén, cumple todas las condiciones para ser el demagogo de cabecera de cualquier opinador de barra de bar. No responde a ese perfil, tantas veces ridiculizado en redes sociales, de tipo culto que ha caído en el cuñadismo por la vía del endiosamiento. No es una de esas vacas sagradas que, impermeables al otro, se han metido a sentar cátedra sobre cualquier tema imaginable hasta dejar al aire sus vergüenzas morales e intelectuales. No; Cárdenas no es un Pérez-Reverte. Ni siquiera un Carlos Herrera. Cárdenas recuerda más bien al cura párroco que sermonea sobre el sexo o el matrimonio desde su púlpito. Es un indocumentado al que le han dejado un micrófono.

El último tercio del programa se lo quedan Vero y Álex, ex concursantes de Operación Triunfo que vienen a promocionar el reencuentro de los triunfitos que emitirá TVE en unos días (Operación Triunfo y Hora Punta son programas de la misma productora, Gestmusic, así que todo queda en casa). Los entrevistados apenas hablan, aunque nos dejan algún momento gracioso entre las alabanzas facilonas y sensibleras del presentador. Si pienso en lo que acabo de ver, me viene a la mente -¡oh, caprichosas conexiones neuronales!- aquella barbacoa que intentaba montar sin demasiado éxito Homer Simpson. Parece que en la producción fordista del show business alguien le haya traspapelado a Cárdenas el orden de las piezas.

Tras media hora larga de programa, la pregunta que más me ronda por la cabeza es quién ha sido el genio que ha puesto ahí a este señor. Quizá alguien ha estimado que Cárdenas compendiaba en su persona las virtudes que RTVE ha dejado escapar últimamente: el machismo de Bertín Osborne, o la ignorancia de Mariló Montero. Pero al menos a Bertín, con sus offshore panameñas y su facha de macho alfa iletrado, se le puede reconocer cierta capacidad para crear un clima de complicidad en las entrevistas. Cárdenas, en cambio, ni siquiera sabe hablar bien. No transmite, no es gracioso, no destaca por su brillantez y mucho menos por su cultura. La impostura con la que trata de hacer significativo lo superfluo resulta demasiado obvia. ¿Qué demonios hace en nuestra televisión pública? ¿Es su contratación una suerte de respuesta a quienes pedimos su cese en Europa FM después de que se dedicara a acosar a una tuitera abusando de su posición mediática? Quién sabe. Quizá solo sea el modelo televisivo del PP reafirmándose en su partidismo indisimulado, sus valores discriminatorios y su soberbia. O puede que se trate sin más de algún tipo de casualidad.

En fin. Parece que la parrilla televisiva patria ya tiene otro programa acrítico e insustancial. Otro show para consumo irreflexivo. Otros cuarenta minutos de vacío con lucecitas y risas enlatadas. ¿Es lo que necesitaba nuestra pequeña pantalla? Qué sé yo. Júzguenlo ustedes mismos.

Yo mientras voy a ir cambiando de canal.

JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA Y LA DERECHIZACIÓN DE “EL PAÍS”

Publicaba ayer José Ignacio Torreblanca, jefe de opinión del diario EL PAÍS, un artículo lleno de sarcasmo en el que daba buena cuenta de los pobres idiotas que hemos cometido la osadía de señalar, en alguna ocasión, la derechización de su periódico. De los “vigilantes de la derechización” le chirrían al señor Torreblanca dos cosas. En primer lugar, nos dice, le sorprende que esta clase de indignación sea solo cosa de izquierdas. A los partidos conservadores, viene a comentar, nunca les acusan de “izquierdización”, a pesar de que han asumido y defienden la existencia de servicios públicos, el aborto o el divorcio, por ejemplo. A nosotros, “guardianes de las esencias de la izquierda verdadera”, nos chirrían también algunas cosas de este argumento de Torreblanca. De entrada, cabe señalar que es falso: históricamente las concesiones conservadoras en estos y otros ámbitos han venido acompañadas de airadas reacciones ultramontanas y de acusaciones de traición a menudo durísimas.  De salida, sucede que Torreblanca enfrenta falazmente dos realidades difícilmente oponibles: en el seno de regímenes democráticos esa supuesta “izquierdización” de los partidos conservadores ha buscado favorecer los intereses de la clase dirigente del capitalismo garantizando la sumisión al sistema de la mayoría de la población al precio de una serie de concesiones. Por su parte, la “derechización” de la izquierda se ha producido en provecho de los intereses empresariales y menoscabando los de la mayoría social que defiende su ideario. Los dos procesos benefician al mismo sector social y apuntalan el mismo sistema socioeconómico, pero es evidente que esto solo conlleva una contradicción de fondo para quienes se reclaman de izquierdas. Así, aunque sigue siendo pertinente que el señor Torreblanca eche un vistazo, por poner un ejemplo cercano, a las acusaciones de izquierdización que VoX o muchos sectores de la Iglesia católica vierten con frecuencia sobre el PP, no conviene que los equipare con las acusaciones de derechización que pesan sobre el PSOE… o sobre EL PAÍS.

En segundo término, a Torreblanca le chirría muchísimo que quienes hablamos de la derechización de EL PAÍS, o del PSOE, no sepamos ponernos de acuerdo sobre cuándo empezó dicha derechización. Se ve que cuando nos pregunta sobre el tema, los “comisarios del purismo ideológico” le contestamos demasiado a menudo a Torreblanca –de manera perezosa además, parece ser- algo como “Uf, ni me acuerdo de cuándo empezó esta deriva”. Cabría recordarle al reputado politólogo que Marc Bloch ya advertía, en El oficio de historiador,  de lo inadecuada que es esa obsesión por buscarle un punto de inicio a todos los procesos -el “ídolo de los orígenes”, decía Bloch-. Los procesos evolucionan gradualmente, con avances y retrocesos, y no siempre es posible fijar un punto de partida, pero eso no significa que el proceso no exista o que no sea fácilmente identificable.

