EXPLICAR NO ES JUSTIFICAR: UNA DENUNCIA DEL ANÁLISIS DEL TERRORISMO COMO CATÁSTROFE NATURAL

15517400766_7e8f78603b_z

   Nota: Este artículo también se encuentra disponible en la Revista Amberes: échale un ojo.

    En junio del año 2000 el presidente ruso Vladimir Putin visitó España. En medio de la segunda guerra de Chechenia, con decenas de miles de civiles muertos y Rusia violando sistemáticamente los Derechos Humanos, José María Aznar se convertía en uno de los primeros líderes mundiales en apoyar sin fisuras a Rusia y declaraba que el terror es terror en Chechenia o en Euskadi”. No tardarían en seguirle otros prohombres del capitalismo global, especialmente desde que los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 colocaran la resecuritización del primer mundo en el centro de la agenda política.

    El cambio radical de las posiciones de la comunidad internacional con respecto a lo que venía pasando en Chechenia ejemplifica bien el nuevo paradigma post-11S. No solo establece con especial contundencia que el único factor auténticamente diferencial del terrorismo viene dado por su carácter de violencia no estatal, sino que hace tabla rasa de todas las formas de terrorismo, equiparándolas entre sí. No me resisto a recordar lo paradójico que resulta que dos de los líderes que abrazaron con mayor entusiasmo este discurso, Ariel Sharón y Benjamin Netanyahu, olvidasen que el calificativo terrorista les fue aplicado también, en su momento, a la Haganá, el Irgún o el Leji. Y tampoco a dejar constancia de cómo para hablar del terrorismo llevado a cabo por los estados gustamos de recurrir a otros términos, como el de “escándalo” (el escándalo de los GAL, el escándalo Irán-Contra, el escándalo de los falsos positivos, etc.). Pero el de la violencia estatal y paraestatal, sus formas y los discursos que las amparan es un debate amplio que habrá que dejar para otro día.

    En las homilías oficiales, cualquier organización considerada terrorista resulta equiparable a otra, y tampoco se hacen distinciones en cuanto a la consideración de una misma organización en diferentes momentos de su historia. Para que nos entendamos, parece ser lo mismo dirigir la violencia contra las fuerzas armadas de una nación en un contexto de guerra asimétrica, que hacerlo contra la población civil. Y resulta ser también lo mismo el terrorismo en el marco de un sistema de garantías democráticas que permite la canalización política de la disensión, que dentro de un régimen dictatorial que reprime todo lo que se salga de la doctrina oficial.

    En España, la equiparación de todo el terrorismo ha calado en un sector importante de la población y forma parte del discurso habitual de la derecha.  Pero esta argumentación, que excede la simplificación para instalarse en la mentira idiotizante, parece estar alcanzando cotas superiores de inanidad. Así, si hace un año escuchábamos a Esteban González Pons afirmar que “el terrorismo es todo igual”, un par de meses atrás Pablo Casado se encargaba de recordar a los alcaldes del cambio –a los alcaldes del fracaso, según sus palabras-, que “el terrorismo no conoce ninguna causalidad, ninguna razón”. Casado formulaba el argumento en su versión más ramplona y añadía: “que los que van de modernos busquen una causalidad política al terrorismo es de una maldad que no puedo entender”.

    Aun obviando el paroxismo estúpido de las declaraciones de Casado, la reflexión sobre los peligros que entraña esta clase de discurso es pertinente. En “Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI?”, Carl Amery denunciaba la tendencia a analizar el hitlerismo como una catástrofe natural en lugar de hacerlo como un fenómeno histórico. El nazismo se presenta así como algo inesperado, inevitable, “un meteorito que cae en medio de Europa” cuyo análisis no puede por tanto decirnos “nada concreto sobre nosotros ni sobre nuestra evolución”.  Al negar que el proyeto de Hitler tenía en efecto una lógica, apuntaba Amery, no solo se dificulta a la sociedad alemana la superación emocional de lo que representó el nazismo, sino que se bloquea la prevención de fenómenos similares. Como una especie de enfermedad autoinmune, al negarnos a buscar explicaciones profundas y libres de prejuicios para aquellos fenómenos que consideramos extremos, garantizamos el mantenimiento de la amenaza.

    La formulación de mantras dogmáticos y simplificadores para explicar problemas complejos forma parte del patrimonio ideológico de un sector de la derecha de nuestro país –también de parte de la izquierda, a qué negarlo-, que tradicionalmente ha pretendido asimismo extender una suerte de sanción moral sobre sus sofismas. Cuando se habla de terrorismo, el estado del debate público en España es tal que cualquier intento de explicar qué opera detrás de este fenómeno, o de diferenciar entre el origen y los propósitos de distintos grupos terroristas, es proscrito de inmediato. Reducido lo moralmente aceptable al “todos son iguales” y al “no existe explicación”, inauguramos una suerte de apología de la ignorancia, una ética de la estupidez. El terrorismo aparece como una plaga medieval que azota inexplicablemente a los piadosos e inocentes campesinos.

    Sin embargo, por mucho que algunos se empeñen en hacernos creer lo contrario, los terroristas no son animales irracionales que actúan sin causa alguna, y tampoco parece muy acertada la pretensión de explicar el terrorismo recurriendo a lugares comunes y simplismos: nadie se vuela por los aires en medio de una plaza atestada de gente por la promesa de cuatrocientas vírgenes en la otra vida.  No conozco ningún problema que se haya solucionado partiendo de la negación ex cathedra de la existencia de factores que permitan explicarlo. Por no mencionar que tachar de inmoral la búsqueda de explicaciones e imponer un único argumento aceptable es algo propio de regímenes totalitarios.  En realidad, lo único que puede ayudarnos es la complejización sistemática del fenómeno terrorista y la mirada valiente al Otro: a sus pretensiones, a la imagen que tiene de su realidad, de sí mismo y de los demás.  Tal y como ha señalado el filósofo francés Tzvetan Todórov, la identificación como “terroristas” de todos los grupos y personas que ejercen la violencia al margen de los aparatos represivos de los estados opera borrando todo indicio sobre las causas de la lucha, dinamitando así cualquier posibilidad de comprensión sobre la que construir futuras soluciones.

    Hoy las líneas de lo políticamente correcto parecen haberse fijado en las afirmaciones de que todo el terrorismo es igual, de que todas las víctimas del terrorismo son iguales, de que el terrorismo no tiene ninguna explicación y de que la única solución posible es plantear una “guerra al terrorismo”. Olvidamos que las victorias militares nunca han sido garantía de solución para ningún problema -en estos momentos, inmersos en el centenario de la Primera Guerra Mundial, quizá no sea baladí recordar lo que trajo consigo el Tratado de Versalles-, y pasamos además por alto hasta qué punto el reconocimiento de la guerra como única solución posible es también el del fracaso de la civilización. En cualquier caso, no pretendo llevar este articulito tan lejos.  En un país que se dedica a linchar a quien se atreve a enunciar una obviedad como que existen causas políticas detrás del terrorismo –algo asumido, por lo demás, por cualquier estudio académico sobre el tema- , me conformo con dejar constancia de una sencilla consideración semántica: entender no significa justificar.

*Fotografía: Karen Eliot, https://www.flickr.com/photos/kareneliot/

Anuncios

IDOMENI, UN LIMBO EN EL CORAZÓN DE EUROPA

ENTREVISTA CON AUGUST BLÁZQUEZ, VOLUNTARIO EN LOS CAMPOS DE REFUGIADOS DE IDOMENI Y EKO (10.4.2016).

El drama de los refugiados rubrica la superación de la última frontera de nuestra conciencia. Ya ni siquiera nos queda esa barrera artificial con la que solemos consolarnos: “pasa demasiado lejos de aquí”, “qué podemos hacer nosotros”. Estas personas están aquí, nos necesitan y están sufriendo las decisiones de unas instituciones que representan o dicen representar la voluntad de todos los europeos.

August Blázquez tiene 33 años y es enfermero. Ha viajado por medio mundo y ha visto de cerca el trabajo de algunas ONG en lugares tan alejados como Birmania. Hace unos días aterrizó en Barcelona después de pasar un par de semanas a caballo entre los campos de refugiados de Eko y de Idomeni, al norte de Grecia. Lo que ha visto, sentido y oído no necesita ninguna introducción, tan solo diez minutos de vuestro tiempo. Si a alguien le parece mucho, siempre puede dar cuenta del subrayado.

IMG-20160330-WA0008
August (izqda.) con sus compañeros del dispensario médico en el que ha estado colaborando

Buenas tardes, August, y muchas gracias por tu tiempo para hacer esta entrevista. Llegaste de Idomeni hace unos días y justo esta mañana nos hemos enterado de un altercado tremendo entre la policía macedonia y los refugiados que ha acabado con un grado lamentable  de represión.  No pensaba empezar esta charla por aquí, pero quizá tú puedas aclararnos un poco lo que ha pasado…

Bueno, yo de este tema sé lo que he podido leer. Igual habría que empezar explicando cómo se forma Idomeni. La gente cuando entraba en Grecia vía islas, la vía directa para los Balcanes era subir hacia el norte y cruzar la frontera con Macedonia. Y la gente iba andando por la vía del tren. Entonces cuando la frontera se cerró, la gente se empezó a quedar alrededor de la vía del tren en la frontera y se empezó a poner la valla de espino enorme que se ve ahora en todas partes. Allí hay un checkpoint de Macedonia, justo en la vía del tren, y luego un trozo de vía todo vallado donde no hay nadie, que es donde está la policía griega.

