MIRADAS

A veces explotan al volante,

minas persona a la orilla de algún semáforo.

Otras pasan silbando cerca de la sien en un paseo marítimo,

impactan con precisión de francotirador en bibliotecas y librerías

o decretan altos el fuego aprovechando la esperanza urgente de un aeropuerto.

 

Los vagones de metro son ideales para romperse las pupilas,

las pestañas se disecan en ciertas paradas de autobús

-depende de la hora y del calor-,

los trenes son trincheras,

seguridad tensa de asientos numerados y finales de trayecto,

y tienen oficina de ojos perdidos todas las estaciones:

fosas comunes de globos oculares.

 

Los cristalinos miden labios en las colas de los supermercados,

las escaleras mecánicas hacen tiritar los lacrimales,

en los patios interiores asesinan poemas los párpados, las ojeras,

y es de dominio público que el iris se abrillanta en las cafeterías

a la hora del desayuno.

 

Los museos tensan el nervio óptico,

las miradas en los parques bajan el humor vítreo hasta las piernas,

la mayor tasa de trasplantes de córnea se produce en las aceras

y el mar es aficionado a clavar pieles en la retina.

 

Los puntos ciegos son inherentes a los bares,

la esclerótica predomina en baños y cuartos trasteros,

los ligamentos sufren en las peluquerías

-donde en consecuencia es fácil dejarse los ojos olvidados-

y la pequeña luna del iris brilla especialmente en los ascensores.

 

Por todas partes hay ejércitos de ojos,

barracones, búnkeres de ojos,

mercaderes de ojos traficando

con cuerpos huérfanos de tiempo y de paciencia.

ALGÚN DÍA

Algún día tendremos que dejar de sentirnos

culpables por todo,

de probarnos futuros en otros ojos,

de desvestirnos la vida en otros cuerpos

y olvidarnos el alma colgada en el vestíbulo.

Algún día tendremos que dejar de equivocarnos

-nosotros,

que pasamos por el tiempo inflando globos

para verlos volar anárquicos

en un éxtasis de segundo y medio-,

besaremos despacio,

follaremos el tercer sábado del mes,

prepararemos los domingos la comida

para toda la semana.

Algún día nos enamoraremos de unos zapatos,

andaremos por el mundo de puntillas

por miedo a que la vida nos salpique el bajo de los pantalones,

nos peinaremos a raya,

dejaremos de colarnos en los museos

y torceremos el gesto al amanecer

viendo a los jóvenes salir de las discotecas.

Nos daremos siempre la crema solar en la piscina,

empezaremos a afeitarnos a diario,

haremos un sitio a las camisas planchadas,

a los cereales integrales,

  a los best-sellers,

        a los cinturones.

Algún día caminaremos deprisa

por los sitios de siempre,

miraremos de frente al suelo y a los problemas,

nos preocuparemos por los precios,

por el euríbor,

por el tiempo de cocción

y las horas de sueño,

por las instrucciones de lavado,

la revisión oficial del automóvil,

las calorías.

Abriremos las cartas del banco, algún día.

Algún día diremos cosas como

“ya lo entenderás cuando seas mayor”

o “qué sabrás tú de la vida”

mientras hacemos aspavientos con los brazos

como estrellas de cine mudo.

      Viviremos en blanco y negro

y recordaremos en color y en secreto

camas,

pieles,

suelos

por donde andábamos descalzos.

 

JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA Y LA DERECHIZACIÓN DE “EL PAÍS”

Publicaba ayer José Ignacio Torreblanca, jefe de opinión del diario EL PAÍS, un artículo lleno de sarcasmo en el que daba buena cuenta de los pobres idiotas que hemos cometido la osadía de señalar, en alguna ocasión, la derechización de su periódico. De los “vigilantes de la derechización” le chirrían al señor Torreblanca dos cosas. En primer lugar, nos dice, le sorprende que esta clase de indignación sea solo cosa de izquierdas. A los partidos conservadores, viene a comentar, nunca les acusan de “izquierdización”, a pesar de que han asumido y defienden la existencia de servicios públicos, el aborto o el divorcio, por ejemplo. A nosotros, “guardianes de las esencias de la izquierda verdadera”, nos chirrían también algunas cosas de este argumento de Torreblanca. De entrada, cabe señalar que es falso: históricamente las concesiones conservadoras en estos y otros ámbitos han venido acompañadas de airadas reacciones ultramontanas y de acusaciones de traición a menudo durísimas.  De salida, sucede que Torreblanca enfrenta falazmente dos realidades difícilmente oponibles: en el seno de regímenes democráticos esa supuesta “izquierdización” de los partidos conservadores ha buscado favorecer los intereses de la clase dirigente del capitalismo garantizando la sumisión al sistema de la mayoría de la población al precio de una serie de concesiones. Por su parte, la “derechización” de la izquierda se ha producido en provecho de los intereses empresariales y menoscabando los de la mayoría social que defiende su ideario. Los dos procesos benefician al mismo sector social y apuntalan el mismo sistema socioeconómico, pero es evidente que esto solo conlleva una contradicción de fondo para quienes se reclaman de izquierdas. Así, aunque sigue siendo pertinente que el señor Torreblanca eche un vistazo, por poner un ejemplo cercano, a las acusaciones de izquierdización que VoX o muchos sectores de la Iglesia católica vierten con frecuencia sobre el PP, no conviene que los equipare con las acusaciones de derechización que pesan sobre el PSOE… o sobre EL PAÍS.

