PEQUEÑA ZONA DE EXCLUSIÓN AÉREA

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¿Cómo es posible en pleno siglo veintiuno

-como dicen,

que sueñe cada noche con tus besos,

que sueñes cada noche con mis besos,

y carestía de labios me despierte

sin un triste lóbulo de tu oreja

que llevarme a la boca?

 

Epidemia de centímetros de aire

condena a la escisión a una epidermis,

y entre los tabiques nos increpan a gritos

las sombras que habrían de vestir

nuestro cuerpo compartido,

las falanges sometidas a metódica vigilancia,

unos ojos esperando el tercer grado penitenciario,

el primer segundo de omisión de ropa,

la profundidad justa de un ombligo.

 

Y al final tanta vacuna para nada,

tanto chaleco salvavidas para nada,

tanta letra torpemente concentrada

para taponar este ruido huérfano de gemidos…

Y tanta casa.

Tanta, tanta casa

para nadie.

 

**Fotografía: Sin título, de ODiN:  https://www.flickr.com/photos/dskciado/

BREVE SOCIOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN

 

Pierde cuidado: afuera no hay ningún incendio.

Vuelve a la silla.

No hay nada que ver tras la ventana,

mira al frente,

no te compliques la vida,

tiempo-al-tiempo,

no quieras ir demasiado lejos.

 

Es mejor que estés callado:

ni se te ocurra hacer preguntas tontas.

 

Lo importante es lo importante,

porque lo digo yo

… y punto.

 

Atente al libro y atiende,

cíñete a las explicaciones del profesor,

no hagas planes para esta tarde,

no te distraigas de tu destino

con amores o literatura.

 

Ponte en tu sitio,

siéntate bien,

pide permiso…

Sé agradecido.

 

Métete la camiseta por dentro

y súbete los pantalones.

 

No te pintes en la mano

ni en la cara.

Piensa antes de hablar,

pero  P-I-E-N-S-A   B-I-E-N.

 

Escribe recto,

no subrayes todo,

no uses tantos colores:

 

“Su cuaderno parece una fiesta de disfraces”.

 

Jamás olvides poner tu nombre en la primera página,

cuida esa letra…

Sé ordenado.

 

La vida es así,

repite conmigo:

en mi casa hago lo que quiero

pero aquí …

ca-lla-di-to-y-en-si-len-cio.

 

Acostúmbrate a mirarme

cuando te hablo:

desentiéndete de-los-de-al-lado.

 

Deja una página en blanco antes de empezar un tema nuevo.

Nunca escribas nada sin poner antes el título y la fecha.

LA CASA DEL LEÑADOR

LEÑA

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan

decir qué somos y quién somos,

nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.

Estamos tocando fondo. 

Gabriel Celaya

 

Para democratizarnos en altura,

nos talaron las piernas:

ciudadanos inválidos de un mundo raso

apenas alcanzábamos a mirar por la ventana.

 

¡La casa del leñador era tan grande!

 

Inventariamos cada gota de lluvia

siguiendo el superior criterio del dueño de la perspectiva;

seguros de que era lo correcto

tragamos aire hasta enfermarnos,

y al llegar la noche

nos robamos el frío unos a otros.

 

En el horizonte una chimenea infinita

seguía inventando nubes

para nuestro techo.

 

Obligados a arrastrarnos

nos hicimos del suelo,

con el suelo,

 

¡Éramos polvo habitado y había

utopía en los tiradores de todas las puertas!

 

Lamieron tierra nuestras lenguas

hasta secarse:

arena y piedras,

arena y piedras.

 

Fuimos del suelo,

con el suelo,

y creceremos ahora en este erial

abonado con futuros y carroña,

y ya no seremos hombres ni árboles:

fuimos ceniza

y seremos hierba.

 

Las hojas bastas

de sus hachas

serán inútiles.

 

HERIDAS Y NAUFRAGIOS

F

 

Lo que no te mata te hace más frío. La tristeza viaja ligera de equipaje, va devorando partes de ti para que huyas más deprisa de quien decía querer llevarte de la mano. No es un camino de ida y vuelta: es un naufragio. Un naufragio en una noche incómoda y oscura, sin Estrella Polar, ni Cruz del Sur, ni astrolabio ni Cristo que lo fundó.  A veces, tras la tormenta, uno despierta en la playa y observa el barco ahí mismo, encallado en unas rocas a unos metros de la orilla, con el casco astillado pero cada equipaje en su correspondiente camarote. Otras, en cambio, apenas quedan rastros del desastre. Al contrario de lo que podría pensarse los naufragios más violentos no suelen dejar restos espectaculares a la vista. De vez en cuando emerge del fondo del mar algún cadáver hinchado o aparece una camiseta todavía sin estrenar, con la etiqueta y todo, flotando sola a la deriva. En cualquier caso, has sobrevivido. No te queda más remedio que sentarte a esperar que el mar traiga a la arena una maleta con ropa de tu talla. Desnudo y a merced de las corrientes, disfrutas al menos de la paciencia serena de quien ha perdido la esperanza.

 

Ya solo las heridas.

No recuerdo en qué guerra,

bajo qué bandera,

por qué ideales.

Apenas ya las heridas sobre la piel

blanca como la arena de los relojes,

esperando las patadas de otros pies

bajo las sábanas.

 

**Fotografía: Moynaq, Mar de Aral. Arian Zwegers. https://www.flickr.com/photos/azwegers/

ENTROPÍA

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ENTROPÍA

 

Como si dejara la muerte su afán absoluto

sobre la mesilla de noche y se ofreciera humilde:

 

“Aquí tienes mi frialdad desnuda.

En ausencia de luz puedes usarla.

Prometo marcharme por la mañana”

 

Así llegabas tú los sábados de diciembre,

con un descanse en paz sobre los labios

y el teléfono en modo silencio,

a mi continuo desorden con tus pies vegetales

flotando sobre esta aridez de casa,

con la imposible discreción de un par de flores

que fueran a crecer en medio de la playa.

 

**Fotografía: Jardines de Luxemburgo, París.

(M) ODA A LO PLANO

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(M) Oda a lo plano

 

Ahora que todo es plano:

los vientres

las tarifas

las mentes

Los amores.

 

Ahora que todo es plano y sin embargo

llano ya no queda

casi nada:

ni las gentes

 ni las ropas

   ni los placeres

    Ni las verdades.

Ahora que todo es plano

menos-las-palabras,

podemos llanamente

o mejor,

abruptamente,

irnos todos a la mierda.

 

 

*Imagen: Paisaje. Félix Cuadrado Lomas.