Lo que pasó el domingo por la mañana es que los refugiados de Idomeni y otros campos cercanos se juntaron en Idomeni con la intención de reventar la valla y cruzar la frontera. Se habían organizado en redes sociales, y muchos llegaron con bolsas, tiendas plegables y demás para intentar seguir su camino a través de los Balcanes. Cuando se han ido acercando a la valla el ejército macedonio ha empezado a gasear a toda la gente, tanto a la que se encontraba cerca de la valla como a la más alejada, con unas armas que disparan botes de gas a más de 100 metros. También han disparado unos proyectiles similares a las pelotas de goma que se ven en España. Así que frente al ejército macedonio había una línea de refugiados defendiéndose con piedras, pero detrás de estos estaban familias con niños recibiendo botes de gas también… Cruz Roja griega ha decidido abandonar el campo y se han quedado solo Médicos Sin Fronteras y voluntarios independientes atendiendo a los heridos…. Ha habido muchos heridos por inhalación directa de gas, y luego gente con contusiones, desde refugiados adultos hasta niños y bebés, y también voluntarios.

¿Otras veces ha habido también manifestaciones subidas de tono para pedir la reapertura de la frontera, no?

Sí, pero otras veces no se ha llegado a esto, también porque hay muchos refugiados que quieren evitar la confrontación, ya que hay muchos muchos muchos niños y no quieren que la policía cargue, y suelen montar una cadena humana que se interpone entre los que se manifiestan y la policía y ayuda a evitar más tensiones.

A veces hay también concentraciones que se deben a rumores de reapertura de la frontera, que son muy frecuentes. Pero esta vez, según ha contado por ejemplo Sara Montesinos (@SaraMMP), una periodista que está allí como voluntaria y que es una fuente muy fiable, la concentración estaba más organizada. Y al parecer fue bastante unitaria, además, con refugiados de las distintas nacionalidades (sirios, kurdos, iraquíes, afganos…) todos a una. Piensa que hay gente que lleva en Idomeni 2 meses…

_MG_1351
Manifestación en el campo de Eko, a unos 15 minutos en coche de Idomeni.

Entiendo. Bueno, aclarado un poco este tema vamos a empezar por el principio: ¿Cómo decides irte a Idomeni? ¿Con qué intención fuiste?

Tenía un par de semanas más o menos libres, en Semana Santa. Mi intención era llegar allí con la cámara de fotos –August es fotógrafo, además de enfermero- y buscarme la vida, contar historias y dar un poco a conocer lo que pasaba y demás. Lo que pasa es que cuando llegué allí lo vi todo muy difícil y no sabía por dónde empezar… Nunca había visto algo parecido. Todo me pareció tan fuerte que dejé la cámara a un lado y me puse a ayudar en lo que pude. Al final fotos he hecho cuatro.

Yo fui un poco a lo loco… aunque ya me encontré a gente en el aeropuerto de aquí: a un par de bomberos que iban a Lesbos, a una chica catalana con un montón de cosas a cuestas que había recogido para llevarlas allí, a dos chicos que iban como yo sin un plan fijo, a Marta, Álex y Alba que llevaban un proyecto de promoción de la lactancia materna también… Porque al parecer se ha detectado que muchas madres por estrés, por mala alimentación o por lo que sea no dan el pecho, y la leche en polvo sustitutoria se prepara en condiciones de absoluta falta de higiene. Cuando llegué allí era común ver a madres preparando la leche en botellines de agua reciclados que acercaban directamente a las hogueras para calentarlos, con toda la degradación de plásticos que conlleva eso… Es potencialmente muy nocivo para los bebés.

¿Y qué es lo que te encuentras allí? ¿Cómo está organizado el tema de los campos de refugiados en la zona de la frontera norte de Grecia, por ejemplo?

Al norte de Grecia está el campo de Idomeni, que fluctúa entre 11.000 y 14.000 refugiados según el momento, porque hay gente que se va a los campos militarizados que están montando para vaciar Idomeni, pero también gente que sigue llegando. Y luego como campo grande, está también a unos 15 minutos en coche el campo de EKo (EKocamp), en una gasolinera, donde hay unas 3000 personas. Después hay otros dos campos más pequeños entre medias, uno a ambos lados de la autovía, donde no hay presencia continua de ninguna ONG.

_MG_1522
“En Idomeni las condiciones son muy pésimas… Hay 2 grifos, 20 duchas y 30 baños para 12.000 personas”

Porque allí, fundamentalmente, el trabajo con los refugiados lo hacen las ONG… ¿no?

De hecho esto es con lo que yo me he quedado más de piedra. La impresión de que la situación, la gestión de los refugiados en el norte de Grecia y por lo que dicen también en Lesbos y demás, o sea, el peso más grande de esta dejadez institucional, se la están echando a cuestas algunas ONG grandes, el voluntariado internacional independiente y otras ONG más pequeñas que se han ido auto-organizando... La presencia de organizaciones gubernamentales que gestionen la situación es casi nula y totalmente ineficaz. Esto, en Europa, me saca de mis casillas, pensar que la gestión de esta catástrofe en suelo europeo está en manos de ONG y voluntarios que intentan llevar confort, por decirlo así, a tanta gente. Es lo que más sensación me ha causado… Es fuerte la impresión de llegar allí, y ver que se parte de la idea de “todo lo que puedas hacer será más de lo que cualquiera espera”. Porque no hay nada, hasta el hecho de estar y que la gente no se vea del todo abandonada se valora, no sé.

¿Qué ONG tienen más presencia en esta zona?

Allí de atención médica están Médicos Sin Fronteras (MSF), Medicus Mundi (MM) y la Cruz Roja griega, como grandes ONG que dan servicio médico. MSF tiene un dispensario grande en Idomeni, por ejemplo, y da refugio a unas 4000 personas en tiendas. Además provee de comida, mantas y agua potable. En Eko también estaba MSF con un dispensario, pero la policía lo ha cerrado y ahora la atención sanitaria allí la llevan voluntarios catalanes autogestionados que coordina el catalán Bernat Conill y que están haciendo una labor brutal. En general cada vez hay más personal sanitario voluntario que viene al margen de las ONG y que se ha organizado para dar cobertura sanitaria extra, porque con la que dan las grandes ONG no llega. Nada más llegar te das cuenta de que la asistencia sanitaria es insuficiente: diarreas, fiebres, niños y adultos con problemas respiratorios, muchos bebés y embarazadas

En Idomeni yo estuve colaborando en un dispensario sanitario que montaron unos bomberos de Zamora, de la ONG Bomberos en Acción (que ya estaban en Lesbos), con unos médicos españoles. Y ahí colaboran también refugiados que se toman el proyecto como suyo (Lian, Lopalin, Nushin, Rohafaza…) y que ayudan por ejemplo en labores de traducción. Actualmente el dispensario visita a unas 70 personas cada día y están montando rotaciones de personal médico español. Si a alguien le interesa, sería genial que se pusiese en contacto conmigo -tenéis el twitter de August al final de la entrevista-.

En un pueblo cerca de Idomeni está la base logística de los voluntarios que van llegando, en el bar del pueblo, y se ha ocupado un edificio que se usa de almacén. Allí se hacen reuniones diarias para que los que llegan puedan incorporarse a los distintos grupos de trabajo: grupos que cocinan comida para 3000 personas al día y necesitan voluntarios, por poner un ejemplo. Siempre hay mucho que hacer. Hay gente que va por su cuenta y hace proyectos que ya trae preparados desde su país, también.

Pero en cuanto a grandes ONG, así más estructuradas, son esas que te dije. Y luego también Save the Children y otras dos o tres ONG internacionales como Lighthouse Relief e Intervolve, que no llegan al nivel de MSF por ejemplo pero que tienen personal propio y gestionan a otros voluntarios que llegan allí.

_MG_1324
“I,m human”; manifestación pacífica en Idomeni.

¿Y luego estará ACNUR también, supongo…?

ACNUR está también, pero… En realidad a nivel más gubernamental solo hay en Idomeni policía griega bloqueando la frontera, con unos puestos allí para hacerse los reemplazos, y autobuses de antidisturbios griegos. Por cierto, la policía griega se está portando bastante bien, en general, y creo que también es justo señalarlo.

ACNUR tienen una oficina donde dan información legal, para que la gente se vaya a campos militarizados que se han habilitado, porque dicen que allí estarán mejor, y tendrán incluso puestos accesibles a internet para pedir asilo, etc.  Todo con la idea de desalojar Idomeni, que es un campo espontáneo digamos. Pero no hay gente de ACNUR ocupándose de hablar con los refugiados y de solucionar problemas.

Sí ves, por ejemplo, tiendas de ACNUR. Grandes tiendas hay de MSF, para asistencia, comida, sanitarios y refugiados: tiendas enormes con literas donde igual caben 200 personas. Y luego de ACNUR, que tiene tiendas para unas 15 personas, dos familias, que reparte pero no monta, es personal voluntario ajeno a ACNUR el que las pide, las recoge y las pone. Eso es lo que hice yo los primeros días con unos bomberos catalanes. Pides las tiendas, ACNUR te la da y te dice justo dónde ponerlas, porque el suelo tiene dueños y se ve que las ONG tienen como que alquilar el suelo donde ponen las tiendas a sus propietarios.