En todo caso, lo que de verdad me ha enamorado de la reflexión de Torreblanca es ese fragmento en el que apunta entre jocoso e indignado:  “a poco que intentes indagar sobre la cuestión, resulta que EL PAÍS siempre fue de derechas”. Y es que, qué demonios, ¿y si resulta que EL PAÍS siempre fue de derechas? Recordemos que EL PAÍS y PRISA fueron fundados por reformistas del régimen franquista, que se puso al frente del proyecto a un Cebrián que había sido director de informativos de la TVE franquista y que se asumió inicialmente el firme propósito de apoyar a Fraga, primero, y a Areilza, después. Solo cuando esta apuesta fracasó y ascendió la estrella de Suárez en lugar de la de Areilza, se fraguó la alianza estratégica entre EL PAÍS y el PSOE que tan buenos frutos ha dado a ambas partes. Con el tiempo hemos sido testigos de muestras de amor gubernamentales tan bonitas como la concesión de Canal Plus al grupo PRISA, y de contrapartidas no menos románticas como el silencio o el perfil bajo de EL PAÍS con los excesos y corruptelas del felipismo. Al cabo igual resulta, señor Torreblanca, que como apuntaron muy certeramente Seoane y Sueiro, EL PAÍS siempre ha sido “conservador en lo económico, de centro en lo político y radical en lo sociocultural”. Lo que está claro, desde luego, es que en sus páginas no hay espacio para modelos de organización social, política y económica alternativos, y que el diario se ha atrincherado en una defensa nada crítica de la OTAN, la UE y el nacionalismo español. De un tiempo a esta parte, además, han ido desapareciendo las firmas más alejadas del establishment, como la de Carlos Taibo, se ha expulsado a los que se han atrevido a verbalizar la preocupante deriva del periódico –así a Miguel Ángel Aguilar- y hemos asistido a un silencio vergonzoso para con las cuitas fiscales de Cebrián. Recientemente, el despido de Ignacio Escolar de la SER y el mutismo con que lo recibieron los periodistas de PRISA –grandes nombres inclusive- han sido desde luego muy elocuentes. En fin, quizá el lector pueda darle un repaso al accionariado del Grupo PRISA y dejar volar la imaginación para valorar si en esa derechización del periódico habrán tenido algo que ver las enormes deudas que PRISA está teniendo que renegociar con los grandes bancos en los últimos tiempos.

A Torreblanca también le irrita mucho que mencionemos la derechización del PSOE y tampoco sepamos señalarle cuándo comenzó. Pero a lo mejor resulta que con el PSOE postransicional –o con los sectores dominantes del mismo- pasa un poco como con EL PAÍS. Guste o no, en estos 40 años de democracia se las ha venido arreglando para laminar el movimiento vecinal y el sindicalismo más combativos, gobernar en favor de los poderes económicos, privatizar por doquier o mantener los privilegios de la Iglesia católica. Que nadie olvide que la desigualdad, el descenso del gasto social, la escasa progresividad de los impuestos, la nula preocupación por el medio ambiente, los vínculos estrechísimos con el mundo empresarial o la corrupción no son patrimonio ni herencia exclusiva del PP, ni muchísimo menos.

En fin, por el momento -y parece que va para largo- tendremos que seguir sobreviviendo en medio de este estado de connivencia entre el poder político y el mediático, sufriendo la falta de autonomía del periodismo y un acoso cada vez más indisimulado a la libertad de expresión. Seguiremos eso sí disfrutando de la ilusión de pluralidad que nos proporciona desayunarnos con EL PAÍS, escuchar la SER de camino al trabajo, almorzar con el Huffington Post, intentar entender algo de economía hojeando el Cinco Días y tirarnos frente al televisor a ver Cuatro o Telecinco al llegar a casa. Poco importa que detrás de todos estos medios estén los mismos intereses financieros, las mismas manos. Al menos a partir de ahora, cada vez que la pereza y la incultura que nos caracterizan nos impidan responder a la pregunta de cuándo empezó la derechización de EL PAÍS, podremos aportar la fecha en que terminó de asentarse: “el 14 de julio de 2016 el jefe de opinión de EL PAÍS publicó un artículo en EL PAÍS defendiendo la no derechización de EL PAÍS”, diremos sarcásticos. Excusatio non petita

 

EXPLICAR NO ES JUSTIFICAR: UNA DENUNCIA DEL ANÁLISIS DEL TERRORISMO COMO CATÁSTROFE NATURAL

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   Nota: Este artículo también se encuentra disponible en la Revista Amberes: échale un ojo.

    En junio del año 2000 el presidente ruso Vladimir Putin visitó España. En medio de la segunda guerra de Chechenia, con decenas de miles de civiles muertos y Rusia violando sistemáticamente los Derechos Humanos, José María Aznar se convertía en uno de los primeros líderes mundiales en apoyar sin fisuras a Rusia y declaraba que el terror es terror en Chechenia o en Euskadi”. No tardarían en seguirle otros prohombres del capitalismo global, especialmente desde que los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 colocaran la resecuritización del primer mundo en el centro de la agenda política.

    El cambio radical de las posiciones de la comunidad internacional con respecto a lo que venía pasando en Chechenia ejemplifica bien el nuevo paradigma post-11S. No solo establece con especial contundencia que el único factor auténticamente diferencial del terrorismo viene dado por su carácter de violencia no estatal, sino que hace tabla rasa de todas las formas de terrorismo, equiparándolas entre sí. No me resisto a recordar lo paradójico que resulta que dos de los líderes que abrazaron con mayor entusiasmo este discurso, Ariel Sharón y Benjamin Netanyahu, olvidasen que el calificativo terrorista les fue aplicado también, en su momento, a la Haganá, el Irgún o el Leji. Y tampoco a dejar constancia de cómo para hablar del terrorismo llevado a cabo por los estados gustamos de recurrir a otros términos, como el de “escándalo” (el escándalo de los GAL, el escándalo Irán-Contra, el escándalo de los falsos positivos, etc.). Pero el de la violencia estatal y paraestatal, sus formas y los discursos que las amparan es un debate amplio que habrá que dejar para otro día.