En segundo término, a Torreblanca le chirría muchísimo que quienes hablamos de la derechización de EL PAÍS, o del PSOE, no sepamos ponernos de acuerdo sobre cuándo empezó dicha derechización. Se ve que cuando nos pregunta sobre el tema, los “comisarios del purismo ideológico” le contestamos demasiado a menudo a Torreblanca –de manera perezosa además, parece ser- algo como “Uf, ni me acuerdo de cuándo empezó esta deriva”. Cabría recordarle al reputado politólogo que Marc Bloch ya advertía, en El oficio de historiador,  de lo inadecuada que es esa obsesión por buscarle un punto de inicio a todos los procesos -el “ídolo de los orígenes”, decía Bloch-. Los procesos evolucionan gradualmente, con avances y retrocesos, y no siempre es posible fijar un punto de partida, pero eso no significa que el proceso no exista o que no sea fácilmente identificable.

En todo caso, lo que de verdad me ha enamorado de la reflexión de Torreblanca es ese fragmento en el que apunta entre jocoso e indignado:  “a poco que intentes indagar sobre la cuestión, resulta que EL PAÍS siempre fue de derechas”. Y es que, qué demonios, ¿y si resulta que EL PAÍS siempre fue de derechas? Recordemos que EL PAÍS y PRISA fueron fundados por reformistas del régimen franquista, que se puso al frente del proyecto a un Cebrián que había sido director de informativos de la TVE franquista y que se asumió inicialmente el firme propósito de apoyar a Fraga, primero, y a Areilza, después. Solo cuando esta apuesta fracasó y ascendió la estrella de Suárez en lugar de la de Areilza, se fraguó la alianza estratégica entre EL PAÍS y el PSOE que tan buenos frutos ha dado a ambas partes. Con el tiempo hemos sido testigos de muestras de amor gubernamentales tan bonitas como la concesión de Canal Plus al grupo PRISA, y de contrapartidas no menos románticas como el silencio o el perfil bajo de EL PAÍS con los excesos y corruptelas del felipismo. Al cabo igual resulta, señor Torreblanca, que como apuntaron muy certeramente Seoane y Sueiro, EL PAÍS siempre ha sido “conservador en lo económico, de centro en lo político y radical en lo sociocultural”. Lo que está claro, desde luego, es que en sus páginas no hay espacio para modelos de organización social, política y económica alternativos, y que el diario se ha atrincherado en una defensa nada crítica de la OTAN, la UE y el nacionalismo español. De un tiempo a esta parte, además, han ido desapareciendo las firmas más alejadas del establishment, como la de Carlos Taibo, se ha expulsado a los que se han atrevido a verbalizar la preocupante deriva del periódico –así a Miguel Ángel Aguilar- y hemos asistido a un silencio vergonzoso para con las cuitas fiscales de Cebrián. Recientemente, el despido de Ignacio Escolar de la SER y el mutismo con que lo recibieron los periodistas de PRISA –grandes nombres inclusive- han sido desde luego muy elocuentes. En fin, quizá el lector pueda darle un repaso al accionariado del Grupo PRISA y dejar volar la imaginación para valorar si en esa derechización del periódico habrán tenido algo que ver las enormes deudas que PRISA está teniendo que renegociar con los grandes bancos en los últimos tiempos.

A Torreblanca también le irrita mucho que mencionemos la derechización del PSOE y tampoco sepamos señalarle cuándo comenzó. Pero a lo mejor resulta que con el PSOE postransicional –o con los sectores dominantes del mismo- pasa un poco como con EL PAÍS. Guste o no, en estos 40 años de democracia se las ha venido arreglando para laminar el movimiento vecinal y el sindicalismo más combativos, gobernar en favor de los poderes económicos, privatizar por doquier o mantener los privilegios de la Iglesia católica. Que nadie olvide que la desigualdad, el descenso del gasto social, la escasa progresividad de los impuestos, la nula preocupación por el medio ambiente, los vínculos estrechísimos con el mundo empresarial o la corrupción no son patrimonio ni herencia exclusiva del PP, ni muchísimo menos.