La verdad es que yo alucinaba con lo de ACNUR, porque yo pensaba que allí tendría que estar gestionándolo todo, y que son los que más tendrían que hacer denuncia… pero claro, como tienen lazos con gobiernos más o menos, imagino que no pueden hacer nada que…

IMG-20160402-WA0007
La comida es insuficiente. Algunos adultos se alimentan de hierbas que encuentran en la zona para dejar a los niños la comida más nutritiva

¿Y cuál es la situación de los refugiados allí? ¿Cuáles son las condiciones de vida?

Las condiciones son muy pésimas. El suelo no filtra y cuando llueve se montan unos barrizales de miedo. Han pasado un frío inmenso, y la gente enferma mucho. Casi todo lo que hay son familias, y cada familia tiene de media 5 hijos… Así que está todo lleno de niños. Hay gente que lleva en Idomeni más de 40 días. Y después de tanto tiempo la comida sigue siendo insuficiente, siguen haciendo colas… La sensación es de pedir limosna. La gente agradece la solidaridad pero te dicen que lo único que quieren es que les dejen pasar, no ayuda humanitaria. Y llevan 40 días con colas para la comida, para los pañales, para la leche… con carencias higiénicas horribles.

La necesidad mayor es la comida porque dicen que es insuficiente. Hasta hay familias que cogen una hierba en los márgenes de la carretera, una especie de borraja dicen, y luego la cocinan y se la comen.  A veces los adultos se alimentan de eso para que los niños puedan comer algo más nutritivo.

Cuando ves la magnitud de las historias te quedas… no sé… no sé. Sabes que todo esto pasa, pero cuando empiezas a conocer las historias… Porque claro, puedes incluso estar allí, ver muchas familias y no darte cuenta de muchas cosas. Porque los niños al final son niños, y juegan: hay un charco y los niños juegan. Pero las situaciones que hay por detrás cuando las conoces te dejan roto.

Antes me contaste ya el tema de la leche, y precisamente quería preguntarte por la higiene personal y por las condiciones sanitarias de los refugiados. Tú estuviste trabajando como enfermero durante parte de tu estancia allí… ¿Cómo está la cosa a este respecto?

Sí. Sobre el tema de la higiene personal, en ambos campos, en Idomeni y en Eko, hay baños en diferentes áreas. En Idomeni hay 2 grifos, 20 duchas y 30 baños. ¡Para 12.000 personas! En Eko solo están las duchas de la gasolinera, con un empleado que controla 15 minutos por cada ducha y las cobra a 2 euros, porque es un negocio privado, claro. Pero imagínate hasta qué punto las condiciones son malas, que los baños en Idomeni eran los típicos portátiles de las fiestas mayores, y debajo pusieron palés para dar estabilidad cuando llueve y tal. Bueno, pues en Idomeni reparten leña para calentarse por la noche, porque han pasado mucho frío, y se quema absolutamente todo para entrar en calor: ropa, plásticos y hasta los palés que hay debajo de estos baños… ¡prefieren tirar el baño al suelo y no poder usarlo! Y eso a pesar de que varias ONG llevan leña a los refugiados, ya te digo. Hay una cantidad de laringitis y problemas respiratorios que se han hecho crónicos ya… Todo el mundo tose. A la semana yo ya tosía continuamente, porque hay un ambiente tan viciado de humo por las hogueras…

Por ejemplo, cuando encontré a los médicos y enfermeras españoles con los que colaboré, me enteré de que empieza a haber brotes de sarna, y de que el medicamento para la sarna no se vende en Grecia (en España sí, por ejemplo). Luego te enteras de gente con tratamientos crónicos que no se los pueden abastecer porque solo se cubren cosas urgentes: desde enfermedades oncológicas que no se controlan y deberían, hasta niñas con brackets que necesitan un odontólogo porque se le han quedado muy justos y no lo tienen… Mil cosas.

Yo empecé a hacer algo de enfermero los últimos días. Hay mucha gente que ha montado cosas para consultas ambulatorias, y MSF visita 3 días adultos, 3 días niños y 24 horas emergencias, creo. El tratamiento es ajustado porque no les da para más, y encontramos gente que nos decía que iban a MSF en otros campos y les decían que no tenían su tratamiento a veces, para niños con enfermedades intestinales crónicas incluso… Y eso MSF, que es la ONG con más recursos sanitarios.

IMG-20160330-WA0009
“Allí se montan unos barrizales de miedo…  Han pasado mucho frío”

Últimamente, cuando se expone esta situación de Idomeni, hay quien sale con el argumento de que los refugiados están allí por voluntad propia y de que pueden irse a campos mejor dotados cuando quieran. ¿Qué contestarías a eso?

La gente todavía tiene la esperanza de cruzar la frontera. Constantemente te preguntan “¿Cuándo la van a abrir?”, “¿tú crees que la abrirán? Dime la verdad”. Y hay mucha gente que se queda allí porque más cerca de la frontera no pueden estar. La gente quiere continuar, no se quiere quedar en Grecia, quiere pedir el asilo como refugiado y comenzar una nueva vida. Irse de allí es, para muchos, como renunciar a su última opción. La gente no se va de Idomeni porque tiene como la obligación moral de estar allí, después de todo lo que han pasado para llegar…

Campos en la zona norte hay Idomeni, Eko, el pequeñito de entremedias y un campo militarizado llamado Nea Kavala donde no hay ONG, porque lo llevan militares, y donde los refugiados llevan un carnet que enseñan para entrar y salir. Cuando a finales de marzo se cierra la frontera se habilitan otros dos campos relativamente cerca de la frontera para que la gente de Idomeni vaya, también militarizados. Uno se llama Katerini y el otro Veroia.

En Idomeni hay unos altavoces que sueltan informaciones de cosas que pueden llegar a pasar, o se recuerda en las manifestaciones que se mantenga el orden, etc. Hablan en farsi, árabe, kurdo… Por ahí ACNUR y la policía griega informaban, y también con octavillas, del cierre de fronteras y de que se había habilitado Katerini para los sirios y para los afganos e iraquíes el campo de Veroia. Porque es que esa es otra, que al llegar vía islas a Grecia, les piden identificación en Lesbos y Quíos. Si eres sirio necesitas presentar pasaporte, etc. Te hacen un test exhaustivo para comprobar tu nacionalidad: conocimos a una mujer que se fue de Siria en medio de un bombardeo y solo se llevó una fotocopia de su DNI, y cuando llegó le preguntaron muchas cosas de su ciudad, le enseñaron fotos y todo para asegurarse. Porque con el acuerdo UE-Turquía los que tienen más números para quedarse son los sirios.

Cuando llegaban antes de cerrar la frontera, por cierto, les hacían un papel en griego donde sale su nombre, familia e hijos a cargo, y que lleva un sello en inglés que dice que el destino final de esa persona va a ser Alemania en los próximos seis meses. Y ese papel se lo hemos visto nosotros a muchos refugiados sirios.

Entonces, sí hay familias que van a otros campos. Hemos hablado con algunos que han vuelto de esos otros campos porque dicen que se está aún peor, pero también con refugiados que dicen justo lo contrario. Había gente que decía que no había ONG, que la comida estaba racionada peor, que no hay baños públicos… En los campos militarizados al llegar les hacen firmar un papel y una cartilla, y tienen que renovar su estancia cada cierto tiempo. Lo que sí nos han dicho es que irte de estos otros campos es más difícil. Desde Idomeni te llevan allí buses gratuitos, pero si quieres irte a otro sitio ya te cuesta tu dinero. La gente que se empeña en ello y tiene algún recurso se va, pero no es tan fácil, porque no los quieren deambulando por el país.

_MG_1615
El primer día de buses desde Idomeni a los nuevos campos militarizados de Katerini y Veroia viajaron unos 600 refugiados

¿Hay muchas diferencias entre la situación de unos refugiados y otros? A nivel de recursos disponibles, dinero, etc.

Sí, aunque todos están estancados, claro. Hay mucha gente que dice que aún tiene algo de dinero. Nos explicaron el rollo mafias, lo que pagan en los sitios por pasar, todos los trapicheos y demás. Hay gente parada pero de clase media-alta, y gente que la ves que es muy muy muy pobre, con niños sin zapatos… que los ves que están en una situación de miseria máxima. Y luego hay gente con estudios y buena posición en sus países de origen, etc. Alguna de esta gente incluso se plantea que si no se soluciona el cierre de fronteras, se quieren volver a Siria pagando a las mafias otra vez. Hay gente que dice que se volvería antes de quedarse en Idomeni, mucha, pero que ya no tiene dinero. Otros muchos dicen que prefieren Idomeni antes de volverse porque la situación de la que han huido es tan dantesca, supera tanto lo que puede verse en cualquier película… que te dicen que ya no tienen nada que perder. Visitamos gente tienda por tienda con una médico palestina para hacerles llegar alguna ayuda desde España, y ahí me enteré de algunas historias de cómo lo estaban pasando… Es todo increíble.

_MG_1857
Extrema vulnerabilidad: el 40% de los refugiados encallados en Idomeni son niños.