    En las homilías oficiales, cualquier organización considerada terrorista resulta equiparable a otra, y tampoco se hacen distinciones en cuanto a la consideración de una misma organización en diferentes momentos de su historia. Para que nos entendamos, parece ser lo mismo dirigir la violencia contra las fuerzas armadas de una nación en un contexto de guerra asimétrica, que hacerlo contra la población civil. Y resulta ser también lo mismo el terrorismo en el marco de un sistema de garantías democráticas que permite la canalización política de la disensión, que dentro de un régimen dictatorial que reprime todo lo que se salga de la doctrina oficial.

    En España, la equiparación de todo el terrorismo ha calado en un sector importante de la población y forma parte del discurso habitual de la derecha.  Pero esta argumentación, que excede la simplificación para instalarse en la mentira idiotizante, parece estar alcanzando cotas superiores de inanidad. Así, si hace un año escuchábamos a Esteban González Pons afirmar que “el terrorismo es todo igual”, un par de meses atrás Pablo Casado se encargaba de recordar a los alcaldes del cambio –a los alcaldes del fracaso, según sus palabras-, que “el terrorismo no conoce ninguna causalidad, ninguna razón”. Casado formulaba el argumento en su versión más ramplona y añadía: “que los que van de modernos busquen una causalidad política al terrorismo es de una maldad que no puedo entender”.

    Aun obviando el paroxismo estúpido de las declaraciones de Casado, la reflexión sobre los peligros que entraña esta clase de discurso es pertinente. En “Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI?”, Carl Amery denunciaba la tendencia a analizar el hitlerismo como una catástrofe natural en lugar de hacerlo como un fenómeno histórico. El nazismo se presenta así como algo inesperado, inevitable, “un meteorito que cae en medio de Europa” cuyo análisis no puede por tanto decirnos “nada concreto sobre nosotros ni sobre nuestra evolución”.  Al negar que el proyeto de Hitler tenía en efecto una lógica, apuntaba Amery, no solo se dificulta a la sociedad alemana la superación emocional de lo que representó el nazismo, sino que se bloquea la prevención de fenómenos similares. Como una especie de enfermedad autoinmune, al negarnos a buscar explicaciones profundas y libres de prejuicios para aquellos fenómenos que consideramos extremos, garantizamos el mantenimiento de la amenaza.

    La formulación de mantras dogmáticos y simplificadores para explicar problemas complejos forma parte del patrimonio ideológico de un sector de la derecha de nuestro país –también de parte de la izquierda, a qué negarlo-, que tradicionalmente ha pretendido asimismo extender una suerte de sanción moral sobre sus sofismas. Cuando se habla de terrorismo, el estado del debate público en España es tal que cualquier intento de explicar qué opera detrás de este fenómeno, o de diferenciar entre el origen y los propósitos de distintos grupos terroristas, es proscrito de inmediato. Reducido lo moralmente aceptable al “todos son iguales” y al “no existe explicación”, inauguramos una suerte de apología de la ignorancia, una ética de la estupidez. El terrorismo aparece como una plaga medieval que azota inexplicablemente a los piadosos e inocentes campesinos.

    Sin embargo, por mucho que algunos se empeñen en hacernos creer lo contrario, los terroristas no son animales irracionales que actúan sin causa alguna, y tampoco parece muy acertada la pretensión de explicar el terrorismo recurriendo a lugares comunes y simplismos: nadie se vuela por los aires en medio de una plaza atestada de gente por la promesa de cuatrocientas vírgenes en la otra vida.  No conozco ningún problema que se haya solucionado partiendo de la negación ex cathedra de la existencia de factores que permitan explicarlo. Por no mencionar que tachar de inmoral la búsqueda de explicaciones e imponer un único argumento aceptable es algo propio de regímenes totalitarios.  En realidad, lo único que puede ayudarnos es la complejización sistemática del fenómeno terrorista y la mirada valiente al Otro: a sus pretensiones, a la imagen que tiene de su realidad, de sí mismo y de los demás.  Tal y como ha señalado el filósofo francés Tzvetan Todórov, la identificación como “terroristas” de todos los grupos y personas que ejercen la violencia al margen de los aparatos represivos de los estados opera borrando todo indicio sobre las causas de la lucha, dinamitando así cualquier posibilidad de comprensión sobre la que construir futuras soluciones.

    Hoy las líneas de lo políticamente correcto parecen haberse fijado en las afirmaciones de que todo el terrorismo es igual, de que todas las víctimas del terrorismo son iguales, de que el terrorismo no tiene ninguna explicación y de que la única solución posible es plantear una “guerra al terrorismo”. Olvidamos que las victorias militares nunca han sido garantía de solución para ningún problema -en estos momentos, inmersos en el centenario de la Primera Guerra Mundial, quizá no sea baladí recordar lo que trajo consigo el Tratado de Versalles-, y pasamos además por alto hasta qué punto el reconocimiento de la guerra como única solución posible es también el del fracaso de la civilización. En cualquier caso, no pretendo llevar este articulito tan lejos.  En un país que se dedica a linchar a quien se atreve a enunciar una obviedad como que existen causas políticas detrás del terrorismo –algo asumido, por lo demás, por cualquier estudio académico sobre el tema- , me conformo con dejar constancia de una sencilla consideración semántica: entender no significa justificar.

*Fotografía: Karen Eliot, https://www.flickr.com/photos/kareneliot/

IDOMENI, UN LIMBO EN EL CORAZÓN DE EUROPA

ENTREVISTA CON AUGUST BLÁZQUEZ, VOLUNTARIO EN LOS CAMPOS DE REFUGIADOS DE IDOMENI Y EKO (10.4.2016).

El drama de los refugiados rubrica la superación de la última frontera de nuestra conciencia. Ya ni siquiera nos queda esa barrera artificial con la que solemos consolarnos: “pasa demasiado lejos de aquí”, “qué podemos hacer nosotros”. Estas personas están aquí, nos necesitan y están sufriendo las decisiones de unas instituciones que representan o dicen representar la voluntad de todos los europeos.

