YEMEN, LA MASACRE LUCRATIVA. PASADO Y PRESENTE DE UN CONFLICTO SILENCIADO

Apunta una máxima más o menos extendida en el mundillo del análisis de conflictos que en Occidente las guerras nos importan menos cuanto más al sur y más al este acontezcan. No le falta razón, aunque en realidad los motivos que están detrás de la mayor o menor atención que nuestros medios de comunicación prestan a los distintos conflictos internacionales son bastante complejos. A menudo no nos llega información de lo que sucede en otras partes del globo porque se considera que no nos afecta demasiado y, en consecuencia, que no interesa a la población. Otras es precisamente por lo contrario. Hay conflictos que interesan a las clases dirigentes occidentales por los réditos económicos que les reportan o por sus implicaciones geoestratégicas. También hay conflictos cuya instrumentalización resulta rentable en clave de política nacional. El juego de intereses cruzados hace que a menudo sea muy difícil acceder a una información no sesgada sobre lo que ocurre en partes lejanas del planeta cuya idiosincrasia y dinámicas internas entendemos, ya de por sí, bastante regular. Así las cosas, desconocemos casi todo sobre dramas humanos de proporciones enormes, ya sea porque nos sumen en la desinformación, ya porque nos bombardean con propaganda barnizada -unas veces con más habilidad que otras- de objetividad. El caso de Yemen encaja más bien dentro del primer supuesto –aunque algo hay, también, del segundo-.

Situado en la parte suroeste de la Península Arábiga, Yemen es un país de 25 millones de habitantes y una superficie similar a la española que lleva un año sumido en una guerra civil donde son moneda corriente el asesinato de civiles y la violación de los derechos humanos. Detrás de ambas realidades se encuentra con enorme frecuencia Arabia Saudí, aliado tradicional de Occidente y, actualmente, el principal cliente de la industria armamentística española. No es difícil aventurar por qué las noticias sobre lo que sucede en Yemen nos llegan con cuentagotas. Pero vayamos por partes.

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Niños jugando en Sana´a, capital de Yemen del Norte. 1982.

UN POCO DE HISTORIA

La situación de Yemen como punto estratégico para la comunicación comercial entre el Mediterráneo y la India, junto a la fertilidad de sus tierras, dieron importancia a la zona desde la Edad Antigua y permitieron el desarrollo de ricas civilizaciones como la sabea (¿os suena la reina de Saba? pues voilà). Hacia el año 630 d. C. Mahoma logró controlar toda la Península Arábiga y Yemen pasó a formar parte de los sucesivos califatos islámicos, aunque algunas tribus locales consiguieron cierta independencia de facto desde bien temprano. A principios del siglo IX varias zonas costeras pasaron a estar controladas por los zaydíes, una secta chiita que ha tenido una gran influencia en el devenir del territorio y juega también un papel clave en el actual conflicto.

Durante el resto de la Edad Media se alternó la injerencia de poderes exteriores, como el imperio ayubí de Saladino, con el control más o menos amplio de diversas dinastías locales. En el siglo XVI el Imperio Otomano se anexionó el Yemen, aunque su grado de dominio real sobre el territorio sufrirá muchos altibajos y de nuevo se harán valer, durante algunos periodos de tiempo, otros poderes como el de los zaydíes o el de los Saud (actual dinastía reinante en Arabia Saudí). En 1839 el todopoderoso Imperio Británico se haría con el control de la estratégica zona de Adén, puerta de entrada al Mar Rojo y oscuro objeto de deseo de las potencias europeas durante siglos (los portugueses ya la habían controlado brevemente en el s. XVI).

La derrota otomana en la Primera Guerra Mundial posibilitó la independencia de la zona noroccidental del actual Yemen bajo la forma de una monarquía: el Reino de Yemen. El hasta entonces imam de los zaydíes asumió el título de rey de un estado de corte teocrático que tuvo que lidiar con las ambiciones de su vecino saudí. En 1962 los sectores no monárquicos iniciaron una guerra civil que acabó con la instauración de la República Árabe del Yemen (Yemen del Norte) en 1970. La guerra civil de Yemen del Norte fue uno de tantos conflictos de la Guerra Fría, con el bando monárquico apoyado por Arabia Saudí e Inglaterra y los republicanos sostenidos por Egipto y la URSS. En realidad, la guerra fue desastrosa para los egipcios y la implantación de la República tuvo mucho que ver con la retirada del apoyo saudí a los sectores monárquicos.

Por su parte, la zona oriental y suroccidental de Yemen seguiría bajo control británico (en la última etapa, conformando dos protectorados diferentes) hasta finales de los años 60. Finalmente la organización de un movimiento independentista fuerte y el inicio de una dura lucha armada contra las tropas coloniales forzó la salida de los británicos en 1967, proclamándose la República Popular Democrática de Yemen del Sur, un estado socialista de partido único. Yemen del Sur era casi el doble de grande que Yemen del Norte, pero tenía solo un tercio de su población.

Las relaciones entre Yemen del Norte y Yemen del Sur atravesaron varios momentos de tensión y hubo incluso algún enfrentamiento armado puntual, dentro del marco de la Guerra Fría -con el Norte alineado con Arabia Saudí y Occidente y el Sur con el bloque comunista-. A pesar de ello, el objetivo de la unificación estuvo siempre en la mente de las élites dirigentes de ambos estados. Finalmente, tras unas larguísimas negociaciones, los dos países acabaron fundiéndose en uno en 1990, asumiendo la presidencia el hasta entonces líder de Yemen del Norte, Ali Abdullah Saleh, y la vicepresidencia el secretario general del Partido Socialista de Yemen (PSY), Ali Salem al-Beidh.

CUATRO CONFLICTOS SOLAPADOS

La unión no acabó de cuajar. Los yemeníes del sur se vieron desplazados del poder en el nuevo Yemen y, desde la añoranza de su viejo estado socialista -notablemente más libre que el Yemen unificado-, reclamaron por diversos medios una nueva separación. En 1993 el vicepresidente al-Beidh abandonó el gobierno conjunto y en 1994 hubo incluso una breve guerra civil entre el norte y el sur que acabó con la victoria de los sectores leales al presidente Saleh, entregado desde entonces a cotas cada vez mayores de autoritarismo. Las tensiones norte-sur nunca desaparecieron y en 2009 estalló un nuevo movimiento insurgente secesionista en el antiguo Yemen del Sur: es el primer eje del actual conflicto.

Por otra parte, a finales de la década de 1990 va a hacer acto de presencia en Yemen Al Qaeda (a veces la verán citada con el nombre de su brazo armado yemení: Ansar al-Shari’a). La organización fue ganando adeptos y capacidad operativa sobre todo a partir de 2001, y en la actual situación de inestabilidad y desgobierno del país incluso controla parcialmente varios territorios. Dicha situación ha sido aprovechada también por el autoproclamado Estado Islámico (en adelante, Daesh) para hacerse un hueco en Yemen, donde está presente al menos desde 2014. Se trata del segundo eje del conflicto.

El origen del tercer eje de la actual guerra civil hay que buscarlo en el resurgimiento del chiismo zaydí, impulsado en el norte de Yemen por Mohammed al-Houthi a principios de los 90. La creciente influencia del llamado movimiento houthi y su lucha contra el trato discriminatorio recibido por los zaydíes en Yemen desembocó en una insurrección armada contra el gobierno de Saleh en 2004. En este punto cabe puntualizar que, aunque los medios de comunicación suelen hablar simplemente de la “minoría chií”, los chíies zaydíes son cerca del 40% del total de musulmanes yemeníes. En este conflicto el presidente Saleh contó desde el principio con el apoyo de Arabia Saudí, que curiosamente no se implicó de igual forma en la lucha contra Al Qaeda. Seguramente no haga falta señalar que Arabia Saudí es uno de los bastiones del sunismo y de las interpretaciones más rigoristas del mismo, como la wahabita.

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Ciudad vieja de Sana´a, Patrimonio de la Humanidad, 2014.

Por último hemos de situarnos en 2011, en el marco de la primavera árabe. Entonces las protestas contra la corrupción política y las lamentables condiciones económicas del país se encontraron con una represión atroz por parte del gobierno de Saleh. Como en otras latitudes, esto no hizo sino acrecentarlas y acabó forzando la dimisión de Saleh y la asunción del poder por parte del hasta entonces vicepresidente, Mansur al-Haidi. Es el origen del cuarto eje del actual conflicto. El nuevo presidente se comprometió a iniciar un período de transición política, pero en la práctica se siguió abusando de la violencia institucional y toda suerte de estrategias se hicieron valer contra los independentistas del sur y contra los houthis.

LA GUERRA ACTUAL

En 2014 la guerra entre Ansar Allah (tal es el nombre oficial del movimiento houthi) y las fuerzas leales al presidente al-Haidi se recrudeció. A principios de 2015 los houthis se hicieron con el control de la capital, Sana´a, e instituyeron allí un Comité Revolucionario. El presidente al-Haidi fue forzado a dimitir y huyó primero a Adén, donde se establecieron los cuerpos militares que seguían siéndole leales, y luego a Arabia Saudí, que no tardó en ofrecerle su apoyo para recuperar el poder en Yemen.

Arabia Saudí se aprestó a ponerse al frente de una coalición internacional (de la que forman parte, entre otros, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Egipto y Marruecos) que se fijó como objetivo acabar con la insurgencia houthi y restablecer a al-Haidi en el poder. En marzo de 2015, fecha que suele considerarse el inicio de la actual guerra civil, Arabia Saudí puso en marcha una operación que bautizó con el pretencioso nombre de “Tormenta Decisiva” y que, como no podía ser de otra forma, ha resultado cualquier cosa menos decisiva.