¿Hay alguna historia concreta que te haya impresionado especialmente? ¿O alguna que te parezca ilustrativa de lo que han vivido estas personas hasta llegar aquí?

Es que es un continuo… de verdad. Cada persona con la que hables… Yo no he profundizado más por un tema de lengua, pero aun así, cuando he empezado a hacer de enfermero y he tenido más cercanía, he conocido historias. Por ejemplo la de un niño de 4 años que salió  con sus vecinos para Europa el mismo día en que mataron a sus padres delante suya. Los vecinos se iban y lo recogieron y lo trajeron con ellos. O la de un padre de familia afgano, militar allí, al que le dijeron: “esta noche vendremos a tu casa, haremos lo que queramos con tus hijas y tu mujer y las degollaremos”; y que lógicamente se fue. También ves familias que han perdido a mucha gente en los bombardeos, y ves los restos de metralla en niños de 4 o 5 años….

Tú imagina la situación tan bestia de jugarte la vida por un futuro incierto, que igual las mafias te delatan, o la policía te da una paliza o te ahogas… Nos enseñaban videos de las barcas, barcas de 4 metros con 70 personas… A veces la barca que iba justo detrás de ti al final ves que no llega… Es una lotería. Y te juegas tu vida y la de tus hijos. Imagina cómo será la situación de la que huyen.

_MG_1988
Shahedi tiene 10 años y el cuerpo marcado por la metralla

¿Cómo es el viaje a esta Europa de los refugiados, ese peregrinaje a ciegas de mafia en mafia…?

Pues mira. En Eko hay mucha gente de Alepo, en Siria. Es una zona muy conservadora y tal. Allí una mujer siria con 4 hijos, que perdió al quinto en un bombardeo en Alepo, nos contó que fue en bus hasta la frontera con Turquía y que allí la mafia los tuvo hasta que un día les dijo que podían pasar. Iban a precios cerrados: un precio por niño, otro por adulto, etc. El bus ya en Siria es con mafia, porque no circulan buses tan alegremente. El cruce de la frontera, de 3-4 metros de frontera, les costó 200 euros por adulto y 100 por niño, más menos. Estuvieron 3 semanas hasta que la mafia les dijo que iban a cruzar, y estaban 500 personas en un terraplén medio escondidos.

Y contaban que la mafia puede ser buena o mala. La buena te dice que cruces y lo haces, porque ha pagado a la policía turca para que no te frene. La mala no paga a la policía y encima les avisa: cuando hay 40 o 50 personas que están cruzando tiran una bengala, la policía turca les coge, les da una paliza y los devuelve. A esta mujer por ejemplo la pillaron una vez, la poli los pilló, los devolvieron y la misma mafia les hizo volver a pagar. Tardaron un mes en cruzar. Luego en Turquía estuvieron otro mes hasta que otra mafia les ofreció cruzar por mar a Grecia. Pagaron 1400 dólares por una pareja de adultos con 4 hijos, y 100 euros en total por los salvavidas, que ya todos sabemos que son falsos. Este precio decían que era muy económico, ya que el precio va en función de la mar que haya: si hay buena mar es más caro, pero ellos se la jugaron y cruzaron con mala mar. Y así llegaron a Lesbos.

IMG-20160402-WA0003
Nazah, de 24 años, perdió a uno de sus hijos en los bombardeos de Alepo. Huyó a Grecia con los otros tres: Fátima, Razen y Yazan.

Quiero pensar que una vez llegan a Grecia, el papel de las mafias desaparece o…

Bueno. Mira hasta qué punto llega la mafia… Aquí luego hay la mafia de que esta gente para moverse en Grecia o llegar a un campo, pues paga. Por ejemplo, estuve con una enfermera catalana que estuvo en Lesbos y cogió el mismo ferry que cogían los refugiados para pasar a Atenas después de “x” días en un campo en Lesbos, de que les hiciesen los papeles y tal. Y dice que ella pagó 48 euros por el viaje y los refugiados 45, y ella estaba en la parte de arriba y los refugiados todos hacinados en tercera clase, por decirlo así. Y decía que la masificación era brutal. De hecho ella hizo vídeos y lo denunció a la prensa catalana, porque había incluso niños muy pequeños, enfermos, embarazadas… hacinados como sardinas. Y eso no deja de ser otro negocio, debería haber otras estructuras. Y luego por dentro de Grecia, a la hora de moverse, ves que hay gente que llega a los campos incluso regateando un taxi… Es surrealista.

Todos sabemos que la solución a este problema no pasa por irse a Idomeni, claro, pero en tanto en cuanto las cosas sigan así, ¿dirías que se siguen necesitando voluntarios por allí?

Sin duda. Se pueden hacer muchísimas cosas, ir con un proyecto tuyo concreto, o sumarte a algo allí. Gente falta y va a faltar. Y luego es importante eso, que haya gente que comunique esto y no por los canales oficiales digamos… Eso es lo que quería yo, pero luego vi que era más útil remangándome y haciendo lo que fuera, repartir fruta, montar tiendas, lo que fuera.

La verdad es que el trabajo a nivel de voluntarios y ONG es impresionante. Y sobre todo de gente sin formación en esto, porque lo más difícil al final es la logística: cómo gestionas, o cómo distribuyes… Por ejemplo se recibía mucha ropa, ropa que hay que seleccionar, distribuir para que no haya problemas, que el reparto sea equitativo para evitar que haya buscavidas que la revendan, que son una minoría pero los hay…  Hay campos donde reparten las cosas tirándolo para atrás como si fuese limosna, por ejemplo, y en este sentido hay mucho todavía que organizar.

MOSAICOiDOMENI
“Se quema absolutamente todo para entrar en calor: ropa, plásticos y hasta los palés que estabilizan los baños portátiles”

¿Qué necesidades dirías que son las más claras allí, al margen del tema de la comida y las instalaciones?

Allí siempre hay algo que hacer. Es llegar, y si quieres te pones a trabajar nada más llegar. Pero todo es cambiante. Llegan cosas básicas, muchas, y falta distribución, gestión, y también lograr más implicación entre el trabajo de los voluntarios y los refugiados, creo. Tú al final lo que haces es darles a entender que hay gente que no está de acuerdo con las decisiones políticas que se están tomando. Y hay que crear vínculos de trabajo entre voluntarios y refugiados, hacer iniciativas conjuntas.

Esta gente necesita organizarse. Los niños necesitan escuelas, relacionarse… porque allí se pelean y juegan a pegarse tiros. La iniciativa de la que hablé antes, el dispensario sanitario con el que tuve la suerte de colaborar yo, es un ejemplo de organización y de colaboración entre refugiados y voluntarios. Son iniciativas que, dentro de todo este desastre, ponen orden. Luego hay una escuela de niños con clases en inglés, en árabe, juegos… que la llevan refugiados. Los que veo menos movilizados son los adultos en general, hay muchos hombres adultos que no hacen nada más que comprar tabaco y fumar, que claro, la situación es la que es y tampoco se puede criticar nada, pero es algo que llama la atención.

Y luego, insisto… Yo creo que es clave que desde allí se cuente bien lo que hay. Desde la cercanía, desde historias concretas. Creo que eso falta, para dejar claro que es verdad y está pasando aquí, a 3 horas de avión. Es importante que haya gente independiente allí que lo denuncie y haga difusión, en contacto con la gente que estáis dispuestos a comunicarlo desde aquí. Porque yo creo que aquí… aquí tendría que haber una movilización muy bestia de gente.

¿Y esa movilización masiva, la ves posible? Porque las manifestaciones que se están produciendo, en España sin ir más lejos, son más bien decepcionantes, muy minoritarias…

La gente aquí lo ve como algo lejano, y aparte hay gente que no lo quiere por miedo…  no ya de la amenaza terrorista, que va a estar igual si entra la gente o si no entra, o incluso peor si no entran… Pero sí, la gente no quiere que entren. Pero bueno, es que no es nuestra decisión, la gente va a seguir intentando entrar, es normal, buscarán otros medios, otros caminos. Lo veo complicado, porque llevamos mucho tiempo con estos dramas, 5 años de guerra en Siria, las muertes en el Mediterráneo… Y no pasa nada.

Cuando estás allí todo es como: “¿Hostias, cómo no me he dado cuenta de esto?”, “La gente tiene que saberlo”. Y luego reflexionas y ves que sí, que la gente tiene que saberlo, pero sobre todo tiene que vivirlo como algo cercano… Por eso yo recomiendo el conocerlo de cerca, hacerlo tuyo, entender que son como nosotros de verdad. Es que es tan cercano…  Y de voluntarios españoles allí está a reventar, pero claro, uno llega aquí y vuelve a ver cuáles son las dimensiones reales del apoyo a todo esto…

_MG_1273
Celebración del año nuevo kurdo en Idomeni. Pese a la situación, en el campo queda espacio para el juego y el disfrute.

¿Cómo crees que evolucionará el tema de Idomeni, en concreto?

Yo antes creía que Idomeni era cuestión de semanas. Pero no sé, ahora creo que irá para largo, no sé si Idomeni en concreto, pero los 50.000 refugiados que hay allí. Va a llevar tiempo esto, y va a seguir llegando gente. Ahora mismo esta gente está allí hasta un momento indefinido y lo único que puedes hacer, en realidad, es normalizar la situación, que tampoco sé si es beneficioso para ellos, porque claro, lo que quieren es pasar… Pero ¿qué haces si no?