August Blázquez tiene 33 años y es enfermero. Ha viajado por medio mundo y ha visto de cerca el trabajo de algunas ONG en lugares tan alejados como Birmania. Hace unos días aterrizó en Barcelona después de pasar un par de semanas a caballo entre los campos de refugiados de Eko y de Idomeni, al norte de Grecia. Lo que ha visto, sentido y oído no necesita ninguna introducción, tan solo diez minutos de vuestro tiempo. Si a alguien le parece mucho, siempre puede dar cuenta del subrayado.

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August (izqda.) con sus compañeros del dispensario médico en el que ha estado colaborando

Buenas tardes, August, y muchas gracias por tu tiempo para hacer esta entrevista. Llegaste de Idomeni hace unos días y justo esta mañana nos hemos enterado de un altercado tremendo entre la policía macedonia y los refugiados que ha acabado con un grado lamentable  de represión.  No pensaba empezar esta charla por aquí, pero quizá tú puedas aclararnos un poco lo que ha pasado…

Bueno, yo de este tema sé lo que he podido leer. Igual habría que empezar explicando cómo se forma Idomeni. La gente cuando entraba en Grecia vía islas, la vía directa para los Balcanes era subir hacia el norte y cruzar la frontera con Macedonia. Y la gente iba andando por la vía del tren. Entonces cuando la frontera se cerró, la gente se empezó a quedar alrededor de la vía del tren en la frontera y se empezó a poner la valla de espino enorme que se ve ahora en todas partes. Allí hay un checkpoint de Macedonia, justo en la vía del tren, y luego un trozo de vía todo vallado donde no hay nadie, que es donde está la policía griega.

Lo que pasó el domingo por la mañana es que los refugiados de Idomeni y otros campos cercanos se juntaron en Idomeni con la intención de reventar la valla y cruzar la frontera. Se habían organizado en redes sociales, y muchos llegaron con bolsas, tiendas plegables y demás para intentar seguir su camino a través de los Balcanes. Cuando se han ido acercando a la valla el ejército macedonio ha empezado a gasear a toda la gente, tanto a la que se encontraba cerca de la valla como a la más alejada, con unas armas que disparan botes de gas a más de 100 metros. También han disparado unos proyectiles similares a las pelotas de goma que se ven en España. Así que frente al ejército macedonio había una línea de refugiados defendiéndose con piedras, pero detrás de estos estaban familias con niños recibiendo botes de gas también… Cruz Roja griega ha decidido abandonar el campo y se han quedado solo Médicos Sin Fronteras y voluntarios independientes atendiendo a los heridos…. Ha habido muchos heridos por inhalación directa de gas, y luego gente con contusiones, desde refugiados adultos hasta niños y bebés, y también voluntarios.

¿Otras veces ha habido también manifestaciones subidas de tono para pedir la reapertura de la frontera, no?

Sí, pero otras veces no se ha llegado a esto, también porque hay muchos refugiados que quieren evitar la confrontación, ya que hay muchos muchos muchos niños y no quieren que la policía cargue, y suelen montar una cadena humana que se interpone entre los que se manifiestan y la policía y ayuda a evitar más tensiones.

A veces hay también concentraciones que se deben a rumores de reapertura de la frontera, que son muy frecuentes. Pero esta vez, según ha contado por ejemplo Sara Montesinos (@SaraMMP), una periodista que está allí como voluntaria y que es una fuente muy fiable, la concentración estaba más organizada. Y al parecer fue bastante unitaria, además, con refugiados de las distintas nacionalidades (sirios, kurdos, iraquíes, afganos…) todos a una. Piensa que hay gente que lleva en Idomeni 2 meses…

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Manifestación en el campo de Eko, a unos 15 minutos en coche de Idomeni.

Entiendo. Bueno, aclarado un poco este tema vamos a empezar por el principio: ¿Cómo decides irte a Idomeni? ¿Con qué intención fuiste?

Tenía un par de semanas más o menos libres, en Semana Santa. Mi intención era llegar allí con la cámara de fotos –August es fotógrafo, además de enfermero- y buscarme la vida, contar historias y dar un poco a conocer lo que pasaba y demás. Lo que pasa es que cuando llegué allí lo vi todo muy difícil y no sabía por dónde empezar… Nunca había visto algo parecido. Todo me pareció tan fuerte que dejé la cámara a un lado y me puse a ayudar en lo que pude. Al final fotos he hecho cuatro.

Yo fui un poco a lo loco… aunque ya me encontré a gente en el aeropuerto de aquí: a un par de bomberos que iban a Lesbos, a una chica catalana con un montón de cosas a cuestas que había recogido para llevarlas allí, a dos chicos que iban como yo sin un plan fijo, a Marta, Álex y Alba que llevaban un proyecto de promoción de la lactancia materna también… Porque al parecer se ha detectado que muchas madres por estrés, por mala alimentación o por lo que sea no dan el pecho, y la leche en polvo sustitutoria se prepara en condiciones de absoluta falta de higiene. Cuando llegué allí era común ver a madres preparando la leche en botellines de agua reciclados que acercaban directamente a las hogueras para calentarlos, con toda la degradación de plásticos que conlleva eso… Es potencialmente muy nocivo para los bebés.

¿Y qué es lo que te encuentras allí? ¿Cómo está organizado el tema de los campos de refugiados en la zona de la frontera norte de Grecia, por ejemplo?

Al norte de Grecia está el campo de Idomeni, que fluctúa entre 11.000 y 14.000 refugiados según el momento, porque hay gente que se va a los campos militarizados que están montando para vaciar Idomeni, pero también gente que sigue llegando. Y luego como campo grande, está también a unos 15 minutos en coche el campo de EKo (EKocamp), en una gasolinera, donde hay unas 3000 personas. Después hay otros dos campos más pequeños entre medias, uno a ambos lados de la autovía, donde no hay presencia continua de ninguna ONG.

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“En Idomeni las condiciones son muy pésimas… Hay 2 grifos, 20 duchas y 30 baños para 12.000 personas”

Porque allí, fundamentalmente, el trabajo con los refugiados lo hacen las ONG… ¿no?