Con su intervención en Yemen, Arabia Saudí busca afianzarse como potencia regional y obtener réditos económicos derivados del control de la zona de Adén y del tránsito de petróleo hacia el mar Rojo. Además, existe un motivo geoestratégico de fondo relacionado con la posibilidad de que un gobierno houthi acabase por alinear el Yemen con Irán, el único Estado chií del mundo. En este sentido, aunque es cierto que existen vínculos entre los houthi e Irán, hay que dejar claro que el grado de implicación real de este país en la guerra del Yemen es mínimo y no puede compararse con el papel directo asumido por Arabia Saudí.

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Bombas de racimo saudíes caen sobre los pueblos de la región de Amran, al norte de Yemen.

Así las cosas, lo que nos encontramos hoy en Yemen es una guerra civil total en la que los frentes no están siempre claros y las alianzas son cambiantes. Los cuatro ejes del conflicto que hemos apuntado anteriormente se superponen y se suman además a las enemistades seculares entre distintos grupos tribales. De un lado están las tropas que apoyan a al-Haidi, la coalición internacional liderada por Arabia Saudí y diversos sectores de la población que, a veces de forma sorpresiva (es el caso de parte del movimiento independentista de Yemen del Sur) han optado por aliarse con el más fuerte. Enfrente tienen a una alianza encabezada por los houthi, a los que de forma no menos sorprendente se han sumado sectores todavía leales al expresidente Saleh y algunos grupos suníes contrarios a la agresión saudí. Al margen de estos grupos se encuentran las ramas yemeníes de Al Qaeda y el Daesh, organizaciones que solo están siendo combatidas seriamente por el bando houthi y que mantienen una relación cuando menos ambigua con Arabia Saudí. Llegados a este punto convendremos que el conflicto yemení, salta a la vista, no puede reducirse a un enfrentamiento religioso entre chiíes y suníes, por más que algunos medios hayan tratado de presentárnoslo así.

LAS VÍCTIMAS

Según Naciones Unidas la guerra en Yemen ha causado 6200 víctimas mortales en un año (desde marzo de 2015), más de la mitad civiles, aunque hay fuentes que elevan a 10.000 la cifra de muertos. Otras 30.000 personas han resultado heridas, hay 2,5 millones de desplazados internos y más del 80% de la población del país (hablamos de 20 millones de personas) necesita ayuda humanitaria para satisfacer sus necesidades básicas –debido al bloqueo económico saudí, sostenido con apoyo estadounidense-. Al menos 700 menores han perdido la vida -en los bombardeos, fundamentalmente- y Oxfam ha apuntado que un millón de niños sufren desnutrición severa.

Aunque distintas ONG han reportado violaciones de los derechos humanos por parte de todos los actores en conflicto, Amnistía Internacional, Human Rights Watch e incluso Naciones Unidas han señalado de manera muy especial a Arabia Saudí. La coalición internacional liderada por los saudíes está detrás de la mayor parte de las víctimas civiles y ha cometido numerosos crímenes de guerra, que van desde ataques intencionados contra objetivos no militares (mercados, escuelas, hospitales, fábricas…) hasta el uso de armamento prohibido por el derecho internacional como las bombas de racimo.

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Un padre llora la muerte de su hija durante un bombardeo saudí. 2016.

Cualquier aproximación al conflicto deja claro que se trata de un enfrentamiento netamente desigual. Es difícil exagerar el contraste entre el paupérrimo armamento del bando houthi y una coalición internacional que tiene decenas de miles de hombres sobre el terreno, dispone de lo último en tecnología militar y ha sido capaz de perpetrar, según los medios locales, hasta 160.000 bombardeos en menos de un año. Y es en este punto en el que la reflexión nos atañe de forma especial, dada la posición de Occidente en general y de España en particular con respecto al régimen saudí.

ESPAÑA Y ARABIA SAUDÍ

No descubrimos nada nuevo al apuntar que Arabia Saudí es un importante socio comercial de España. En 2014 estaba entre los 20 países a los que más exportamos y entre los 15 de los que más importamos. España, como otros países occidentales, es un conocido aliado de Arabia Saudí también desde el punto de vista geoestratégico y son asimismo harto conocidas las buenas relaciones que mantienen las familias reales española y saudí.

Mientras Arabia Saudí y varios países del Golfo asesinan civiles y violan los derechos humanos en Yemen, en Occidente nos hemos encargado de que no les falte de nada inundando la región de armas a cambio, claro, de pingües beneficios económicos. En el período 2010-2014 Arabia Saudí cuadruplicó sus importaciones de armas y se convirtió de hecho en el segundo mayor importador del mundo, sin duda en previsión de futuras acciones expansionistas. España, séptimo mayor exportador de armas del mundo, ha hecho buen negocio: Arabia Saudí se ha convertido en el mejor cliente de la industria armamentística española, de suerte que el 25% de las armas que vendimos en el primer semestre de 2015 fueron a parar a los Saud. Hay denuncias que apuntan que las armas que España está enviando a Arabia Saudí violan el Tratado Internacional sobre Comercio de Armas de 2014, y organismos como Amnistía Internacional han señalado que los aviones, torpedos, bombas y misiles que estamos vendiendo a los saudíes se están empleando contra la población civil yemení.

España no es, claro, el único país occidental que se está lucrando con esta guerra. Francia y Reino Unido lo han hecho sin duda en mayor medida, al punto de que se estima que en el último año los británicos han vendido armas a los saudíes por valor de 3 billones de libras. Lo que sí supone un hecho diferencial en España es la escasísima respuesta ciudadana y política frente a una situación tan grave como la referida. Así, mientras el Parlamento Europeo vota a favor de bloquear la venta de armas a Arabia –un voto no vinculante-, los Países Bajos prohíben dicha exportación y los ciudadanos británicos ponen en marcha una campaña masiva para conseguir lo propio, aquí prevalece el silencio. Tan solo algunos medios alternativos y un puñado de blogs y perfiles de la red social Twitter han planteado una denuncia seria de la situación, todavía desconocida por la mayor parte de la ciudadanía.

Arabia Saudí es el segundo mayor productor mundial de petróleo y el octavo de gas natural. Algo tiene que ver esa cara de la moneda, claro, en la tibieza con que nuestros medios de comunicación informan sobre este país. Pocas veces se señala que según Freedom House (cuyas apreciaciones tanto gusta repetir a algunos cuando se trata de hablar de Venezuela, por ejemplo) la ausencia de libertades y la nula observación de los derechos humanos en Arabia Saudí solo son comparables a las que padecen los ciudadanos de países como Corea del Norte o Irán. O que Arabia tiene un sistema legal basado en una rigurosa interpretación de la sharia que condena con la muerte la homosexualidad, el adulterio o la brujería , y que se ejecuta sin piedad a menores e incluso a discapacitados intelectuales (157 ejecuciones en 2015 lo convierten en el tercer régimen más asesino del planeta).  Tampoco se suele hacer especial hincapié en que se tortura con total impunidad o en que las élites saudíes viven entre el lujo más ostentoso mientras una cuarta parte de su población sobrevive en la más cruel de las miserias.

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1 de marzo de 2016: 100.000 yemeníes piden en Sana´a el final de la guerra.

Si quienes mandan en nuestro país se adscriben a la vieja máxima del “pecunia non olet” –el dinero no huele-, es nuestro deber que ello tenga -¡qué menos!- un coste político. Si además de ello, alguien en Occidente está por la labor de apoyar en la búsqueda de una solución real al problema yemení (no parece ser el caso), deberá partir de una intención real de no favorecer a ninguno de los dos principales bandos en conflicto. Pero también de la conciencia de los brutales efectos que está teniendo la agresión saudí sobre la población yemení, así como de la determinación firme de cortar lazos con un régimen manifiestamente criminal.


*Fotografía 1: “Kids Playing in the Street”, Sana´a, Yemen, 1982. Por Gareth Williams. https://www.flickr.com/photos/gareth1953/

**Mapa: http://www.ciaramc.org/ciar/imagenes/imgBoletines/bol278/image015.jpg

***Fotografía 2: Sana´a, Yemen, 2014. Por Rod Waddington. https://www.flickr.com/photos/rod_waddington/

****Fotografía 3: Yemen Post Newspaper (@YemenPostNews), 18.2.2016.

*****Fotografía 4: Yemen Post Newspaper (@YemenPostNews), 26.2.2016

******Fotografía 5: Yemen Post Newspaper (@YemenPostNews), 1.3.2016

MIENTE QUE ALGO QUEDA

Periodistas de derechas, como Eduardo Inda o Antonio Martín Beaumont, y políticos del PP, como el propio presidente del gobierno Mariano Rajoy, vienen afirmando públicamente que la LOMCE ha conseguido reducir el fracaso escolar en España.

¿Qué es el fracaso escolar? En España, llamamos fracaso escolar a la no consecución del título de Educación Secundaria Obligatoria.

La LOMCE se implantó en el año académico 14/15 en los cursos impares (1º, 3º y 5º) de Primaria. Este curso, 15/16, ha empezado a funcionar en 2º, 4º y 6º de Primaria; en 1º y en 3º de Secundaria y en 1º de Bachillerato. Seguimos funcionando con la ley anterior, la LOE, en 2º y 4º de ESO y en 2º de Bachillerato.

Así las cosas, me pregunto: ¿Cómo una ley que se ha empezado a implantar este año en Secundaria –y solo en la mitad de los cursos- ha conseguido rebajar significativamente el porcentaje de alumnos que no obtienen el título de Secundaria? Citando al poeta Ángel González: “¿Qué estatutos regulan el prodigio?”

MERITOCRACIA, IGUALDAD DE OPORTUNIDADES Y OTROS MITOS FUNDADORES

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La construcción ideológica que sostiene nuestros estados capitalistas descansa en buena medida sobre dos presupuestos clave: la igualdad de oportunidades y la meritocracia. Ambos permiten justificar las desigualdades socioeconómicas y hacérselas tragar a quienes se encuentran en las posiciones más bajas de la escala social. Los medios de comunicación apuntalan la idea del american way of life y nos presentan invariablemente la determinación, el talento y el trabajo duro como las llaves del éxito social. La figura del hombre hecho a sí mismo  –menos frecuentemente de la mujer, presentada todavía en demasiadas ocasiones como la muleta que necesita todo egregio varón para el triunfo- ejerce de perfecto reclamo mediático y publicitario. Una mezcla de admiración, inspiración, esperanza y envidia nos invade cada vez que la televisión nos acerca la historia de otro gran visionario que cambió el mundo desde un garaje. La de grandes multinacionales que han nacido en un garaje, oye.