Lo que ves es que, y esto es una impresión ya totalmente mía, como que les molesta que estén en Idomeni cortando una vía del tren y en el foco de las noticias internacionales, que luego no sirven tampoco para nada, porque tú lo ves que luego aquí no nos movilizamos, yo el primero, hasta que no me he ido y he visto… Pero les molesta que estén y les están como forzando a que se vayan dejándolos sin ayuda. Y aunque allí nosotros a los que mandan no les molestamos mucho, está claro, sí hacemos un trabajo que si no se hiciera cómo estaría esa gente… Yo creo que ante un volumen más pequeño de gente se habría hecho ya como en Moria, que se les ha echado. Pero allí no puedes, porque son muchos, así que se les va como ahogando para que se vayan y eso se normalice a nivel mediático y se diluya.

Pero pienso que no se va a diluir y creo que cosas como la de hoy con la policía macedonia van a seguir pasando. Creo que cada día llegarán cosas de tirarse de los pelos y que habrá tema para rato. Y si se va gente, incluso irá a peor, porque la gente que se quede será la que piense “yo ya no tengo nada que perder”.

Y yo no sé… No sé qué hay que hacer, de verdad que no. Pero sí que hay que hacer algo… No sé… Tenemos que hacer algo.

 

*Todas las fotografías, a excepción de la sexta, son obra del entrevistado. Podéis contactar con él vía Twitter: @pqvull

YEMEN, LA MASACRE LUCRATIVA. PASADO Y PRESENTE DE UN CONFLICTO SILENCIADO

Apunta una máxima más o menos extendida en el mundillo del análisis de conflictos que en Occidente las guerras nos importan menos cuanto más al sur y más al este acontezcan. No le falta razón, aunque en realidad los motivos que están detrás de la mayor o menor atención que nuestros medios de comunicación prestan a los distintos conflictos internacionales son bastante complejos. A menudo no nos llega información de lo que sucede en otras partes del globo porque se considera que no nos afecta demasiado y, en consecuencia, que no interesa a la población. Otras es precisamente por lo contrario. Hay conflictos que interesan a las clases dirigentes occidentales por los réditos económicos que les reportan o por sus implicaciones geoestratégicas. También hay conflictos cuya instrumentalización resulta rentable en clave de política nacional. El juego de intereses cruzados hace que a menudo sea muy difícil acceder a una información no sesgada sobre lo que ocurre en partes lejanas del planeta cuya idiosincrasia y dinámicas internas entendemos, ya de por sí, bastante regular. Así las cosas, desconocemos casi todo sobre dramas humanos de proporciones enormes, ya sea porque nos sumen en la desinformación, ya porque nos bombardean con propaganda barnizada -unas veces con más habilidad que otras- de objetividad. El caso de Yemen encaja más bien dentro del primer supuesto –aunque algo hay, también, del segundo-.

Situado en la parte suroeste de la Península Arábiga, Yemen es un país de 25 millones de habitantes y una superficie similar a la española que lleva un año sumido en una guerra civil donde son moneda corriente el asesinato de civiles y la violación de los derechos humanos. Detrás de ambas realidades se encuentra con enorme frecuencia Arabia Saudí, aliado tradicional de Occidente y, actualmente, el principal cliente de la industria armamentística española. No es difícil aventurar por qué las noticias sobre lo que sucede en Yemen nos llegan con cuentagotas. Pero vayamos por partes.

4312668769_7d761a60e1_z.jpg
Niños jugando en Sana´a, capital de Yemen del Norte. 1982.

UN POCO DE HISTORIA

La situación de Yemen como punto estratégico para la comunicación comercial entre el Mediterráneo y la India, junto a la fertilidad de sus tierras, dieron importancia a la zona desde la Edad Antigua y permitieron el desarrollo de ricas civilizaciones como la sabea (¿os suena la reina de Saba? pues voilà). Hacia el año 630 d. C. Mahoma logró controlar toda la Península Arábiga y Yemen pasó a formar parte de los sucesivos califatos islámicos, aunque algunas tribus locales consiguieron cierta independencia de facto desde bien temprano. A principios del siglo IX varias zonas costeras pasaron a estar controladas por los zaydíes, una secta chiita que ha tenido una gran influencia en el devenir del territorio y juega también un papel clave en el actual conflicto.

Durante el resto de la Edad Media se alternó la injerencia de poderes exteriores, como el imperio ayubí de Saladino, con el control más o menos amplio de diversas dinastías locales. En el siglo XVI el Imperio Otomano se anexionó el Yemen, aunque su grado de dominio real sobre el territorio sufrirá muchos altibajos y de nuevo se harán valer, durante algunos periodos de tiempo, otros poderes como el de los zaydíes o el de los Saud (actual dinastía reinante en Arabia Saudí). En 1839 el todopoderoso Imperio Británico se haría con el control de la estratégica zona de Adén, puerta de entrada al Mar Rojo y oscuro objeto de deseo de las potencias europeas durante siglos (los portugueses ya la habían controlado brevemente en el s. XVI).

La derrota otomana en la Primera Guerra Mundial posibilitó la independencia de la zona noroccidental del actual Yemen bajo la forma de una monarquía: el Reino de Yemen. El hasta entonces imam de los zaydíes asumió el título de rey de un estado de corte teocrático que tuvo que lidiar con las ambiciones de su vecino saudí. En 1962 los sectores no monárquicos iniciaron una guerra civil que acabó con la instauración de la República Árabe del Yemen (Yemen del Norte) en 1970. La guerra civil de Yemen del Norte fue uno de tantos conflictos de la Guerra Fría, con el bando monárquico apoyado por Arabia Saudí e Inglaterra y los republicanos sostenidos por Egipto y la URSS. En realidad, la guerra fue desastrosa para los egipcios y la implantación de la República tuvo mucho que ver con la retirada del apoyo saudí a los sectores monárquicos.

Por su parte, la zona oriental y suroccidental de Yemen seguiría bajo control británico (en la última etapa, conformando dos protectorados diferentes) hasta finales de los años 60. Finalmente la organización de un movimiento independentista fuerte y el inicio de una dura lucha armada contra las tropas coloniales forzó la salida de los británicos en 1967, proclamándose la República Popular Democrática de Yemen del Sur, un estado socialista de partido único. Yemen del Sur era casi el doble de grande que Yemen del Norte, pero tenía solo un tercio de su población.

Las relaciones entre Yemen del Norte y Yemen del Sur atravesaron varios momentos de tensión y hubo incluso algún enfrentamiento armado puntual, dentro del marco de la Guerra Fría -con el Norte alineado con Arabia Saudí y Occidente y el Sur con el bloque comunista-. A pesar de ello, el objetivo de la unificación estuvo siempre en la mente de las élites dirigentes de ambos estados. Finalmente, tras unas larguísimas negociaciones, los dos países acabaron fundiéndose en uno en 1990, asumiendo la presidencia el hasta entonces líder de Yemen del Norte, Ali Abdullah Saleh, y la vicepresidencia el secretario general del Partido Socialista de Yemen (PSY), Ali Salem al-Beidh.

CUATRO CONFLICTOS SOLAPADOS

La unión no acabó de cuajar. Los yemeníes del sur se vieron desplazados del poder en el nuevo Yemen y, desde la añoranza de su viejo estado socialista -notablemente más libre que el Yemen unificado-, reclamaron por diversos medios una nueva separación. En 1993 el vicepresidente al-Beidh abandonó el gobierno conjunto y en 1994 hubo incluso una breve guerra civil entre el norte y el sur que acabó con la victoria de los sectores leales al presidente Saleh, entregado desde entonces a cotas cada vez mayores de autoritarismo. Las tensiones norte-sur nunca desaparecieron y en 2009 estalló un nuevo movimiento insurgente secesionista en el antiguo Yemen del Sur: es el primer eje del actual conflicto.

Por otra parte, a finales de la década de 1990 va a hacer acto de presencia en Yemen Al Qaeda (a veces la verán citada con el nombre de su brazo armado yemení: Ansar al-Shari’a). La organización fue ganando adeptos y capacidad operativa sobre todo a partir de 2001, y en la actual situación de inestabilidad y desgobierno del país incluso controla parcialmente varios territorios. Dicha situación ha sido aprovechada también por el autoproclamado Estado Islámico (en adelante, Daesh) para hacerse un hueco en Yemen, donde está presente al menos desde 2014. Se trata del segundo eje del conflicto.

El origen del tercer eje de la actual guerra civil hay que buscarlo en el resurgimiento del chiismo zaydí, impulsado en el norte de Yemen por Mohammed al-Houthi a principios de los 90. La creciente influencia del llamado movimiento houthi y su lucha contra el trato discriminatorio recibido por los zaydíes en Yemen desembocó en una insurrección armada contra el gobierno de Saleh en 2004. En este punto cabe puntualizar que, aunque los medios de comunicación suelen hablar simplemente de la “minoría chií”, los chíies zaydíes son cerca del 40% del total de musulmanes yemeníes. En este conflicto el presidente Saleh contó desde el principio con el apoyo de Arabia Saudí, que curiosamente no se implicó de igual forma en la lucha contra Al Qaeda. Seguramente no haga falta señalar que Arabia Saudí es uno de los bastiones del sunismo y de las interpretaciones más rigoristas del mismo, como la wahabita.