De hecho esto es con lo que yo me he quedado más de piedra. La impresión de que la situación, la gestión de los refugiados en el norte de Grecia y por lo que dicen también en Lesbos y demás, o sea, el peso más grande de esta dejadez institucional, se la están echando a cuestas algunas ONG grandes, el voluntariado internacional independiente y otras ONG más pequeñas que se han ido auto-organizando... La presencia de organizaciones gubernamentales que gestionen la situación es casi nula y totalmente ineficaz. Esto, en Europa, me saca de mis casillas, pensar que la gestión de esta catástrofe en suelo europeo está en manos de ONG y voluntarios que intentan llevar confort, por decirlo así, a tanta gente. Es lo que más sensación me ha causado… Es fuerte la impresión de llegar allí, y ver que se parte de la idea de “todo lo que puedas hacer será más de lo que cualquiera espera”. Porque no hay nada, hasta el hecho de estar y que la gente no se vea del todo abandonada se valora, no sé.

¿Qué ONG tienen más presencia en esta zona?

Allí de atención médica están Médicos Sin Fronteras (MSF), Medicus Mundi (MM) y la Cruz Roja griega, como grandes ONG que dan servicio médico. MSF tiene un dispensario grande en Idomeni, por ejemplo, y da refugio a unas 4000 personas en tiendas. Además provee de comida, mantas y agua potable. En Eko también estaba MSF con un dispensario, pero la policía lo ha cerrado y ahora la atención sanitaria allí la llevan voluntarios catalanes autogestionados que coordina el catalán Bernat Conill y que están haciendo una labor brutal. En general cada vez hay más personal sanitario voluntario que viene al margen de las ONG y que se ha organizado para dar cobertura sanitaria extra, porque con la que dan las grandes ONG no llega. Nada más llegar te das cuenta de que la asistencia sanitaria es insuficiente: diarreas, fiebres, niños y adultos con problemas respiratorios, muchos bebés y embarazadas

En Idomeni yo estuve colaborando en un dispensario sanitario que montaron unos bomberos de Zamora, de la ONG Bomberos en Acción (que ya estaban en Lesbos), con unos médicos españoles. Y ahí colaboran también refugiados que se toman el proyecto como suyo (Lian, Lopalin, Nushin, Rohafaza…) y que ayudan por ejemplo en labores de traducción. Actualmente el dispensario visita a unas 70 personas cada día y están montando rotaciones de personal médico español. Si a alguien le interesa, sería genial que se pusiese en contacto conmigo -tenéis el twitter de August al final de la entrevista-.

En un pueblo cerca de Idomeni está la base logística de los voluntarios que van llegando, en el bar del pueblo, y se ha ocupado un edificio que se usa de almacén. Allí se hacen reuniones diarias para que los que llegan puedan incorporarse a los distintos grupos de trabajo: grupos que cocinan comida para 3000 personas al día y necesitan voluntarios, por poner un ejemplo. Siempre hay mucho que hacer. Hay gente que va por su cuenta y hace proyectos que ya trae preparados desde su país, también.

Pero en cuanto a grandes ONG, así más estructuradas, son esas que te dije. Y luego también Save the Children y otras dos o tres ONG internacionales como Lighthouse Relief e Intervolve, que no llegan al nivel de MSF por ejemplo pero que tienen personal propio y gestionan a otros voluntarios que llegan allí.

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“I,m human”; manifestación pacífica en Idomeni.

¿Y luego estará ACNUR también, supongo…?

ACNUR está también, pero… En realidad a nivel más gubernamental solo hay en Idomeni policía griega bloqueando la frontera, con unos puestos allí para hacerse los reemplazos, y autobuses de antidisturbios griegos. Por cierto, la policía griega se está portando bastante bien, en general, y creo que también es justo señalarlo.

ACNUR tienen una oficina donde dan información legal, para que la gente se vaya a campos militarizados que se han habilitado, porque dicen que allí estarán mejor, y tendrán incluso puestos accesibles a internet para pedir asilo, etc.  Todo con la idea de desalojar Idomeni, que es un campo espontáneo digamos. Pero no hay gente de ACNUR ocupándose de hablar con los refugiados y de solucionar problemas.

Sí ves, por ejemplo, tiendas de ACNUR. Grandes tiendas hay de MSF, para asistencia, comida, sanitarios y refugiados: tiendas enormes con literas donde igual caben 200 personas. Y luego de ACNUR, que tiene tiendas para unas 15 personas, dos familias, que reparte pero no monta, es personal voluntario ajeno a ACNUR el que las pide, las recoge y las pone. Eso es lo que hice yo los primeros días con unos bomberos catalanes. Pides las tiendas, ACNUR te la da y te dice justo dónde ponerlas, porque el suelo tiene dueños y se ve que las ONG tienen como que alquilar el suelo donde ponen las tiendas a sus propietarios.

La verdad es que yo alucinaba con lo de ACNUR, porque yo pensaba que allí tendría que estar gestionándolo todo, y que son los que más tendrían que hacer denuncia… pero claro, como tienen lazos con gobiernos más o menos, imagino que no pueden hacer nada que…

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La comida es insuficiente. Algunos adultos se alimentan de hierbas que encuentran en la zona para dejar a los niños la comida más nutritiva

¿Y cuál es la situación de los refugiados allí? ¿Cuáles son las condiciones de vida?

Las condiciones son muy pésimas. El suelo no filtra y cuando llueve se montan unos barrizales de miedo. Han pasado un frío inmenso, y la gente enferma mucho. Casi todo lo que hay son familias, y cada familia tiene de media 5 hijos… Así que está todo lleno de niños. Hay gente que lleva en Idomeni más de 40 días. Y después de tanto tiempo la comida sigue siendo insuficiente, siguen haciendo colas… La sensación es de pedir limosna. La gente agradece la solidaridad pero te dicen que lo único que quieren es que les dejen pasar, no ayuda humanitaria. Y llevan 40 días con colas para la comida, para los pañales, para la leche… con carencias higiénicas horribles.

La necesidad mayor es la comida porque dicen que es insuficiente. Hasta hay familias que cogen una hierba en los márgenes de la carretera, una especie de borraja dicen, y luego la cocinan y se la comen.  A veces los adultos se alimentan de eso para que los niños puedan comer algo más nutritivo.