La clase media a la que tanto nos gusta adscribirnos en el mal llamado primer mundola clase media somos todos, ya se sabe– ha tragado con orgullo la píldora meritocrática. La asume como una conquista propia, cuando no como la razón última de su existencia. Al fin y al cabo, ¿qué otra cosa, más que la meritocracia y la igualdad de oportunidades, nos ha permitido llegar a ser lo que somos? Contamos a nuestras hijas e hijos que pueden ser lo que quieran en la vida, convencidos de que es cierto. Nos gusta pensar que ha sido nuestra aptitud personal y profesional la que nos ha hecho valedores de ese trabajito de clase media cuya importancia social tendemos tan frecuentemente a sobrevalorar.

Como no podía ser de otra forma, esta concepción del mérito y del éxito social es promocionada intensamente por quienes se encuentran en la cúspide del sistema. Es uno de esos círculos virtuosos que están tan de moda: quienes están arriba, controlando la mayor parte de los altavoces que padecemos, se encargan de asentar el discurso que justifica sus propios privilegios como frutos del trabajo duro y del talento. Tanto tienes, tanto vales. Y sin embargo…

Las numerosas investigaciones empíricas sobre el logro social que conocemos echan por tierra la idea de una sociedad meritocrática. Desde que en los años 70 Christopher Jencks probara que la posición de estatus y el logro ocupacional de un estadounidense venían marcados por sus orígenes familiares, muchos trabajos de investigación en todo el mundo han corroborado la fuerte correlación entre estas dos variables. En román paladino: su posición en la pirámide social con 40 años está más relacionada con la de sus padres que con ninguna otra cuestión. Pesa el logro personal, claro, pero lo hace en igual o mayor medida la adscripción, la herencia.

Ni siquiera el logro educativo introduce diferencias significativas en el sistema en lo que a garantizar una auténtica igualdad de oportunidades se refiere. La propia asistencia a la universidad, por ejemplo, resulta estar estrechamente vinculada a la clase social. No solo por una cuestión meramente económica, sino también por factores ligados a las distintas aspiraciones educativas que se proyectan desde el seno familiar según la clase a la que se pertenezca. Son clarificadores estudios como el de Sewell y Shah, que también en el marco de la sociedad estadounidense demostraron que entre los alumnos de altas capacidades intelectuales iban a la universidad el 90% de los que eran de clase alta y solo el 40% de los que eran de clase baja. Entre el alumnado de bajas capacidades la diferencia era también esclarecedora: el 60% de los alumnos de clase alta con un C. I. bajo iba a la universidad, pero solo el 10% de los de clase baja hacía lo propio. Son datos que conviene tener en la cabeza por si alguna vez el cuerpo nos pide espetarle a alguien un castizo “¡pues haber estudiado!”.

A menudo el sistema no selecciona a los mejores ni a los más capaces. Pero selecciona. Aunque el acceso a los distintos niveles educativos se ha ido abriendo notablemente en nuestras sociedades, han seguido existiendo sesgos que garantizan la reproducción del orden social. El origen de clase de un niño marca su destino desde la más tierna infancia, empezando por los diferentes modelos de crianza de las familias ricas y las pobres (si tienen oportunidad, échenle un vistazo al libro Unequal Childhoods, de Annette Laureau).  En el sistema educativo se valora la cultura de las clases altas y se desprecian los saberes populares, al tiempo que se exige un lenguaje muy alejado del de las clases más humildes. El niño pobre llega a una escuela donde se habla de cosas nuevas en un lenguaje extraño. El niño rico llega a una escuela hecha a su medida. Si surge algún problema, el niño rico tiene los medios para adaptarse (clases particulares, cambio de centro escolar…). El niño pobre, no. Segunda recomendación: si hay tiempo, denle una ojeada a las ideas sobre el tema de Bourdieu, Passeron, Bowles, Gintis, Baudelot y Establet. Si hay menos tiempo, déjenlo en las de Bourdieu.  Si no hay nada de tiempo, pueden quedarse con la idea de que el éxito y el prestigio llegan por encaje en la cultura dominante, que es capaz de imponerse como única en el sistema educativo y que controla la estructura económica y la social.

Si está usted pensando que esto, en su España, no pasa, me permito remitirle a lo que hace unos días nos recordaba la OCDE a propósito del escaso éxito del sistema educativo español en la corrección de los sesgos por clase social. En cualquier caso, aceptemos la mayor y asumamos la discutible máxima que apunta que en España el hijo del obrero ya puede estudiar: es fácil que no le sirva de mucho, al menos en lo que hace a su futuro socioprofesional. Los movimientos tendentes a facilitar el acceso a la educación a todas las clases sociales han venido acompañados de reacciones por parte de las clases dominantes para mantener sus privilegios en el mercado laboral. Si el hijo del obrero ya puede obtener el título de Derecho, pongámosle otros requisitos que le sea más complicado cumplir: que aprenda idiomas (difícilmente sus padres lo podrán mandar un añito a estudiar a EEUU), que estudie más años antes de poder acceder a determinado puesto, que tenga un máster, o mejor dospreferiblemente avalados por centros elitistas con tarifas prohibitivas-, etc. Muchos títulos académicos se justifican más por su función de cierre social que por habilitar profesionalmente: son una estrategia de poder de los de arriba. Así se entiende que las investigaciones empíricas no logren establecer una relación sólida entre la universalización del acceso a la educación en una sociedad y la reducción de los niveles de desigualdad en dicha sociedad.

Si son de familia bien pero sus niños no son capaces de aprovechar las ventajas que ello reporta a nivel educativo, no sufran. Aunque el éxito académico y los currículums bonitos guardan una relación importante con el origen social, sus vínculos con la futura posición laboral y socioeconómica son algo inciertos. Parece que al final ni las matrículas de honor ni la acumulación de títulos más o menos aparentes influyen tanto en la posición sociolaboral de llegada. La motivación y el logro educativo tienen un peso importante, claro, pero curiosamente influye aún más el punto de partida puro y duro: el entorno social, las redes interpersonales…  En España, familia y amistades resultan claves a todos los niveles, tal y como vimos en el Salvados dedicado al Colegio de El Pilar, leímos en el Españopoly de Eva Belmote y nos ha recordado El País hace un par de semanasTú sácate algún título, que luego ya te buscaremos algo.

Obviamente la clase no es el único factor que influye en los logros educativo y ocupacional. Lo hacen también, en enorme medida, cuestiones como la raza –por lo demás muy vinculada a la desigualdad de clase- o el sexo. Por último, claro, influye la suerte. El azar siempre tiene algo que decir, lo que sucede es que tendemos a darle más importancia de la que tiene. Buena parte de lo que atribuimos a la suerte es perfectamente explicable estudiando los rasgos de nuestro sistema socioeconómico. Como declaraban magistralmente los alumnos de la Escuela de Barbiana en Carta a una maestra:   “Llegados aquí hay quien la toma con el destino. Es tan consolador leer la historia en clave de fatalidad… Leerla en clave política es más inquietante.

***Fotografía“Solo exam”, de Xavi. https://www.flickr.com/photos/18614695@N00/

LOS MUERTOS QUE NO IMPORTAN: 23 DE FEBRERO, DÍA MUNDIAL DE CHECHENIA

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Quizás yo, tras el Cáucaso erguido,

Ocultarme podré de los tiranos,

De su ojo que todo lo registra

De su oído que nada escucha en vano.

Mijaíl Lérmontov

 

Seguramente no les suene, pero el 23 de febrero es el Día Mundial de Chechenia. Hoy se cumplen 72 años de la deportación de los pueblos checheno e ingush a Asia Central y a Siberia, ordenada por Stalin. Medio millón de personas fueron obligadas a dejar sus casas y alrededor de 170.000 perdieron la vida a causa de las inhumanas condiciones a que fueron sometidas. Fue, sin lugar a dudas, un genocidio.

En una sociedad que ha convertido en Trending Topic los días mundiales de la cerveza, la toalla, la tostada o los amigos con derecho a roce, quizá no vendría mal dedicar unos minutos del día de hoy a revisar el interminable conflicto ruso-checheno. Aunque solo aparezca en sus televisores a cada muerte de obispo, normalmente a propósito de algún brutal atentado terrorista, puede que les afecte más de lo que piensan. Si el post les resulta excesivamente largo, siempre pueden circular por la negrita.

Chechenia es actualmente una República de la Federación Rusa. Se encuentra situada en el centro del Cáucaso Norte, entre el mar Negro y el Caspio, haciendo frontera con Georgia. Tiene un millón largo de habitantes y una extensión similar a la de la provincia de Zaragoza. Más del 90% de sus habitantes son étnica y culturalmente chechenos, lo que supone que comparten una identidad de una extraordinaria solidez. La primera lengua de la práctica totalidad de los chechenos es el checheno, no el ruso, y son mayoritariamente musulmanes sufíes. El sufismo es una interpretación espiritual y mística del Islam suficientemente flexible como para permitir conjugar las estructuras y los valores tradicionales chechenos con los preceptos islámicos. Internamente la sociedad se estructura en clanes que funcionan de forma semiautónoma y existe un código moral específico articulado en torno a las adat o leyes de la montaña, que contemplan cuestiones como el honor, la hospitalidad, el coraje o la austeridad, y que en la práctica se entremezclan con la sharía. En Chechenia, escribió Sebastian Smith, “la familia patriarcal importa más que el Estado” y “la mezquita más que la policía”. O al menos, así era antes de que las últimas guerras trastocaran radicalmente la sociedad chechena.