15335090140_85dcf3f748_z.jpg
Ciudad vieja de Sana´a, Patrimonio de la Humanidad, 2014.

Por último hemos de situarnos en 2011, en el marco de la primavera árabe. Entonces las protestas contra la corrupción política y las lamentables condiciones económicas del país se encontraron con una represión atroz por parte del gobierno de Saleh. Como en otras latitudes, esto no hizo sino acrecentarlas y acabó forzando la dimisión de Saleh y la asunción del poder por parte del hasta entonces vicepresidente, Mansur al-Haidi. Es el origen del cuarto eje del actual conflicto. El nuevo presidente se comprometió a iniciar un período de transición política, pero en la práctica se siguió abusando de la violencia institucional y toda suerte de estrategias se hicieron valer contra los independentistas del sur y contra los houthis.

LA GUERRA ACTUAL

En 2014 la guerra entre Ansar Allah (tal es el nombre oficial del movimiento houthi) y las fuerzas leales al presidente al-Haidi se recrudeció. A principios de 2015 los houthis se hicieron con el control de la capital, Sana´a, e instituyeron allí un Comité Revolucionario. El presidente al-Haidi fue forzado a dimitir y huyó primero a Adén, donde se establecieron los cuerpos militares que seguían siéndole leales, y luego a Arabia Saudí, que no tardó en ofrecerle su apoyo para recuperar el poder en Yemen.

Arabia Saudí se aprestó a ponerse al frente de una coalición internacional (de la que forman parte, entre otros, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Egipto y Marruecos) que se fijó como objetivo acabar con la insurgencia houthi y restablecer a al-Haidi en el poder. En marzo de 2015, fecha que suele considerarse el inicio de la actual guerra civil, Arabia Saudí puso en marcha una operación que bautizó con el pretencioso nombre de “Tormenta Decisiva” y que, como no podía ser de otra forma, ha resultado cualquier cosa menos decisiva.

Con su intervención en Yemen, Arabia Saudí busca afianzarse como potencia regional y obtener réditos económicos derivados del control de la zona de Adén y del tránsito de petróleo hacia el mar Rojo. Además, existe un motivo geoestratégico de fondo relacionado con la posibilidad de que un gobierno houthi acabase por alinear el Yemen con Irán, el único Estado chií del mundo. En este sentido, aunque es cierto que existen vínculos entre los houthi e Irán, hay que dejar claro que el grado de implicación real de este país en la guerra del Yemen es mínimo y no puede compararse con el papel directo asumido por Arabia Saudí.

Captura de pantalla (177)
Bombas de racimo saudíes caen sobre los pueblos de la región de Amran, al norte de Yemen.

Así las cosas, lo que nos encontramos hoy en Yemen es una guerra civil total en la que los frentes no están siempre claros y las alianzas son cambiantes. Los cuatro ejes del conflicto que hemos apuntado anteriormente se superponen y se suman además a las enemistades seculares entre distintos grupos tribales. De un lado están las tropas que apoyan a al-Haidi, la coalición internacional liderada por Arabia Saudí y diversos sectores de la población que, a veces de forma sorpresiva (es el caso de parte del movimiento independentista de Yemen del Sur) han optado por aliarse con el más fuerte. Enfrente tienen a una alianza encabezada por los houthi, a los que de forma no menos sorprendente se han sumado sectores todavía leales al expresidente Saleh y algunos grupos suníes contrarios a la agresión saudí. Al margen de estos grupos se encuentran las ramas yemeníes de Al Qaeda y el Daesh, organizaciones que solo están siendo combatidas seriamente por el bando houthi y que mantienen una relación cuando menos ambigua con Arabia Saudí. Llegados a este punto convendremos que el conflicto yemení, salta a la vista, no puede reducirse a un enfrentamiento religioso entre chiíes y suníes, por más que algunos medios hayan tratado de presentárnoslo así.

LAS VÍCTIMAS

Según Naciones Unidas la guerra en Yemen ha causado 6200 víctimas mortales en un año (desde marzo de 2015), más de la mitad civiles, aunque hay fuentes que elevan a 10.000 la cifra de muertos. Otras 30.000 personas han resultado heridas, hay 2,5 millones de desplazados internos y más del 80% de la población del país (hablamos de 20 millones de personas) necesita ayuda humanitaria para satisfacer sus necesidades básicas –debido al bloqueo económico saudí, sostenido con apoyo estadounidense-. Al menos 700 menores han perdido la vida -en los bombardeos, fundamentalmente- y Oxfam ha apuntado que un millón de niños sufren desnutrición severa.

Aunque distintas ONG han reportado violaciones de los derechos humanos por parte de todos los actores en conflicto, Amnistía Internacional, Human Rights Watch e incluso Naciones Unidas han señalado de manera muy especial a Arabia Saudí. La coalición internacional liderada por los saudíes está detrás de la mayor parte de las víctimas civiles y ha cometido numerosos crímenes de guerra, que van desde ataques intencionados contra objetivos no militares (mercados, escuelas, hospitales, fábricas…) hasta el uso de armamento prohibido por el derecho internacional como las bombas de racimo.

Captura de pantalla (175).png
Un padre llora la muerte de su hija durante un bombardeo saudí. 2016.

Cualquier aproximación al conflicto deja claro que se trata de un enfrentamiento netamente desigual. Es difícil exagerar el contraste entre el paupérrimo armamento del bando houthi y una coalición internacional que tiene decenas de miles de hombres sobre el terreno, dispone de lo último en tecnología militar y ha sido capaz de perpetrar, según los medios locales, hasta 160.000 bombardeos en menos de un año. Y es en este punto en el que la reflexión nos atañe de forma especial, dada la posición de Occidente en general y de España en particular con respecto al régimen saudí.

ESPAÑA Y ARABIA SAUDÍ

No descubrimos nada nuevo al apuntar que Arabia Saudí es un importante socio comercial de España. En 2014 estaba entre los 20 países a los que más exportamos y entre los 15 de los que más importamos. España, como otros países occidentales, es un conocido aliado de Arabia Saudí también desde el punto de vista geoestratégico y son asimismo harto conocidas las buenas relaciones que mantienen las familias reales española y saudí.

Mientras Arabia Saudí y varios países del Golfo asesinan civiles y violan los derechos humanos en Yemen, en Occidente nos hemos encargado de que no les falte de nada inundando la región de armas a cambio, claro, de pingües beneficios económicos. En el período 2010-2014 Arabia Saudí cuadruplicó sus importaciones de armas y se convirtió de hecho en el segundo mayor importador del mundo, sin duda en previsión de futuras acciones expansionistas. España, séptimo mayor exportador de armas del mundo, ha hecho buen negocio: Arabia Saudí se ha convertido en el mejor cliente de la industria armamentística española, de suerte que el 25% de las armas que vendimos en el primer semestre de 2015 fueron a parar a los Saud. Hay denuncias que apuntan que las armas que España está enviando a Arabia Saudí violan el Tratado Internacional sobre Comercio de Armas de 2014, y organismos como Amnistía Internacional han señalado que los aviones, torpedos, bombas y misiles que estamos vendiendo a los saudíes se están empleando contra la población civil yemení.

España no es, claro, el único país occidental que se está lucrando con esta guerra. Francia y Reino Unido lo han hecho sin duda en mayor medida, al punto de que se estima que en el último año los británicos han vendido armas a los saudíes por valor de 3 billones de libras. Lo que sí supone un hecho diferencial en España es la escasísima respuesta ciudadana y política frente a una situación tan grave como la referida. Así, mientras el Parlamento Europeo vota a favor de bloquear la venta de armas a Arabia –un voto no vinculante-, los Países Bajos prohíben dicha exportación y los ciudadanos británicos ponen en marcha una campaña masiva para conseguir lo propio, aquí prevalece el silencio. Tan solo algunos medios alternativos y un puñado de blogs y perfiles de la red social Twitter han planteado una denuncia seria de la situación, todavía desconocida por la mayor parte de la ciudadanía.

Arabia Saudí es el segundo mayor productor mundial de petróleo y el octavo de gas natural. Algo tiene que ver esa cara de la moneda, claro, en la tibieza con que nuestros medios de comunicación informan sobre este país. Pocas veces se señala que según Freedom House (cuyas apreciaciones tanto gusta repetir a algunos cuando se trata de hablar de Venezuela, por ejemplo) la ausencia de libertades y la nula observación de los derechos humanos en Arabia Saudí solo son comparables a las que padecen los ciudadanos de países como Corea del Norte o Irán. O que Arabia tiene un sistema legal basado en una rigurosa interpretación de la sharia que condena con la muerte la homosexualidad, el adulterio o la brujería , y que se ejecuta sin piedad a menores e incluso a discapacitados intelectuales (157 ejecuciones en 2015 lo convierten en el tercer régimen más asesino del planeta).  Tampoco se suele hacer especial hincapié en que se tortura con total impunidad o en que las élites saudíes viven entre el lujo más ostentoso mientras una cuarta parte de su población sobrevive en la más cruel de las miserias.

1111
1 de marzo de 2016: 100.000 yemeníes piden en Sana´a el final de la guerra.