Cuando ves la magnitud de las historias te quedas… no sé… no sé. Sabes que todo esto pasa, pero cuando empiezas a conocer las historias… Porque claro, puedes incluso estar allí, ver muchas familias y no darte cuenta de muchas cosas. Porque los niños al final son niños, y juegan: hay un charco y los niños juegan. Pero las situaciones que hay por detrás cuando las conoces te dejan roto.

Antes me contaste ya el tema de la leche, y precisamente quería preguntarte por la higiene personal y por las condiciones sanitarias de los refugiados. Tú estuviste trabajando como enfermero durante parte de tu estancia allí… ¿Cómo está la cosa a este respecto?

Sí. Sobre el tema de la higiene personal, en ambos campos, en Idomeni y en Eko, hay baños en diferentes áreas. En Idomeni hay 2 grifos, 20 duchas y 30 baños. ¡Para 12.000 personas! En Eko solo están las duchas de la gasolinera, con un empleado que controla 15 minutos por cada ducha y las cobra a 2 euros, porque es un negocio privado, claro. Pero imagínate hasta qué punto las condiciones son malas, que los baños en Idomeni eran los típicos portátiles de las fiestas mayores, y debajo pusieron palés para dar estabilidad cuando llueve y tal. Bueno, pues en Idomeni reparten leña para calentarse por la noche, porque han pasado mucho frío, y se quema absolutamente todo para entrar en calor: ropa, plásticos y hasta los palés que hay debajo de estos baños… ¡prefieren tirar el baño al suelo y no poder usarlo! Y eso a pesar de que varias ONG llevan leña a los refugiados, ya te digo. Hay una cantidad de laringitis y problemas respiratorios que se han hecho crónicos ya… Todo el mundo tose. A la semana yo ya tosía continuamente, porque hay un ambiente tan viciado de humo por las hogueras…

Por ejemplo, cuando encontré a los médicos y enfermeras españoles con los que colaboré, me enteré de que empieza a haber brotes de sarna, y de que el medicamento para la sarna no se vende en Grecia (en España sí, por ejemplo). Luego te enteras de gente con tratamientos crónicos que no se los pueden abastecer porque solo se cubren cosas urgentes: desde enfermedades oncológicas que no se controlan y deberían, hasta niñas con brackets que necesitan un odontólogo porque se le han quedado muy justos y no lo tienen… Mil cosas.

Yo empecé a hacer algo de enfermero los últimos días. Hay mucha gente que ha montado cosas para consultas ambulatorias, y MSF visita 3 días adultos, 3 días niños y 24 horas emergencias, creo. El tratamiento es ajustado porque no les da para más, y encontramos gente que nos decía que iban a MSF en otros campos y les decían que no tenían su tratamiento a veces, para niños con enfermedades intestinales crónicas incluso… Y eso MSF, que es la ONG con más recursos sanitarios.

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“Allí se montan unos barrizales de miedo…  Han pasado mucho frío”

Últimamente, cuando se expone esta situación de Idomeni, hay quien sale con el argumento de que los refugiados están allí por voluntad propia y de que pueden irse a campos mejor dotados cuando quieran. ¿Qué contestarías a eso?

La gente todavía tiene la esperanza de cruzar la frontera. Constantemente te preguntan “¿Cuándo la van a abrir?”, “¿tú crees que la abrirán? Dime la verdad”. Y hay mucha gente que se queda allí porque más cerca de la frontera no pueden estar. La gente quiere continuar, no se quiere quedar en Grecia, quiere pedir el asilo como refugiado y comenzar una nueva vida. Irse de allí es, para muchos, como renunciar a su última opción. La gente no se va de Idomeni porque tiene como la obligación moral de estar allí, después de todo lo que han pasado para llegar…

Campos en la zona norte hay Idomeni, Eko, el pequeñito de entremedias y un campo militarizado llamado Nea Kavala donde no hay ONG, porque lo llevan militares, y donde los refugiados llevan un carnet que enseñan para entrar y salir. Cuando a finales de marzo se cierra la frontera se habilitan otros dos campos relativamente cerca de la frontera para que la gente de Idomeni vaya, también militarizados. Uno se llama Katerini y el otro Veroia.

En Idomeni hay unos altavoces que sueltan informaciones de cosas que pueden llegar a pasar, o se recuerda en las manifestaciones que se mantenga el orden, etc. Hablan en farsi, árabe, kurdo… Por ahí ACNUR y la policía griega informaban, y también con octavillas, del cierre de fronteras y de que se había habilitado Katerini para los sirios y para los afganos e iraquíes el campo de Veroia. Porque es que esa es otra, que al llegar vía islas a Grecia, les piden identificación en Lesbos y Quíos. Si eres sirio necesitas presentar pasaporte, etc. Te hacen un test exhaustivo para comprobar tu nacionalidad: conocimos a una mujer que se fue de Siria en medio de un bombardeo y solo se llevó una fotocopia de su DNI, y cuando llegó le preguntaron muchas cosas de su ciudad, le enseñaron fotos y todo para asegurarse. Porque con el acuerdo UE-Turquía los que tienen más números para quedarse son los sirios.

Cuando llegaban antes de cerrar la frontera, por cierto, les hacían un papel en griego donde sale su nombre, familia e hijos a cargo, y que lleva un sello en inglés que dice que el destino final de esa persona va a ser Alemania en los próximos seis meses. Y ese papel se lo hemos visto nosotros a muchos refugiados sirios.

Entonces, sí hay familias que van a otros campos. Hemos hablado con algunos que han vuelto de esos otros campos porque dicen que se está aún peor, pero también con refugiados que dicen justo lo contrario. Había gente que decía que no había ONG, que la comida estaba racionada peor, que no hay baños públicos… En los campos militarizados al llegar les hacen firmar un papel y una cartilla, y tienen que renovar su estancia cada cierto tiempo. Lo que sí nos han dicho es que irte de estos otros campos es más difícil. Desde Idomeni te llevan allí buses gratuitos, pero si quieres irte a otro sitio ya te cuesta tu dinero. La gente que se empeña en ello y tiene algún recurso se va, pero no es tan fácil, porque no los quieren deambulando por el país.