Las diversas divisiones clánicas y religiosas, sus enfrentamientos, lealtades y posiciones con respecto al poder ruso, han jugado un papel fundamental en la historia chechena de los tres últimos siglos, marcados por un enfrentamiento sin cuartel contra Rusia que ha acabado asumiéndose como un elemento más de la identidad chechena. Un enfrentamiento marcado por la alternancia entre la gazáwat -término que suele identificarse con la yihad aunque tiene una connotación de guerra defensiva o de liberación- y el Ketmán, la sumisión aparente en espera de que las condiciones mejoren para volver a levantarse contra los rusos.

Desde que en la segunda mitad del siglo XVIII el Imperio de los zares se decidiese de forma firme a anexionar el Cáucaso, iniciándose las Guerras del Cáucaso que aparecen en la literatura de Tolstói o de Lérmontov, hasta hoy, los chechenos -solos o aliados con otros grupos étnicos del norte del Cáucaso- no han parado de causarle problemas a Moscú. La rebelión liderada por Shaykh-Mansour entre 1785 y 1791 o la guerra encabezada por el Imam Shamil entre 1829 y 1859, que acabó con la deportación forzosa de varios cientos de miles de musulmanes caucasianos a Jordania y a Turquía, son los ejemplos más conocidos. Pero entre 1860 y 1917 los chechenos se levantaron 17 veces contra el poder ruso.

En 1917 la dificilísima situación rusa, con las revoluciones de febrero y octubre, la Primera Guerra Mundial y el inicio de la guerra civil, se reveló como un marco propicio para que los norcaucasianos buscasen de nuevo su independencia. En 1918 llegaron a crear una efímera república independiente que fue abolida en 1919 cuando los ejércitos blancos de Denikin conquistaron Grozni –capital de Chechenia-. La sustituyó entonces el llamado Emirato del Norte del Cáucaso, que canalizó la lucha de los montañeses contra Denikin en alianza con los bolcheviques. Cuando ganaron la guerra civil, los soviéticos no tardaron en olvidar las promesas de autonomía que habían hecho a los caucasianos. En 1936 crearon la República Soviética Autónoma de Chechenia-Ingushetia (los ingushes son un pueblo vecino de los chechenos, étnica y culturalmente muy próximos a ellos). Los chechenos siguieron rebelándose contra los bolcheviques durante todo este período, incluso durante la Segunda Guerra Mundial, y en 1944 Stalin decidió acabar de forma tajante con el problema aboliendo la República de Chechenia-Ingushetia y deportándolos bajo la espuria acusación de haber colaborado con los nazis.

En 1957 Kruschev, en un contexto de revisión y condena de los crímenes estalinistas, restableció la República y dejó volver a los deportados, si bien durante toda la época soviética los chechenos vivirían en condiciones mucho peores que los rusos que habitaban en su propio territorio (cerca del 23% hacia 1989) y sometidos a una fuerte discriminación en toda la URSS. Con Gorbachov al frente de la URSS, la glásnost y la perestroika posibilitaron, en Chechenia como en otros lugares, el florecimiento de movimientos políticos y sociales de liberación nacional, alentados además por el cruce de guiños e invitaciones a las repúblicas étnicas lanzados por Yeltsin y Gorbachov en su particular lucha por el poder.

En 1990 se reunió en Grozni un Congreso Nacional Checheno cuyas diversas facciones coincidían en reclamar la completa soberanía de Chechenia-Ingushetia. Al frente del mismo se colocó Dzhojar Dudáyev, el único checheno que había logrado ser general del Ejército Rojo. Habiendo presenciado en primera persona las independencias bálticas, Dudáyev pensó que Chechenia, de un tamaño parecido a Estonia y menos rusificada, podría seguir el mismo camino. El fracaso del golpe de estado comunista de agosto de 1991 debilitó al Partido Comunista Checheno y fortaleció a este Congreso Nacional Checheno, cuyo brazo armado tomó por asalto el Soviet Supremo en septiembre. Acto seguido se celebraron unas elecciones fraudulentas que ganó por Dudáyev y se proclamó la independencia de Chechenia el 1 de noviembre de 1991. Ingushetia no siguió la misma senda y decidió integrarse en Rusia.

Durante los tres años siguientes Chechenia funcionó como un Estado independiente de facto. Tras un intento fallido de retomar la república, Yeltsin acabó retirando las tropas rusas de Chechenia a principios de 1992, entendiendo que Rusia tenía problemas más acuciantes que aquel. Yeltsin dejó hacer a Dudáyev, que conformó una República independiente, bautizada en 1993 como República de Ichkeria, de carácter militarista, autoritario y personalista, que tuvo que lidiar desde el inicio con una galopante crisis económica. El autoritarismo de Dudáyev y la propia división clánica de Chechenia acabó derivando en una guerra civil de baja intensidad, con una oposición sostenida por clanes prorrusos que controlaban pequeñas zonas de la república y eran apoyados por una Rusia cada vez más centralista. En noviembre de 1994 esta oposición, armada y apoyada por Rusia, intentó tomar Grozni pero fracasó estrepitosamente.

Poco después de ese fracaso, en diciembre del 94, Rusia se decidió a tomar cartas en el asunto de manera directa e invadió Chechenia con el objetivo de acabar con la tentativa independentista. La explicación a este cambio de política por parte de Rusia hay que buscarla en el rápido renacimiento de un discurso imperialista; en la voluntad de desviar la atención de los graves problemas económicos y sociales internos buscando enemigos externos; en la importancia geoestratégica y geoeconómica de Chechenia -sobre todo como zona de paso del principal oleoducto que transportaba el petróleo del Caspio y por la industria de refinado de petróleo, ya que su producción de petróleo estaba ya en horas bajas- y en la necesidad de un castigo ejemplarizante que quitase las ganas de independizarse a las demás repúblicas étnicas rusas (se trataba, en palabras de un importante dirigente ruso, de cerrar la puerta con suficiente fuerza como para que temblaran los cristales de los vecinos).

Los rusos iniciaron así una guerra para la que no se habían preparado suficientemente, confiados en que sería un paseo militar. En lugar de ello se encontraron con una resistencia feroz que causó 7000 bajas al ejército ruso en año y medio: la mitad de las que tuvo en Afganistán en diez años. Finalmente la resistencia chechena logró obligar a Rusia a firmar un acuerdo de paz en agosto de 1996 que ya no podría firmar Dudáyev, asesinado poco antes. Ese acuerdo de paz suponía la retirada de los contingentes rusos y aplazaba por un período de cinco años el debate definitivo sobre el estatus de Chechenia. La guerra había dejado entre 50.000 y 100.000 civiles muertos, 200.000 heridos y medio millón de refugiados, amén de causar enormes daños materiales, ecológicos y psicológicos. Las fotos del acuerdo de 1996 venían a corroborar que las guerras, como decía Eric Flakoll, las hacen jóvenes que no se conocen ni se odian pero que se matan, y las dirigen viejos que sí se conocen y se odian pero no se matan.

Chechenia iniciaba así, en fin, una nueva etapa de independencia de facto. En enero del 97 se celebraron unas elecciones libres, supervisadas por organismos internacionales, que se saldaron con la victoria de Aslán Masjádov, un independentista moderado que había sido el principal artífice del éxito militar checheno en la guerra. Pero este nuevo período de independencia iba a ser aún más convulso que el período de Dudáyev: el país estaba arrasado y las compensaciones económicas que Moscú había acordado pagar no llegaban correctamente. La corrupción, el robo y la venta ilegal de petróleo, así como la puesta en marcha de una auténtica industria del secuestro caracterizarían a la Chechenia de Masjádov. Internamente las tensiones políticas eran cada vez mayores, especialmente entre el sector independentista moderado del presidente Masjádov y los grupos próximos a un islamismo radical que había entrado en Chechenia precisamente a raíz de la contienda, impulsado por la generosa financiación procedente de algunos países árabes. Todo ello, sumado a la existencia de numerosos señores de la guerra con ejércitos personales (también como consecuencia del conflicto con Rusia) convirtieron la vida de la república en un caos que Masjádov no pudo revertir a pesar de su innegable capacidad política.

En agosto de 1999 unos 1500 hombres armados dirigidos por Shamil Basáyev, principal referente del sector radical checheno opuesto a Masjádov, invadió la república vecina de Daguestán supuestamente con el propósito de establecer una república islámica en el Cáucaso norte. Los rusos lo obligaron a replegarse y a volver a Chechenia en una operación con numerosos ángulos muertos. En septiembre de ese año explotaron varias bombas en edificios de viviendas de Moscú y de otras dos ciudades rusas, causando 300 muertos. El Kremlin culpó a los chechenos de los atentados -aunque existen dudas razonable sobre la participación en los mismos de los propios servicios secretos rusos- y utilizó estos episodios como casus belli para justificar una nueva invasión de Chechenia, que se inició en octubre.

Esta vez el ejército ruso, mejor preparado, logró tomar Grozni en enero del año 2000, de nuevo con numerosas bajas, iniciándose después una guerra de guerrillas esencialmente en la montañosa zona sur de la República y que en cierta medida se ha mantenido hasta hoy. Esta segunda guerra ha estado caracterizada no solo por la existencia de enfrentamientos directos, sino también por el uso recurrente del terrorismo por parte de un sector de la guerrilla chechena -en ocasiones contra objetivos civiles rusos- y por la transformación de lo que era un conflicto de liberación nacional en un metaconflicto, esto es, en un conflicto sobre la propia naturaleza del conflicto. Entre la resistencia chechena se hizo cada vez más obvia la fractura entre un sector moderado, proclive a negociar, nacionalista y que condenaba el terrorismo (liderado por Masjádov, asesinado en 2005); y un sector radical que defendía la vía terrorista y subrayaba el factor religioso por encima del nacional, liderado por Basáyev (apodado “el Bin Laden del Cáucaso”, asesinado en 2006).