Si quienes mandan en nuestro país se adscriben a la vieja máxima del “pecunia non olet” –el dinero no huele-, es nuestro deber que ello tenga -¡qué menos!- un coste político. Si además de ello, alguien en Occidente está por la labor de apoyar en la búsqueda de una solución real al problema yemení (no parece ser el caso), deberá partir de una intención real de no favorecer a ninguno de los dos principales bandos en conflicto. Pero también de la conciencia de los brutales efectos que está teniendo la agresión saudí sobre la población yemení, así como de la determinación firme de cortar lazos con un régimen manifiestamente criminal.


*Fotografía 1: “Kids Playing in the Street”, Sana´a, Yemen, 1982. Por Gareth Williams. https://www.flickr.com/photos/gareth1953/

**Mapa: http://www.ciaramc.org/ciar/imagenes/imgBoletines/bol278/image015.jpg

***Fotografía 2: Sana´a, Yemen, 2014. Por Rod Waddington. https://www.flickr.com/photos/rod_waddington/

****Fotografía 3: Yemen Post Newspaper (@YemenPostNews), 18.2.2016.

*****Fotografía 4: Yemen Post Newspaper (@YemenPostNews), 26.2.2016

******Fotografía 5: Yemen Post Newspaper (@YemenPostNews), 1.3.2016

LOS MUERTOS QUE NO IMPORTAN: 23 DE FEBRERO, DÍA MUNDIAL DE CHECHENIA

Captura de pantalla (141)

Quizás yo, tras el Cáucaso erguido,

Ocultarme podré de los tiranos,

De su ojo que todo lo registra

De su oído que nada escucha en vano.

Mijaíl Lérmontov

 

Seguramente no les suene, pero el 23 de febrero es el Día Mundial de Chechenia. Hoy se cumplen 72 años de la deportación de los pueblos checheno e ingush a Asia Central y a Siberia, ordenada por Stalin. Medio millón de personas fueron obligadas a dejar sus casas y alrededor de 170.000 perdieron la vida a causa de las inhumanas condiciones a que fueron sometidas. Fue, sin lugar a dudas, un genocidio.

En una sociedad que ha convertido en Trending Topic los días mundiales de la cerveza, la toalla, la tostada o los amigos con derecho a roce, quizá no vendría mal dedicar unos minutos del día de hoy a revisar el interminable conflicto ruso-checheno. Aunque solo aparezca en sus televisores a cada muerte de obispo, normalmente a propósito de algún brutal atentado terrorista, puede que les afecte más de lo que piensan. Si el post les resulta excesivamente largo, siempre pueden circular por la negrita.

Chechenia es actualmente una República de la Federación Rusa. Se encuentra situada en el centro del Cáucaso Norte, entre el mar Negro y el Caspio, haciendo frontera con Georgia. Tiene un millón largo de habitantes y una extensión similar a la de la provincia de Zaragoza. Más del 90% de sus habitantes son étnica y culturalmente chechenos, lo que supone que comparten una identidad de una extraordinaria solidez. La primera lengua de la práctica totalidad de los chechenos es el checheno, no el ruso, y son mayoritariamente musulmanes sufíes. El sufismo es una interpretación espiritual y mística del Islam suficientemente flexible como para permitir conjugar las estructuras y los valores tradicionales chechenos con los preceptos islámicos. Internamente la sociedad se estructura en clanes que funcionan de forma semiautónoma y existe un código moral específico articulado en torno a las adat o leyes de la montaña, que contemplan cuestiones como el honor, la hospitalidad, el coraje o la austeridad, y que en la práctica se entremezclan con la sharía. En Chechenia, escribió Sebastian Smith, “la familia patriarcal importa más que el Estado” y “la mezquita más que la policía”. O al menos, así era antes de que las últimas guerras trastocaran radicalmente la sociedad chechena.

Las diversas divisiones clánicas y religiosas, sus enfrentamientos, lealtades y posiciones con respecto al poder ruso, han jugado un papel fundamental en la historia chechena de los tres últimos siglos, marcados por un enfrentamiento sin cuartel contra Rusia que ha acabado asumiéndose como un elemento más de la identidad chechena. Un enfrentamiento marcado por la alternancia entre la gazáwat -término que suele identificarse con la yihad aunque tiene una connotación de guerra defensiva o de liberación- y el Ketmán, la sumisión aparente en espera de que las condiciones mejoren para volver a levantarse contra los rusos.

Desde que en la segunda mitad del siglo XVIII el Imperio de los zares se decidiese de forma firme a anexionar el Cáucaso, iniciándose las Guerras del Cáucaso que aparecen en la literatura de Tolstói o de Lérmontov, hasta hoy, los chechenos -solos o aliados con otros grupos étnicos del norte del Cáucaso- no han parado de causarle problemas a Moscú. La rebelión liderada por Shaykh-Mansour entre 1785 y 1791 o la guerra encabezada por el Imam Shamil entre 1829 y 1859, que acabó con la deportación forzosa de varios cientos de miles de musulmanes caucasianos a Jordania y a Turquía, son los ejemplos más conocidos. Pero entre 1860 y 1917 los chechenos se levantaron 17 veces contra el poder ruso.

En 1917 la dificilísima situación rusa, con las revoluciones de febrero y octubre, la Primera Guerra Mundial y el inicio de la guerra civil, se reveló como un marco propicio para que los norcaucasianos buscasen de nuevo su independencia. En 1918 llegaron a crear una efímera república independiente que fue abolida en 1919 cuando los ejércitos blancos de Denikin conquistaron Grozni –capital de Chechenia-. La sustituyó entonces el llamado Emirato del Norte del Cáucaso, que canalizó la lucha de los montañeses contra Denikin en alianza con los bolcheviques. Cuando ganaron la guerra civil, los soviéticos no tardaron en olvidar las promesas de autonomía que habían hecho a los caucasianos. En 1936 crearon la República Soviética Autónoma de Chechenia-Ingushetia (los ingushes son un pueblo vecino de los chechenos, étnica y culturalmente muy próximos a ellos). Los chechenos siguieron rebelándose contra los bolcheviques durante todo este período, incluso durante la Segunda Guerra Mundial, y en 1944 Stalin decidió acabar de forma tajante con el problema aboliendo la República de Chechenia-Ingushetia y deportándolos bajo la espuria acusación de haber colaborado con los nazis.

En 1957 Kruschev, en un contexto de revisión y condena de los crímenes estalinistas, restableció la República y dejó volver a los deportados, si bien durante toda la época soviética los chechenos vivirían en condiciones mucho peores que los rusos que habitaban en su propio territorio (cerca del 23% hacia 1989) y sometidos a una fuerte discriminación en toda la URSS. Con Gorbachov al frente de la URSS, la glásnost y la perestroika posibilitaron, en Chechenia como en otros lugares, el florecimiento de movimientos políticos y sociales de liberación nacional, alentados además por el cruce de guiños e invitaciones a las repúblicas étnicas lanzados por Yeltsin y Gorbachov en su particular lucha por el poder.

En 1990 se reunió en Grozni un Congreso Nacional Checheno cuyas diversas facciones coincidían en reclamar la completa soberanía de Chechenia-Ingushetia. Al frente del mismo se colocó Dzhojar Dudáyev, el único checheno que había logrado ser general del Ejército Rojo. Habiendo presenciado en primera persona las independencias bálticas, Dudáyev pensó que Chechenia, de un tamaño parecido a Estonia y menos rusificada, podría seguir el mismo camino. El fracaso del golpe de estado comunista de agosto de 1991 debilitó al Partido Comunista Checheno y fortaleció a este Congreso Nacional Checheno, cuyo brazo armado tomó por asalto el Soviet Supremo en septiembre. Acto seguido se celebraron unas elecciones fraudulentas que ganó por Dudáyev y se proclamó la independencia de Chechenia el 1 de noviembre de 1991. Ingushetia no siguió la misma senda y decidió integrarse en Rusia.

Durante los tres años siguientes Chechenia funcionó como un Estado independiente de facto. Tras un intento fallido de retomar la república, Yeltsin acabó retirando las tropas rusas de Chechenia a principios de 1992, entendiendo que Rusia tenía problemas más acuciantes que aquel. Yeltsin dejó hacer a Dudáyev, que conformó una República independiente, bautizada en 1993 como República de Ichkeria, de carácter militarista, autoritario y personalista, que tuvo que lidiar desde el inicio con una galopante crisis económica. El autoritarismo de Dudáyev y la propia división clánica de Chechenia acabó derivando en una guerra civil de baja intensidad, con una oposición sostenida por clanes prorrusos que controlaban pequeñas zonas de la república y eran apoyados por una Rusia cada vez más centralista. En noviembre de 1994 esta oposición, armada y apoyada por Rusia, intentó tomar Grozni pero fracasó estrepitosamente.