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El primer día de buses desde Idomeni a los nuevos campos militarizados de Katerini y Veroia viajaron unos 600 refugiados

¿Hay muchas diferencias entre la situación de unos refugiados y otros? A nivel de recursos disponibles, dinero, etc.

Sí, aunque todos están estancados, claro. Hay mucha gente que dice que aún tiene algo de dinero. Nos explicaron el rollo mafias, lo que pagan en los sitios por pasar, todos los trapicheos y demás. Hay gente parada pero de clase media-alta, y gente que la ves que es muy muy muy pobre, con niños sin zapatos… que los ves que están en una situación de miseria máxima. Y luego hay gente con estudios y buena posición en sus países de origen, etc. Alguna de esta gente incluso se plantea que si no se soluciona el cierre de fronteras, se quieren volver a Siria pagando a las mafias otra vez. Hay gente que dice que se volvería antes de quedarse en Idomeni, mucha, pero que ya no tiene dinero. Otros muchos dicen que prefieren Idomeni antes de volverse porque la situación de la que han huido es tan dantesca, supera tanto lo que puede verse en cualquier película… que te dicen que ya no tienen nada que perder. Visitamos gente tienda por tienda con una médico palestina para hacerles llegar alguna ayuda desde España, y ahí me enteré de algunas historias de cómo lo estaban pasando… Es todo increíble.

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Extrema vulnerabilidad: el 40% de los refugiados encallados en Idomeni son niños.

¿Hay alguna historia concreta que te haya impresionado especialmente? ¿O alguna que te parezca ilustrativa de lo que han vivido estas personas hasta llegar aquí?

Es que es un continuo… de verdad. Cada persona con la que hables… Yo no he profundizado más por un tema de lengua, pero aun así, cuando he empezado a hacer de enfermero y he tenido más cercanía, he conocido historias. Por ejemplo la de un niño de 4 años que salió  con sus vecinos para Europa el mismo día en que mataron a sus padres delante suya. Los vecinos se iban y lo recogieron y lo trajeron con ellos. O la de un padre de familia afgano, militar allí, al que le dijeron: “esta noche vendremos a tu casa, haremos lo que queramos con tus hijas y tu mujer y las degollaremos”; y que lógicamente se fue. También ves familias que han perdido a mucha gente en los bombardeos, y ves los restos de metralla en niños de 4 o 5 años….

Tú imagina la situación tan bestia de jugarte la vida por un futuro incierto, que igual las mafias te delatan, o la policía te da una paliza o te ahogas… Nos enseñaban videos de las barcas, barcas de 4 metros con 70 personas… A veces la barca que iba justo detrás de ti al final ves que no llega… Es una lotería. Y te juegas tu vida y la de tus hijos. Imagina cómo será la situación de la que huyen.

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Shahedi tiene 10 años y el cuerpo marcado por la metralla

¿Cómo es el viaje a esta Europa de los refugiados, ese peregrinaje a ciegas de mafia en mafia…?

Pues mira. En Eko hay mucha gente de Alepo, en Siria. Es una zona muy conservadora y tal. Allí una mujer siria con 4 hijos, que perdió al quinto en un bombardeo en Alepo, nos contó que fue en bus hasta la frontera con Turquía y que allí la mafia los tuvo hasta que un día les dijo que podían pasar. Iban a precios cerrados: un precio por niño, otro por adulto, etc. El bus ya en Siria es con mafia, porque no circulan buses tan alegremente. El cruce de la frontera, de 3-4 metros de frontera, les costó 200 euros por adulto y 100 por niño, más menos. Estuvieron 3 semanas hasta que la mafia les dijo que iban a cruzar, y estaban 500 personas en un terraplén medio escondidos.

Y contaban que la mafia puede ser buena o mala. La buena te dice que cruces y lo haces, porque ha pagado a la policía turca para que no te frene. La mala no paga a la policía y encima les avisa: cuando hay 40 o 50 personas que están cruzando tiran una bengala, la policía turca les coge, les da una paliza y los devuelve. A esta mujer por ejemplo la pillaron una vez, la poli los pilló, los devolvieron y la misma mafia les hizo volver a pagar. Tardaron un mes en cruzar. Luego en Turquía estuvieron otro mes hasta que otra mafia les ofreció cruzar por mar a Grecia. Pagaron 1400 dólares por una pareja de adultos con 4 hijos, y 100 euros en total por los salvavidas, que ya todos sabemos que son falsos. Este precio decían que era muy económico, ya que el precio va en función de la mar que haya: si hay buena mar es más caro, pero ellos se la jugaron y cruzaron con mala mar. Y así llegaron a Lesbos.

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Nazah, de 24 años, perdió a uno de sus hijos en los bombardeos de Alepo. Huyó a Grecia con los otros tres: Fátima, Razen y Yazan.

Quiero pensar que una vez llegan a Grecia, el papel de las mafias desaparece o…

Bueno. Mira hasta qué punto llega la mafia… Aquí luego hay la mafia de que esta gente para moverse en Grecia o llegar a un campo, pues paga. Por ejemplo, estuve con una enfermera catalana que estuvo en Lesbos y cogió el mismo ferry que cogían los refugiados para pasar a Atenas después de “x” días en un campo en Lesbos, de que les hiciesen los papeles y tal. Y dice que ella pagó 48 euros por el viaje y los refugiados 45, y ella estaba en la parte de arriba y los refugiados todos hacinados en tercera clase, por decirlo así. Y decía que la masificación era brutal. De hecho ella hizo vídeos y lo denunció a la prensa catalana, porque había incluso niños muy pequeños, enfermos, embarazadas… hacinados como sardinas. Y eso no deja de ser otro negocio, debería haber otras estructuras. Y luego por dentro de Grecia, a la hora de moverse, ves que hay gente que llega a los campos incluso regateando un taxi… Es surrealista.

Todos sabemos que la solución a este problema no pasa por irse a Idomeni, claro, pero en tanto en cuanto las cosas sigan así, ¿dirías que se siguen necesitando voluntarios por allí?