Después de los acontecimientos del 11-S el sector moderado dejó de contar con la simpatía occidental y la postura de EEUU sobre Chechenia cambió radicalmente. El sector radical, único capaz de sostener la lucha gracias a los fondos de determinadas redes islamistas, fue ganando peso mientras la lucha se extendía también a otras repúblicas musulmanas rusas del Cáucaso Norte. Finalmente en 2007 el entonces presidente de Ichkeria (la Chechenia Independiente, que ya no tenía base territorial real), Dokku Umárov, abolió la República y proclamó el Emirato del Cáucaso Norte, que englobaba también a las repúblicas vecinas. Algunos sectores de la insurgencia chechena no aceptaron esa medida y siguieron luchando bajo la bandera nacionalista, cada vez más mermados y con el escaso apoyo simbólico de un gobierno de Ichkeria en el exilio en la práctica totalmente inoperante.

Por otra parte, tras hacerse con el control de la mayor parte de la República, Rusia colocó en Grozni una administración prorrusa, organizó unas elecciones fraudulentas en 2003 y dotó al territorio de una constitución. Al frente del gobierno checheno prorruso se puso a Ajmed Kadírov, antiguo independentista que decidió cambiar de bando. Cuando Ajmed fue asesinato por la guerrilla en 2004 se colocó al frente de Chechenia a su hijo Ramzán Kadírov, aunque el cargo de presidente no lo asumiría formalmente hasta 2007. Desde entonces hasta hoy, Ramzán se ha caracterizado por instaurar en Chechenia una dictadora brutal y extravagante marcada por la corrupción, la fidelidad a Putin, la violación sistemática de los DD.HH., el culto a la personalidad, la chechenización del conflicto (es decir, la retirada progresiva de las tropas rusas y su sustitución por milicias chechenas prorrusas) y una reconstrucción a primera vista espectacular pero que esconde innumerables abusos.

Esta segunda guerra de Chechenia se ha cobrado la vida de cerca de 50.000 civiles, 5.000 soldados rusos y 15.000 combatientes chechenos, y actualmente sigue dejando entre 700 y 1000 muertos cada año en el Cáucaso Norte (fundamentalmente en Daguestán, Chechenia, Ingushetia y Kabardino-Balkaria) entre civiles y combatientes de ambos bandos.

Está por ver hasta dónde y hasta cuándo se prolongará la alianza entre Putin y Kadírov, qué va a suceder si la insurgencia consuma el objetivo de atentar contra el líder prorruso o si los todavía débiles movimientos sociales prodemocráticos en Rusia conseguirán promover cambios serios en la situación de la zona. Del mismo modo es difícil aventurar cómo pueden repercutir en esta zona la situación de Abjasia, Osetia o Nagorno-Karabaj, los problemas entre Rusia y Turquía, las guerras de Afganistán y Siria o la compleja situación ucraniana. Lo que sí es seguro es que la guerra ha dislocado la sociedad chechena. La edad media es ahora de poco más de 20 años, casi no hay ancianos, que tenían un papel rector clave en los clanes, y los jóvenes llamados a buscar soluciones a la situación han crecido mamando guerra, destrucción, miseria y odio. No pocos se han visto seducidos por el islam rigorista, sus propuestas de reforma, su ideología fuerte y unitaria o sus promesas de justicia social, produciéndose una ruptura generacional que parece insalvable. Los efectos de la guerra a otros niveles tardarán también, todavía, mucho tiempo en desaparecer.

El conflicto ruso-checheno ha dejado al descubierto la verdadera naturaleza de la Federación Rusa y tiene mucho que enseñarnos. El problema checheno es también el nuestro, y no me refiero sólo a la influencia de Occidente en el desarrollo del conflicto, transigiendo de manera evidente con los crímenes de la Rusia proveedora de materias primas, especialmente desde que en 2001 todo quedó subsumido bajo ese manto igualador y un tanto idiotizante del terrorismo internacional. Me refiero también, de forma más general, a que este conflicto nos acerca a las tripas de realidades que nos afectan a todas: la doble moral y el doble lenguaje del poder; la corrupción, la manipulación informativa, ideológica y política por parte de las élites; el uso del miedo y de la guerra sucia; los peligros de la exclusión y de la xenofobia; la supeditación de cualquier consideración de carácter moral a la realidad económica; la utilización interesada de la religión con fines políticos o económicos; el desastre ecológico; las tensiones entre progreso y tradición -y los peligros del progreso- y, en fin, la barbarie. La barbarie repetida de manera cíclica también en Europa, desde los judíos de Auschwitz a los bosnios de Srebreniça y a los chechenos del punto de filtración de Chernokozovo. Como señalara el humorista estadounidense Will Rogers, no puede decirse que la civilización no avance: en cada nueva guerra podemos matarnos de una manera diferente.

 ***Fotografía: Familia chechena, 1977. Por Igor Palmin. https://www.flickr.com/photos/igorpalmin/

EL MINISTERIO DEL TIEMPO. IDEOLOGÍA Y PROPAGANDA.

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Anoche Televisión Española estrenó la esperada segunda temporada de El Ministerio del Tiempo, una serie que el año pasado logró fidelizar a más de dos millones y medio de espectadores y que ha recibido tantos premios como elogios por parte de la crítica. La intención de este post no es hacer de menos los evidentes logros de la serie, y dios me libre de enfadar a la legión de fans que se ha granjeado –los llamados ministéricos. No pretendo buscarle las vueltas a la originalidad de la propuesta (en ocasiones se le ha achacado cierta proximidad argumental con la británica Doctor Who) ni a la calidad de las reconstrucciones históricas que ofrece, y tampoco me duelen prendas si se trata de reconocerle que ha logrado acercar la historia a públicos tradicionalmente poco o nada interesados por ella. Yo mismo sigo la serie y tengo pensado seguir haciéndolo porque, qué demonios: me entretiene.

Sin embargo El Ministerio del Tiempo no es un producto televisivo inocente. Antes bien, se trata de una producción claramente ideologizada que encaja a la perfección con el resto de la programación que viene ofreciéndonos RTVE y, en consecuencia, con los intereses de quienes dirigen nuestro ente público de televisión. El planteamiento de la serie pretende apuntalar dos ideas: la primera está relacionada de manera específica con la historia de España; en tanto que la segunda se vincula a una forma concreta de entender el pasado, el progreso y el funcionamiento de las sociedades. La promoción de ambas no es ajena a una institución como el Estado, que a tal fin utiliza desde los cauces más académicos -fijando, o tratando de fijar, una historia oficial- hasta aquellos ámbitos más divulgativos o los vinculados al mundo del entretenimiento.

En lo que hace a la primera de las cuestiones mencionadas, la serie presenta un discurso que tiende de manera clara a reforzar la imagen de unidad de España. Se emplean lugares comunes y mitos fundacionales para insistir en la idea de una historia de España lineal. Hay de hecho cierta ambigüedad sobre los puntos espacio-temporales a los que se puede viajar desde el Ministerio: si supuestamente hay puertas que comunican el presente con cualquier punto que haya sido dominado por España en una época determinada –se puede viajar, por ejemplo, al Portugal de la Unión Ibérica (1580-1640)-, cabría preguntarse qué España dominaba Atapuerca o por qué hay una puerta que lleva a la Segovia romana… Así, España es presentada, poco más o menos, como una unidad de destino en lo universal. Si fuésemos muy mal pensados quizá habríamos de reflexionar sobre la coincidencia cronológica entre la puesta de largo de El Ministerio del Tiempo y el Procès Constituent a Catalunya (o desafío independentista catalán, como prefieren llamarlo la mayoría de los medios nacionales). Al cabo el objetivo último del Ministerio del Tiempo es evitar que alguna clase de accidente o de interés espurio altere nuestra historia. Así las cosas, este Ministerio se erige en auténtico  “guardián de la historia”, acaso continuando la labor de aquellos historiadores del siglo XIX que se encargaron de apuntalar la historia oficial de la nación y a los que Ignacio Peiró dedicó su magnífico libro Los guardianes de la Historia.

En cuanto a la segunda cuestión, El Ministerio del Tiempo nos sigue mostrando esa “Historia de tambor y trompeta” a la que se refiriera en su día Julián Casanova para denunciar el tipo de Historia que premian, año sí y año también, los Premios Nacionales de Historia. Es, en definitiva, el tipo de Historia que defienden también, con desigual eficacia, otros productos televisivos de la misma cadena como Isabel o Carlos, Rey Emperador. Una historia desde arriba, de reyes y grandes hombres que forjaron el destino de una nación, que hicieron de España “un gran país”. Aunque en este caso hay que agradecerle a la serie que introduzca en la ecuación el factor cultural y la historia de los grandes talentos del Arte, la Ciencia y la Literatura patrias, la idea central no varía: lo que nos ofrece la pequeña pantalla es la Marca España. Apenas queda rastro de quienes –parafraseando las Preguntas de un Obrero que lee, de Bertold Brecht-, arrastraron los bloques de piedra que hoy admiramos en nuestros palacios, castillos y catedrales. No queda sitio para los que corrieron con los gastos.

ES LO QUE HAY… PERO NO NOS GUSTA: CASTILLOS EN EL AIRE Y DEMOCRACIA INCLUSIVA

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Se trata de una relación causa-efecto ampliamente comprobada. Al menor atisbo de disenso con el actual sistema político, social y económico, le será dispensada una de las siguientes sentencias: 1. las cosas son como son; 2. es lo que hay; 3. no queda otra que tragar; 4. no existe una alternativa que funcione; y 5. el mundo es así –acompañada esta última de: a) no lo he inventado yo, o b) ya me gustaría a mí que…-.