Poco después de ese fracaso, en diciembre del 94, Rusia se decidió a tomar cartas en el asunto de manera directa e invadió Chechenia con el objetivo de acabar con la tentativa independentista. La explicación a este cambio de política por parte de Rusia hay que buscarla en el rápido renacimiento de un discurso imperialista; en la voluntad de desviar la atención de los graves problemas económicos y sociales internos buscando enemigos externos; en la importancia geoestratégica y geoeconómica de Chechenia -sobre todo como zona de paso del principal oleoducto que transportaba el petróleo del Caspio y por la industria de refinado de petróleo, ya que su producción de petróleo estaba ya en horas bajas- y en la necesidad de un castigo ejemplarizante que quitase las ganas de independizarse a las demás repúblicas étnicas rusas (se trataba, en palabras de un importante dirigente ruso, de cerrar la puerta con suficiente fuerza como para que temblaran los cristales de los vecinos).

Los rusos iniciaron así una guerra para la que no se habían preparado suficientemente, confiados en que sería un paseo militar. En lugar de ello se encontraron con una resistencia feroz que causó 7000 bajas al ejército ruso en año y medio: la mitad de las que tuvo en Afganistán en diez años. Finalmente la resistencia chechena logró obligar a Rusia a firmar un acuerdo de paz en agosto de 1996 que ya no podría firmar Dudáyev, asesinado poco antes. Ese acuerdo de paz suponía la retirada de los contingentes rusos y aplazaba por un período de cinco años el debate definitivo sobre el estatus de Chechenia. La guerra había dejado entre 50.000 y 100.000 civiles muertos, 200.000 heridos y medio millón de refugiados, amén de causar enormes daños materiales, ecológicos y psicológicos. Las fotos del acuerdo de 1996 venían a corroborar que las guerras, como decía Eric Flakoll, las hacen jóvenes que no se conocen ni se odian pero que se matan, y las dirigen viejos que sí se conocen y se odian pero no se matan.

Chechenia iniciaba así, en fin, una nueva etapa de independencia de facto. En enero del 97 se celebraron unas elecciones libres, supervisadas por organismos internacionales, que se saldaron con la victoria de Aslán Masjádov, un independentista moderado que había sido el principal artífice del éxito militar checheno en la guerra. Pero este nuevo período de independencia iba a ser aún más convulso que el período de Dudáyev: el país estaba arrasado y las compensaciones económicas que Moscú había acordado pagar no llegaban correctamente. La corrupción, el robo y la venta ilegal de petróleo, así como la puesta en marcha de una auténtica industria del secuestro caracterizarían a la Chechenia de Masjádov. Internamente las tensiones políticas eran cada vez mayores, especialmente entre el sector independentista moderado del presidente Masjádov y los grupos próximos a un islamismo radical que había entrado en Chechenia precisamente a raíz de la contienda, impulsado por la generosa financiación procedente de algunos países árabes. Todo ello, sumado a la existencia de numerosos señores de la guerra con ejércitos personales (también como consecuencia del conflicto con Rusia) convirtieron la vida de la república en un caos que Masjádov no pudo revertir a pesar de su innegable capacidad política.

En agosto de 1999 unos 1500 hombres armados dirigidos por Shamil Basáyev, principal referente del sector radical checheno opuesto a Masjádov, invadió la república vecina de Daguestán supuestamente con el propósito de establecer una república islámica en el Cáucaso norte. Los rusos lo obligaron a replegarse y a volver a Chechenia en una operación con numerosos ángulos muertos. En septiembre de ese año explotaron varias bombas en edificios de viviendas de Moscú y de otras dos ciudades rusas, causando 300 muertos. El Kremlin culpó a los chechenos de los atentados -aunque existen dudas razonable sobre la participación en los mismos de los propios servicios secretos rusos- y utilizó estos episodios como casus belli para justificar una nueva invasión de Chechenia, que se inició en octubre.

Esta vez el ejército ruso, mejor preparado, logró tomar Grozni en enero del año 2000, de nuevo con numerosas bajas, iniciándose después una guerra de guerrillas esencialmente en la montañosa zona sur de la República y que en cierta medida se ha mantenido hasta hoy. Esta segunda guerra ha estado caracterizada no solo por la existencia de enfrentamientos directos, sino también por el uso recurrente del terrorismo por parte de un sector de la guerrilla chechena -en ocasiones contra objetivos civiles rusos- y por la transformación de lo que era un conflicto de liberación nacional en un metaconflicto, esto es, en un conflicto sobre la propia naturaleza del conflicto. Entre la resistencia chechena se hizo cada vez más obvia la fractura entre un sector moderado, proclive a negociar, nacionalista y que condenaba el terrorismo (liderado por Masjádov, asesinado en 2005); y un sector radical que defendía la vía terrorista y subrayaba el factor religioso por encima del nacional, liderado por Basáyev (apodado “el Bin Laden del Cáucaso”, asesinado en 2006).

Después de los acontecimientos del 11-S el sector moderado dejó de contar con la simpatía occidental y la postura de EEUU sobre Chechenia cambió radicalmente. El sector radical, único capaz de sostener la lucha gracias a los fondos de determinadas redes islamistas, fue ganando peso mientras la lucha se extendía también a otras repúblicas musulmanas rusas del Cáucaso Norte. Finalmente en 2007 el entonces presidente de Ichkeria (la Chechenia Independiente, que ya no tenía base territorial real), Dokku Umárov, abolió la República y proclamó el Emirato del Cáucaso Norte, que englobaba también a las repúblicas vecinas. Algunos sectores de la insurgencia chechena no aceptaron esa medida y siguieron luchando bajo la bandera nacionalista, cada vez más mermados y con el escaso apoyo simbólico de un gobierno de Ichkeria en el exilio en la práctica totalmente inoperante.

Por otra parte, tras hacerse con el control de la mayor parte de la República, Rusia colocó en Grozni una administración prorrusa, organizó unas elecciones fraudulentas en 2003 y dotó al territorio de una constitución. Al frente del gobierno checheno prorruso se puso a Ajmed Kadírov, antiguo independentista que decidió cambiar de bando. Cuando Ajmed fue asesinato por la guerrilla en 2004 se colocó al frente de Chechenia a su hijo Ramzán Kadírov, aunque el cargo de presidente no lo asumiría formalmente hasta 2007. Desde entonces hasta hoy, Ramzán se ha caracterizado por instaurar en Chechenia una dictadora brutal y extravagante marcada por la corrupción, la fidelidad a Putin, la violación sistemática de los DD.HH., el culto a la personalidad, la chechenización del conflicto (es decir, la retirada progresiva de las tropas rusas y su sustitución por milicias chechenas prorrusas) y una reconstrucción a primera vista espectacular pero que esconde innumerables abusos.

Esta segunda guerra de Chechenia se ha cobrado la vida de cerca de 50.000 civiles, 5.000 soldados rusos y 15.000 combatientes chechenos, y actualmente sigue dejando entre 700 y 1000 muertos cada año en el Cáucaso Norte (fundamentalmente en Daguestán, Chechenia, Ingushetia y Kabardino-Balkaria) entre civiles y combatientes de ambos bandos.

Está por ver hasta dónde y hasta cuándo se prolongará la alianza entre Putin y Kadírov, qué va a suceder si la insurgencia consuma el objetivo de atentar contra el líder prorruso o si los todavía débiles movimientos sociales prodemocráticos en Rusia conseguirán promover cambios serios en la situación de la zona. Del mismo modo es difícil aventurar cómo pueden repercutir en esta zona la situación de Abjasia, Osetia o Nagorno-Karabaj, los problemas entre Rusia y Turquía, las guerras de Afganistán y Siria o la compleja situación ucraniana. Lo que sí es seguro es que la guerra ha dislocado la sociedad chechena. La edad media es ahora de poco más de 20 años, casi no hay ancianos, que tenían un papel rector clave en los clanes, y los jóvenes llamados a buscar soluciones a la situación han crecido mamando guerra, destrucción, miseria y odio. No pocos se han visto seducidos por el islam rigorista, sus propuestas de reforma, su ideología fuerte y unitaria o sus promesas de justicia social, produciéndose una ruptura generacional que parece insalvable. Los efectos de la guerra a otros niveles tardarán también, todavía, mucho tiempo en desaparecer.

El conflicto ruso-checheno ha dejado al descubierto la verdadera naturaleza de la Federación Rusa y tiene mucho que enseñarnos. El problema checheno es también el nuestro, y no me refiero sólo a la influencia de Occidente en el desarrollo del conflicto, transigiendo de manera evidente con los crímenes de la Rusia proveedora de materias primas, especialmente desde que en 2001 todo quedó subsumido bajo ese manto igualador y un tanto idiotizante del terrorismo internacional. Me refiero también, de forma más general, a que este conflicto nos acerca a las tripas de realidades que nos afectan a todas: la doble moral y el doble lenguaje del poder; la corrupción, la manipulación informativa, ideológica y política por parte de las élites; el uso del miedo y de la guerra sucia; los peligros de la exclusión y de la xenofobia; la supeditación de cualquier consideración de carácter moral a la realidad económica; la utilización interesada de la religión con fines políticos o económicos; el desastre ecológico; las tensiones entre progreso y tradición -y los peligros del progreso- y, en fin, la barbarie. La barbarie repetida de manera cíclica también en Europa, desde los judíos de Auschwitz a los bosnios de Srebreniça y a los chechenos del punto de filtración de Chernokozovo. Como señalara el humorista estadounidense Will Rogers, no puede decirse que la civilización no avance: en cada nueva guerra podemos matarnos de una manera diferente.

 ***Fotografía: Familia chechena, 1977. Por Igor Palmin. https://www.flickr.com/photos/igorpalmin/