Sin duda. Se pueden hacer muchísimas cosas, ir con un proyecto tuyo concreto, o sumarte a algo allí. Gente falta y va a faltar. Y luego es importante eso, que haya gente que comunique esto y no por los canales oficiales digamos… Eso es lo que quería yo, pero luego vi que era más útil remangándome y haciendo lo que fuera, repartir fruta, montar tiendas, lo que fuera.

La verdad es que el trabajo a nivel de voluntarios y ONG es impresionante. Y sobre todo de gente sin formación en esto, porque lo más difícil al final es la logística: cómo gestionas, o cómo distribuyes… Por ejemplo se recibía mucha ropa, ropa que hay que seleccionar, distribuir para que no haya problemas, que el reparto sea equitativo para evitar que haya buscavidas que la revendan, que son una minoría pero los hay…  Hay campos donde reparten las cosas tirándolo para atrás como si fuese limosna, por ejemplo, y en este sentido hay mucho todavía que organizar.

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“Se quema absolutamente todo para entrar en calor: ropa, plásticos y hasta los palés que estabilizan los baños portátiles”

¿Qué necesidades dirías que son las más claras allí, al margen del tema de la comida y las instalaciones?

Allí siempre hay algo que hacer. Es llegar, y si quieres te pones a trabajar nada más llegar. Pero todo es cambiante. Llegan cosas básicas, muchas, y falta distribución, gestión, y también lograr más implicación entre el trabajo de los voluntarios y los refugiados, creo. Tú al final lo que haces es darles a entender que hay gente que no está de acuerdo con las decisiones políticas que se están tomando. Y hay que crear vínculos de trabajo entre voluntarios y refugiados, hacer iniciativas conjuntas.

Esta gente necesita organizarse. Los niños necesitan escuelas, relacionarse… porque allí se pelean y juegan a pegarse tiros. La iniciativa de la que hablé antes, el dispensario sanitario con el que tuve la suerte de colaborar yo, es un ejemplo de organización y de colaboración entre refugiados y voluntarios. Son iniciativas que, dentro de todo este desastre, ponen orden. Luego hay una escuela de niños con clases en inglés, en árabe, juegos… que la llevan refugiados. Los que veo menos movilizados son los adultos en general, hay muchos hombres adultos que no hacen nada más que comprar tabaco y fumar, que claro, la situación es la que es y tampoco se puede criticar nada, pero es algo que llama la atención.

Y luego, insisto… Yo creo que es clave que desde allí se cuente bien lo que hay. Desde la cercanía, desde historias concretas. Creo que eso falta, para dejar claro que es verdad y está pasando aquí, a 3 horas de avión. Es importante que haya gente independiente allí que lo denuncie y haga difusión, en contacto con la gente que estáis dispuestos a comunicarlo desde aquí. Porque yo creo que aquí… aquí tendría que haber una movilización muy bestia de gente.

¿Y esa movilización masiva, la ves posible? Porque las manifestaciones que se están produciendo, en España sin ir más lejos, son más bien decepcionantes, muy minoritarias…

La gente aquí lo ve como algo lejano, y aparte hay gente que no lo quiere por miedo…  no ya de la amenaza terrorista, que va a estar igual si entra la gente o si no entra, o incluso peor si no entran… Pero sí, la gente no quiere que entren. Pero bueno, es que no es nuestra decisión, la gente va a seguir intentando entrar, es normal, buscarán otros medios, otros caminos. Lo veo complicado, porque llevamos mucho tiempo con estos dramas, 5 años de guerra en Siria, las muertes en el Mediterráneo… Y no pasa nada.

Cuando estás allí todo es como: “¿Hostias, cómo no me he dado cuenta de esto?”, “La gente tiene que saberlo”. Y luego reflexionas y ves que sí, que la gente tiene que saberlo, pero sobre todo tiene que vivirlo como algo cercano… Por eso yo recomiendo el conocerlo de cerca, hacerlo tuyo, entender que son como nosotros de verdad. Es que es tan cercano…  Y de voluntarios españoles allí está a reventar, pero claro, uno llega aquí y vuelve a ver cuáles son las dimensiones reales del apoyo a todo esto…

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Celebración del año nuevo kurdo en Idomeni. Pese a la situación, en el campo queda espacio para el juego y el disfrute.

¿Cómo crees que evolucionará el tema de Idomeni, en concreto?

Yo antes creía que Idomeni era cuestión de semanas. Pero no sé, ahora creo que irá para largo, no sé si Idomeni en concreto, pero los 50.000 refugiados que hay allí. Va a llevar tiempo esto, y va a seguir llegando gente. Ahora mismo esta gente está allí hasta un momento indefinido y lo único que puedes hacer, en realidad, es normalizar la situación, que tampoco sé si es beneficioso para ellos, porque claro, lo que quieren es pasar… Pero ¿qué haces si no?

Lo que ves es que, y esto es una impresión ya totalmente mía, como que les molesta que estén en Idomeni cortando una vía del tren y en el foco de las noticias internacionales, que luego no sirven tampoco para nada, porque tú lo ves que luego aquí no nos movilizamos, yo el primero, hasta que no me he ido y he visto… Pero les molesta que estén y les están como forzando a que se vayan dejándolos sin ayuda. Y aunque allí nosotros a los que mandan no les molestamos mucho, está claro, sí hacemos un trabajo que si no se hiciera cómo estaría esa gente… Yo creo que ante un volumen más pequeño de gente se habría hecho ya como en Moria, que se les ha echado. Pero allí no puedes, porque son muchos, así que se les va como ahogando para que se vayan y eso se normalice a nivel mediático y se diluya.

Pero pienso que no se va a diluir y creo que cosas como la de hoy con la policía macedonia van a seguir pasando. Creo que cada día llegarán cosas de tirarse de los pelos y que habrá tema para rato. Y si se va gente, incluso irá a peor, porque la gente que se quede será la que piense “yo ya no tengo nada que perder”.

Y yo no sé… No sé qué hay que hacer, de verdad que no. Pero sí que hay que hacer algo… No sé… Tenemos que hacer algo.

 

*Todas las fotografías, a excepción de la sexta, son obra del entrevistado. Podéis contactar con él vía Twitter: @pqvull