Con envidiable rapidez mental, su interlocutor hará también el preceptivo viaje desde el conformismo y la autojustificación hasta la desacreditación de la diferencia: hay que tener los pies en la tierra, le dirán. Lo que propones es un brindis al sol, le dirán. Son utopías, castillos en el aire. Bonito término por cierto este último: en su genial “Diccionario de los lugares comunes” Flaubert lo define como “ideas superiores que no se comprenden”.

¿Qué es lo que propones tú? –le preguntarán a menudo. En realidad su contestación no importa mucho, porque es bastante probable que su interlocutor ya tenga cargada alguna variante del “no funcionaría” en su DVD de respuestas. Siempre es el mismo DVD de respuestas, por cierto. Creo que se titula “Respuestas para gente que no duda”. Ante un “no funcionaría”, yo suelo invitar a mi interlocutor a la reflexión: ¿ah, que esto SÍ FUNCIONA?… ¿de verdad?… ¿para cuántos funciona?… ¿para quiénes?… ¿por cuánto tiempo va a seguir funcionando? A menudo no consigo que reflexione mucho, pero me quedo la mar de ancho.

En realidad, criticar el funcionamiento actual de las cosas, el sistema, resulta bastante sencillo. Desde la desigualdad flagrante que produce hasta sus gravísimos efectos sobre el planeta, sobran evidencias de que el capitalismo no es precisamente la panacea. La cosa se complica un poco, eso sí, cuando se trata de plantear alternativas. En este sentido, hoy me apetecía dar cuenta en el blog de una propuesta, la de la democracia inclusiva, que pone sobre la mesa una alternativa integral a la miseria que padecemos. Y lo hace, además, apoyándose en una crítica sistemática de las claves de esa miseria y ofreciendo estrategias concretas a corto y a medio plazo para alcanzar el modelo de sociedad que defiende.

La propuesta, presentada por el filósofo y activista griego Takis Fotopoulos, reivindica la construcción de una sociedad verdaderamente democrática y concreta la articulación de esa democracia en cuatro ámbitos básicos:

  • En el ámbito político propone una democracia asamblearia que garantice un reparto equitativo de poder entre todos los miembros de la sociedad, sin que existan jerarquías permanentes.
  • En el ámbito económico aspira a que las políticas macroeconómicas sean decididas por el conjunto de la ciudadanía, y a que se ponga en marcha un modelo de consumo individual no monetario que permitiría evitar cuestiones como la acumulación de capital o la especulación.
  • En el ámbito social se propone democratizar todos los espacios en que el individuo desarrolla su vida diaria (trabajo, escuela, etc.), haciéndolos funcionar de forma autogestionada y asamblearia. También plantea medidas para democratizar los hogares y su funcionamiento interno.
  • Por último, persigue democratizar las relaciones entre el hombre y el medio natural instaurando una democracia ecológica. La idea es que el cambio del modelo productivo y la puesta en marcha de una sociedad que mantenga un ritmo de vida cabal, sin perseguir la ostentación ni la acumulación obscena de riqueza, nos permitirán vivir dignamente sin necesidad de cargarnos el planeta por el camino. Sobre esta base la propuesta podría encajar perfectamente con los planteamientos del decrecimiento.

Por supuesto el modelo es marcadamente municipalista. Implica un funcionamiento desde abajo hacia arriba y una organización política territorial basada en pequeños núcleos que se confederarían libremente con otros para hacer frente a los retos y necesidades que precisen de respuestas supralocales.

En estos tiempos que corren cada vez está más claro que no se puede esperar mucho de las instituciones de las democracias representativas capitalistas. Las ocupe quien las ocupe. El diseño institucional no es inocente: tiene una carga ideológica enorme vinculada al proceso de construcción de los Estados burocráticos. Y es también conocido que las posiciones modifican a los sujetos o, si lo prefieren, que las instituciones se acaban comiendo hasta las mejores intenciones.

Así las cosas no parece justo tachar de utópica una propuesta como la de la democracia inclusiva, que yo he explicado aquí de manera escuetísima y por tanto necesariamente mal (podéis encontrar más información en castellano en este link). Como señala Fotopoulos, se basa en una crisis multidimensional existente y recoge descontentos relativamente extendidos entre la población. Aun así, es fácil suponer que muchos de quienes nos rodean seguirán pensando que no tenemos los pies en el suelo. Esperemos que sus nietos no tengan que reprochárselo. Si se ponen muy pesados, les recomiendo que recurran a una respuesta que le escuché en una ocasión al politólogo Carlos Taibo: “Puestos a defender algo, yo prefiero defender algo bonito”.

 

***Fotografía: “Luego feroz”, de Ana Rey. https://www.flickr.com/photos/anarey/

CONCEPCIÓN DANCAUSA Y LA DIVISIÓN DE LOS ESPAÑOLES

Escribo esto a vuelapluma y sin mucha reflexión de por medio, así que me vais a perdonar los gazapos si los hubiere. Acabo de escuchar a la señora Concepción Dancausa, delegada del Gobierno en Madrid, hablar en la SER al calor de la polémica por la metedura de pata de Ahora Madrid con el tema de la retirada de símbolos franquistas. Siguiendo el conocido argumentario del PP en esta materia, la señora Dancausa ha apuntado que lo mejor es dejar las cosas como están, que “la historia es la que es” y que ya se hizo una transición y hubo una ley de amnistía. No es razonable ni pertinente hacer nada –concluía- que vaya a dividir a los españoles.

Como este es un blog muy modesto, estoy seguro de que la señora Dancausa nunca llegará a leer estas líneas. Pero con todo y con eso me gustaría decirle algunas cosas. Para empezar, señora Dancausa, me gustaría decirle que la historia no es la que es. La historia es una construcción, una reinterpretación del pasado que se hace desde el presente y es por lo tanto cambiante y necesariamente subjetiva. En el mejor de los casos –que no es siempre el de algunos de los historiadores de cabecera de su partido, dicho sea de paso-, la historia es honesta y polifónica, dando cabida a todas las voces del pasado y no solo a la voz de unos pocos. Pero nunca, nunca, “es la que es”.

La forma en que encaramos nuestro pasado guarda también, señora Dancausa, una relación estrecha con el proyecto de futuro que queremos. La guerra y los crímenes de la dictadura franquista están en el centro de nuestra memoria colectiva, marcan claramente la identidad de muchos españoles de hoy y afectan de manera directa a la sensibilidad de otros tantos. Se entiende, eso sí, que entre estos últimos no haya, señora Dancausa, muchos hijos de políticos falangistas (por ubicar un poco el tema: el padre de la señora Dancausa fue procurador en Cortes durante la dictadura y promovió luego esa filantrópica institución que es la Fundación Francisco Franco).

Al final siempre están ustedes con la transición en la boca, señora Dancausa. Y con la ley de amnistía del 77, esa que el Comité de Derechos Humanos de la ONU nos reclama con insistencia que retiremos para poder investigar los crímenes del franquismo. La transición, señora Dancausa, se hizo en buena medida desde el miedo. No se hizo cerrando heridas: las heridas siguen abiertas. Lo que se pretende es, precisamente, cerrarlas. No sé si le suenan, señora Dancausa, las comisiones para la verdad y la reconciliación, que se han puesto en marcha en varios países como vía para una verdadera superación de pasados traumáticos desde la base de la justicia restaurativa. El lema de la Comisión para la Verdad y la Reconciliación de Sudáfrica (para la reparación de las violaciones de DD. HH. cometidas por el régimen del apartheid) lo estableció Desmond Tutu y decía: “Sin perdón no hay futuro, pero sin confesión no puede haber perdón”. Se trata de conocer el pasado, señora Dancausa, y de reconocer los errores para poder repararlos en la medida de lo posible. Se trata de ser permeables y sensibles con las personas afectadas por esos errores, señora Dancausa. No es tan difícil.

TUITEA COMO SI ESTUVIERAS EN LA ANTIGUA ROMA

El miércoles pasado circuló por Twitter el hashtag #TuiteaComoSiEstuvierasEnLaAntiguaRoma. Porque soy tonto, porque soy historiador o por lo que sea, me hizo mucha gracia lo que se generó al calor de ese hashtag. Así que he decidido hacer una especie de recopilación personal de grandes éxitos, para las risas, aunque se aleje un poco del tipo de cosas que pretendo ir publicando en el blog. Ahí va.

Hay gente a la que eso de tuitear como si estuviera en la antigua Roma no le supuso un estímulo especial, también os digo:

Juantxu65 P @Juantxu95P  Ya lo hago, tumbao, medio en pelotas, rascandome los huevos y comiendo con las manos.

 

Y es que al final lo de vivir en el Imperio Romano era una fiesta continua, bien lo saben los de Extremoduro…

Pandereto@dstoylotro Salir, beber, beber, guerra, orgia, beber, comer, orgia, beber, guerra, beber, el rollo de siempre.

Prot@padawanyellow Gin-tonic jacta est

 

Pero a muchos otros el tema los inspiró. Igual porque al fin y al cabo somos herederos de la cultura romana, y eso se nota. Dos mil años han pasado, y los discursos políticos siguen igual, oye. Elaborados, profundos:

Cherry@CisCherry ¡Roma es una gran nación! Y los romanos muy romanos y muchos romanos.

Ciudadano Koba@KobaML El esclavismo genera riqueza y puestos de trabajo

Javier Campos@Tlilectic Críticas el esclavismo pero luego bien que usas las calzadas

Yauma de Isbiliya@YaumaVictrix “Un ánfora es un ánfora y una crátera es una crátera” – Lépido

Ciudadano Koba@KobaML La ciudadanía romana no la perderían – ¿Y la latina? – La tienen tambien por que tienen la romana

byladyluck@byladyluck “Al Cesar lo que es del Cesar” Hacienda somos todos!

Informática CGT@Informatica_CGT Vale que estamos invadiendo Lusitania, pero Viriato no es ningún santo

Yuxtágoras@Yuxtagoras “Son unos hilitos de lava sin importancia.” (Marianus Rajoyus, político de Pompeya)

Juan García@JuanicoGarcia Tengo un primo en Hispalis que es científico que no se cree eso de que el Vesubio vaya a erupcionar

 

Y qué decir del poder, de su discurso, de la asunción de ese discurso por parte del pueblo, de los intentos de que no cambie nada… Todo igual:

Patri @CrisalidaDeAyre ¡Ave, César! Los que van a morir te la sudan.

Vimes Falsarte@ComandanteVimes ¿Eres esclavo? Pues haber estudiao.

Sam@Sam_G_G ¿Qué los esclavos nos liberemos por la fuerza? Lo que propones es una utopía, Espartaco

Mikel Uribe@mikel_uribe ¿¿¿Y LOS C MILLONES DE MUERTOS DE VIRIATO Y SUS LUSITANOS, QUÉ???

María Carbón Salas@Maria_Carbon -No me gusta ese tal Jesús, mira que pintas lleva. -A mí me preocupa su impacto en los jóvenes.

 

Luego está lo del sistema político, que al final tampoco ha cambiado tanto, qué queréis que os diga:

Sr Pepeleches@Sr_Pepeleches Es el romano el que elige al emperador y es emperador el que quiere que sean los romanos el emperador

Mínimo 10º Entero@SerketShek Yo no voy a votar, para qué, si nos cargamos a un dictador y nos han puesto a tres, todos ladrones

José M. García@elHartazgo Espartaco se subleva y funda un nuevo partido político: Escapemos

Sise@Sisekat Con esas pintas, el pelo largo que parece que tenga piojos, quiere hablar en el templo??

 

Y lo del hiperconsumismo en la Roma clásica, claro:

Espartanako@Espartanako -Y ese carro? – Alemán, mi señor. – Bárbaro! – jajaja – jajaja

Dani Heras@danielheras1998 -Bonita toga ¿Es de Zarum? -No, de Stradivarium.

 

La Edad Antigua tenía sus profetas, los sociólogos del siglo I … qué digo… ¡la Metroscopia del siglo I!

Profeta Baruc@Profeta_Baruc -Voy a abrir un negocio de relojes de arena. -Eso no tiene futuro, Casio.

SteamChat @gilciddediego Los cristianos son unos frikis (Arriolus)

 

Las tradiciones son cosa importante, y los romanos las cuidan y las protegen con argumentos de mierda, mediterráneamente:

Vimes Falsarte@ComandanteVimes Pero hombre, es una tradición. Además, el cristiano no sufre. ¿No ves que los crían para esto?

Regino Mateo@ReginoMateo ¡Pero si dejamos de arrojar cristianos a los leones los leones se extinguirían!

 

En Hispania vamos tirando como podemos… Con nuestros politiqueos y eso, ya se sabe…

safollao a tol puebl@LadyEnfloro Me gusta Hispania, me gustan sus gentes, son emprendedores, hacen cosas

Edimurfi @Juancarlingus -oferta, ofertae, ofertarum, ofertis… -¿Qué hace Sr. Rajoy? -declinar su oferta Don Felipe.

Carlo@MonteCarles Menudas pintas para ir al Senado, guardaos de esos jóvenes de cinturón flojo!

Gabri@CosasDeGabri –Pedro, en una sonrisa del destino sobre esta piedra construirás mi Iglesia –Nivel Dios, Pablo

вαcιαмι мσℓтσ@TomatoPirate Mi vástago de 6 años: Ese traje de centurión no es de verdad No te lo perdonaré jamás, Julio César

Sam@Sam_G_G Tengo un familiar en Cartago que me ha dicho que allí no tienen vendas para limpiarse el culo.

 

Y las movidas con lo de la unidad del Estado:

Yauma de Isbiliya@YaumaVictrix Madre mía el procónsul de la Tarraconense quitando el busto de Domiciano del foro

Max Rotunno@rotumax Roma ens roba

 

Que lo de la corrupción pues oye, algo tendría que ver en que todo anduviese hecho una mierda. Y de ese tema se sabe mucho en las penínsulas mediterráneas, así en general, casi desde siempre…

Anacleto Panceto@Xuxipc  ¿5.000 sextercios de sobrecoste por un acueducto que se está desmoronando? ¡Traedme a Calatravus!

Monforte@19Ngel Craso, sé fuerte.

Andrew.@AndreaPerrote Mariano Rajoy: Tu también Rus, hijo mío.

Qué hostia !!! @vayamare Urge cicuta para una movida muy gorda en Valencia. Att. Russini

 

Que aunque no sea lo mismo, también es verdad que los ciudadanos de a pie tenemos lo de la picaresca y el pagar las chapuzas sin IVA y tal…

Publio Galieno@Galieno_Augusto Vendo tablilla para escribir y regalo 2 entradas de palco para los juegos de gladiadores 1000 denarios

 

Menos mal que el Estado se preocupa, eso sí, por nuestra seguridad:

Peggy la cerdi@Marisaromansanv Siempre que vayas en cuadríga no olvides tu Centurion de Seguritatis

esecundarios@esecundarios No podemos ponernos el casco por ti. (Directionem Generalis Transit)

 

Lo del fenómeno fan ha existido siempre. Y lo del chonismo y eso, también:

Cuidado que muerdo@Francisk1t0 —Tía anoche me lié con un gladiador   + ¡Tía chat ya!

Fulvia Bambula.@FulviaFlacca – Tía, Cayo Julio César Augusto Germánico me ha dejado. +Tía, damnatio memoriae ya.

 

Y es que los medios de comunicación y el mundo del espectáculo tiran mucho, joder:

Rocío Vega@rovegah Hoy en Hermano Mayor: Nerón es un adolescente tiránico que ya ha intentado matar a su madre 5 veces.

Ernest Scribbler@ScribblerErnest -Vienes al circo? -No, ve tu, que hoy estrenan Sapere et Vincere en la II, con Jordi Hvrtado

Maestro Ciruela@Master_Plum Trescientos anfiteatros en el Imperio y en todos ponen lo mismo.

Kuzzam@herculescea Esta loba amamantó a dos hermanos. Lo que pasó a continuación te sorprenderá.

Serpico@serpico9810 El centurión pilló a Flavius Briatorius encima de una romana +Y qué dijo? -Que se estaba pesando

 

Los romanos tenían sus grandes éxitos, sus bailes, sus canciones del verano. Sus cosas, coño. ¿Qué os pensabais?

El curioso comunista@iCuriosoOficial – LA VIDA DEL HUNO, LA VIDA MEJOR, SIN TRABAJAR, SIN ESTUDIAR.

Manuel Jaime@nugallao – A formar! – Sí, centurión! A formar la gosadera! – ? -La Galia me lo confirmó.

 

Y luego lo de la fractura generacional y eso, que siempre está ahí. Los jóvenes romanos tampoco sabían nada de la vida:

TecnologíaDelBotijo@TecnoBotijo —¡Mira como escribe la juventud! Sin declinar. Ahí todo igual siempre. —¡Se están cargando el idioma!

Taverner@TavernerV Cristianismo? Tu que sabrás de cristianismo. Nosotros corrimos delante de los legionarios!

Rocío@Rocigaot Cuando yo era joven sí nos divertíamos en las bacanales. Ahora es postureo y posar para los mosaicos

 

¿Cómo te lo tengo que decir para que lo entiendas? ¿En latín? El tema del idioma dio para mucho…

Mactapo@MacTrapo LA RAE ACABA DE ACEPTAR COCRETUM

NuevasDegeneraciones@nn_dgg -Ayer le mandé a mi amada un poema en latín. +Y qué hizo? -Declinó mi proposición jajaja!

ryuzaki@durdenrr -¿Tienes pañuelos? +¿De Kleenex? -Pañuelo, pañuelae pañuelorum.

Fulvia Bambula.@FulviaFlacca Como diría mi buen amigo @Nvmantinvs , “Coito ergo sum”

 

Y el de la numeración romana, claro… ¡estaban locos estos romanos!:

Merésimo@MeresimoDeKyria – IN BINO BERITAS – Será con V. – Por el culo te la hinco.

Angelote Palote @Descastado Seamos sinCeros, seamos romanos.

 

Luego está el capítulo de bromas históricas… Alguna es para mearse encima, qué queréis que os diga. Julio César y Nerón fueron personajes muy recurrentes….

Cayo Julio César@g_iul_caesar En mis tiempos todo esto eran galos.

Demóstenes@D3mostenes César ha sido asesinado, suena Michel

BAH!@ferdeles ¿Tienes fuego, Nerón?

Friedrich Nietzsche@NietzscheVC Las encuestas dicen que Nerón arrasará como Emperador

13½@elena_osbourne “¡Es mi hermana y me la follo cuando quiero!” Calígula.

Francisco Abuín@Yset Lo que pasa en Pompeya, se queda en Pompeya

Profeta Baruc@Profeta_Baruc Examen de historia, no vale mirar por la ventana para copiar.

 

La vida cotidiana, la idiosincrasia de las gentes, las frases hechas… Qué bonito todo:

HistoriadorasCabreás@HasCabreadas ¿QUE BRUTO HA ASESINADO A JULIO CÉSAR? QUE RARO, SI SIEMPRE SALUDABA.

Greisqueli@DadmeDrogga -Me tenéis el coliseo perdido de cáscaras de pipas! ( El acomodatorum del Coliseo. Siglo I A.d.C)

 

Y ese humor del romano de a pie…

Vimes Falsarte@ComandanteVimes -¿Quién se presenta al consulado? -¡El que tengo aquí colgado! -¿Todos los años tienes que decirlo?

Proscojoncio@Proscojoncio …y dice el centurión: “No, pero me gustaría verlas”

Gabri@CosasDeGabri –Jesús tiene sed –Dadle una Cruzcampo (Hijos de puta)

 

Tenían versión propia del negro del Whatsapp y todo:

¿Eres feliz?@MrsFrikiwoman -¡Vamos a ver quién la tiene más larga! +Príapo, contigo no jugamos, tío.

 

Y si todo esto os parece poco, recordad que les debemos grandes inventos:

La R es secreto.@LaRessecreto -¿Y si rebozamos unos calamares? -Dale.

 

Yo también puse mis tuits con este hashtag, no os penséis, y como este es mi blog, pues voy a dejar también alguno por aquí, qué coño. Al menos he tenido la decencia de colarlos al final, para que podáis dejar de leer si queréis:

Hombre Lento@Rodri_GMartin Antenna III: “Catilina y otros populares viajaron a Cartago en una trirreme fletada por Partia”

Hombre Lento@Rodri_GMartin -Buenas, quería una XXL +Querrá decir una XXX -¿Pero estoy en el Bershka o en el puti?

Hombre Lento@Rodri_GMartin -Querido Rómulo Augústulo, algún día todo esto será tuyo… +… Cojonudo papa… Cojonudo.

Hombre Lento@Rodri_GMartin Incendios en Asturias en diciembre. -Yo no he sío mama +¿Qué tú no has..? Anda tira pa´ Roma Nerón, quetequete…

Hombre Lento@Rodri_GMartin “Ls esclavos carcas sp cn la guerra bagauda dl abuelo, la crucifixión d no sé quién…” Paulus el Joven

Hombre Lento@Rodri_GMartin -Duérmete niño duérmete ya, q viene Aníbal y te comerá +¿Aníbal el caníbal? – Jajaja… Puto niño…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS ARGUMENTOS POLÍTICOS DE LA GENTE GUAPA: ¿CUÁNTO HAY QUE ESTUDIAR PARA SER DIPUTADO?

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Hoy pretendía publicar una reflexión sobre la utilidad de la Historia. Pero el viernes asistí a una nada edificante conversación mientras comía y justo venía dándole vueltas en el coche… Al final me he dicho: ¡qué coño, escribo sobre esto, si de todas formas no me lee ni Dios! Esto de abrirse un blog tiene bastante de exorcismo y de ajuste de cuentas.

En la conversación en cuestión una persona que se autoproclama de izquierdas, solidaria y socialmente comprometida esgrimió sin ningún pudor las siguientes opiniones:

  1. Que estaba muy en desacuerdo con que se considere que ser de clase alta y ser de derechas guarda relación. Que hay mucha gente de clase alta socialmente muy comprometida y que la culpa de que gobierne aquí la derecha la tienen los muchos obreros incultos que la votan, en lugar de votar a la gente que sí se preocupa por ellos.
  2. Que consideraba que no puede ser diputado cualquiera y que es imprescindible que un diputado tenga formación universitaria. Máxime cuando en España hace mucho que cualquiera puede acceder a cualquier grado de formación académica.

He de decir que yo me mantuve razonablemente al margen de la conversación, a pesar de que esta persona –a la que llamaré en adelante “ciudadano Felipe”- me afeó directamente mi abstencionismo electoral –tema del que ya hablaré otro día, si eso-. Mi abuela, que sostiene de siempre que en la mesa no se habla ni de religión ni de política (ese “silencio sensato” que amigablemente impuso la dictadura franquista, ya saben), habría estado bien orgullosa.

Ciudadano Felipe es del barrio de Salamanca de toda la vida, y tiene esa mala conciencia de clase que afecta a alguna gente guapa y bien, que se pasa la vida repitiendo que a ellos “nadie les ha regalado nada” y que son unos filántropos de la hostia y más alternativos que el ojo derecho de Fernando Trueba. Ya se sabe que un rico de izquierdas es más de izquierdas que un pobre de izquierdas y tiene mucho más mérito, porque querer compartir cuando no se tiene es muy fácil pero querer compartir cuando sí se tiene requiere una fineza moral y una grandeza de espíritu que, de hecho, permitirían explicar por sí solas por qué el rico es rico y el pobre no. El rico de izquierdas es una persona a-co-jo-nan-te. Normal que sea rico, coño. Se lo merece. En fin. Fuera como fuese me resulta interesante plantear un par de reflexiones al calor de las opiniones de ciudadano Felipe, porque creo que lamentablemente son moneda común entre gente que se considera orgullosamente de izquierdas y / o profundamente demócrata.

Aproximadamente un 35% de la población española de entre 25 y 65 años (no nos pongamos muy quisquillosos con el porcentaje exacto) tiene estudios superiores. La cosa se reduciría sensiblemente si ampliásemos la muestra a toda la gente en edad de votar, pero no importa demasiado para lo que quiero señalar. Afirmar que solo ese porcentaje de gente puede acceder a ser diputado o diputada significa excluir a dos terceras partes de los españoles de la institución llamada a representarlos. Equivale a situarlos en una especie de minoría de edad, a limitar su participación en el sistema al voto y a asumir que son gente que no es capaz de defender sus intereses y debe delegar esa defensa en otros más preparados. Está medio implícito en otra de las perlas de ciudadano Felipe: “los obreros no votan a la gente que quiere ayudarlos a mejorar sus condiciones de vida”. Semejante forma de pensar, de un elitismo indisimulado, no pertenece tanto al eje izquierda-derecha como al eje democrático-antidemocrático. Sobra decir dónde encajarla.

Siendo triste que ciudadano Felipe piense así, lo es mucho más que en el seno de los partidos, que son los que canalizan la representación en este nuestro sistema, la selección funcione en la práctica siguiendo estos principios. Al menos, en los resquicios y –pequeños- espacios libres que dejan el nepotismo y el amiguismo políticos. Que el logro educativo defina la validez u oriente la selección es en general siempre problemático, en tanto en cuanto el sistema educativo es un sistema de reproducción social y el logro educativo depende en buena medida del nivel socioeconómico de partida. Pero en fin, ligar el logro educativo a la representación democrática es especialmente delicado en la medida en que un Parlamento debiera ser el reflejo de la sociedad en su conjunto y debería gobernar también para la sociedad en su conjunto. Asumir que un ingeniero puede decidir mejor sobre lo que conviene a un obrero no cualificado que el propio obrero no cualificado es de un paternalismo vomitivo, insultante e injusto.

En fin, podría seguir divagando sobre este tema un rato pero lo voy a ir dejando. No es cuestión de ser pesado. A lo mejor ser de clase alta y ser de derechas guarda relación. A lo mejor no todo el mundo que se dice de izquierdas o se cree de izquierdas lo es. Igual, pese a sus estudios universitarios, ciudadano Felipe está tan confundido sobre su verdadera adscripción ideológica como los obreros votantes del PP a los que critica. A lo mejor en realidad es solo otro elitista más exhibiendo sus privilegios con orgullo, amparándose en una meritocracia que no existe. Quizá ciudadano Felipe sea eso que llaman pijoprogre, aunque a mí me parece solo otro gilipollas. Estamos rodeados.

**Fotografía: “Pastoreig a la Ribera”, de David Talens. https://www.flickr.com/photos/tapeda88/

SENSATO, REALISTA Y RESPONSABLE… ¡SI LO DICE CON SOLTURA SONARÁ ARMONIOSO!

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En los últimos tiempos tres adjetivos calificativos se han hecho con el control del discurso político español. Me refiero, por supuesto, a “sensato”, “realista” y “responsable”.  Juntos o por separado, parecen haber alcanzado tal prestigio que casi cualquier sustantivo al que acompañen adquiere dignidad de inmediato. Son el Armani de la Dialéctica y de la Oratoria. Todos sabemos hoy que el cambio ha de ser sensato, el gobierno responsable y el programa económico realista; que las medidas sociales deben ser igualmente realistas y los pactos responsables y los políticos sensatos y realistas y responsables… Los milagrosos adjetivos son además intercambiables, superponibles, rectos, recios, castellanos de bien y cumplen las propiedades de la suma (a saber, la asociativa y la conmutativa).

Las características definitorias de lo sensato, lo realista y lo responsable son, eso sí, patrimonio de unos pocos. De manera que si ustedes están pensando que el cambio sensato es aquel que garantice agua potable a los 1000 millones de personas que no disponen de él o comida a los 800 millones que pasan hambre, se equivocan. Lo sensato no pasa por hacer planes concretos para evitar las 24.000 muertes por hambre que se producen en el mundo cada día, y desde luego no pasa –ni muchísimo menos- por reducir la brecha económica que hace que el 1% más rico de la población posea tanto patrimonio como el 99% restante (o que las 62 personas más ricas del mundo acumulen el mismo que los 3600 millones más pobres, como hemos podido leer estos días). Tampoco lo responsable parece guardar relación alguna con la necesidad de dar respuesta al cambio climático, la contaminación o la pérdida de biodiversidad. No se trata de eso en absoluto. De hecho, lo sensato, lo realista y lo responsable es, mutatis mutandis, grosso modo -o exactamente, qué demonios-, aquello que garantice que las cosas sigan funcionando como hasta ahora. Es decir, aquello que garantice que las cosas sigan funcionando MAL.

La sensatez es patrimonio del poder y del miedo, pero no tiene nada que ver con la justicia social o la solidaridad. Ser responsable es, paradójicamente, no hacerse en modo alguno responsable de lo que les pase a los otros, a los demás, a los de fuera, por mucho que unos tracen los círculos con mayor radio que otros. En el centro siempre están –siempre estamos- los mismos.

El realismo sirve a menudo para camuflar ideas discriminatorias y para defender medidas que afectan negativamente a otros. Georges Bernanos, un escritor francés católico y conservador que contempló de cerca, escandalizado, las barrabasadas cometidas por el ejército franquista durante la guerra civil española, dejó escrito lo siguiente:

El realismo es la buena conciencia de los hijos de puta. Todos los hijos de puta dicen: la realidad es ésta y no podemos sortearla. Y la realidad es aquello en lo que se sustenta su condición de hijos de puta.”

Amén.

***Imagen: La Moncloa Gobierno de España. https://www.flickr.com/photos/lamoncloa_gob_es/22787140975