En fin, por el momento -y parece que va para largo- tendremos que seguir sobreviviendo en medio de este estado de connivencia entre el poder político y el mediático, sufriendo la falta de autonomía del periodismo y un acoso cada vez más indisimulado a la libertad de expresión. Seguiremos eso sí disfrutando de la ilusión de pluralidad que nos proporciona desayunarnos con EL PAÍS, escuchar la SER de camino al trabajo, almorzar con el Huffington Post, intentar entender algo de economía hojeando el Cinco Días y tirarnos frente al televisor a ver Cuatro o Telecinco al llegar a casa. Poco importa que detrás de todos estos medios estén los mismos intereses financieros, las mismas manos. Al menos a partir de ahora, cada vez que la pereza y la incultura que nos caracterizan nos impidan responder a la pregunta de cuándo empezó la derechización de EL PAÍS, podremos aportar la fecha en que terminó de asentarse: “el 14 de julio de 2016 el jefe de opinión de EL PAÍS publicó un artículo en EL PAÍS defendiendo la no derechización de EL PAÍS”, diremos sarcásticos. Excusatio non petita

 

POR AQUÍ LA PRIMAVERA

Por aquí la primavera es una huida de ropa,

un brotar de sillas en la acera,

el crujido de los plásticos de los coches,

y luego pequeños detalles,

como una familia de patos enfilada por el borde de la calle,

un pajarito caído del árbol,

feriantes con rinoconjuntivitis

o el parque cada vez más lleno de gazapos.

 

Por aquí la primavera es caer en la cuenta

de que siguen vendiendo helados en el súper

y hacerse selfies con gafas de sol de colorines.

 

En el lugar del que vengo todo es distinto:

los arroyos parecen sábanas deslizándose

largos y blancos como tus piernas en diciembre,

hay rebaños de cigüeñas pastando

en praderas salpicadas por un acné de granito,

y diez vacas color canela al lado de una carreterita

que gatea inocente hacia el silencio

de jubilados al sol en los poyetes

mirándose a los ojos todavía.

AUSENCIA

Ausencia es una pesa de telar

que tensa un alma

sobre la que rebota el mundo;

 

para quien no existe,

es más fácil decir adiós

que abrir la puerta.

 

Ausencia es un molde sellado,

espacio vacío a cuya forma

se adhieren los labios fundidos

de los locos;

 

para quien no existe,

 duele menos un puñetazo

que una mano dispuesta a ser estrechada.

 

Ausencia es una noche en el desierto,

la luz de una hoguera

en la que arden los recuerdos,

certeza fría de la vida:

las señales de humo

no calientan

a los muertos.

EXPLICAR NO ES JUSTIFICAR: UNA DENUNCIA DEL ANÁLISIS DEL TERRORISMO COMO CATÁSTROFE NATURAL

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   Nota: Este artículo también se encuentra disponible en la Revista Amberes: échale un ojo.

    En junio del año 2000 el presidente ruso Vladimir Putin visitó España. En medio de la segunda guerra de Chechenia, con decenas de miles de civiles muertos y Rusia violando sistemáticamente los Derechos Humanos, José María Aznar se convertía en uno de los primeros líderes mundiales en apoyar sin fisuras a Rusia y declaraba que el terror es terror en Chechenia o en Euskadi”. No tardarían en seguirle otros prohombres del capitalismo global, especialmente desde que los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 colocaran la resecuritización del primer mundo en el centro de la agenda política.

    El cambio radical de las posiciones de la comunidad internacional con respecto a lo que venía pasando en Chechenia ejemplifica bien el nuevo paradigma post-11S. No solo establece con especial contundencia que el único factor auténticamente diferencial del terrorismo viene dado por su carácter de violencia no estatal, sino que hace tabla rasa de todas las formas de terrorismo, equiparándolas entre sí. No me resisto a recordar lo paradójico que resulta que dos de los líderes que abrazaron con mayor entusiasmo este discurso, Ariel Sharón y Benjamin Netanyahu, olvidasen que el calificativo terrorista les fue aplicado también, en su momento, a la Haganá, el Irgún o el Leji. Y tampoco a dejar constancia de cómo para hablar del terrorismo llevado a cabo por los estados gustamos de recurrir a otros términos, como el de “escándalo” (el escándalo de los GAL, el escándalo Irán-Contra, el escándalo de los falsos positivos, etc.). Pero el de la violencia estatal y paraestatal, sus formas y los discursos que las amparan es un debate amplio que habrá que dejar para otro día.

    En las homilías oficiales, cualquier organización considerada terrorista resulta equiparable a otra, y tampoco se hacen distinciones en cuanto a la consideración de una misma organización en diferentes momentos de su historia. Para que nos entendamos, parece ser lo mismo dirigir la violencia contra las fuerzas armadas de una nación en un contexto de guerra asimétrica, que hacerlo contra la población civil. Y resulta ser también lo mismo el terrorismo en el marco de un sistema de garantías democráticas que permite la canalización política de la disensión, que dentro de un régimen dictatorial que reprime todo lo que se salga de la doctrina oficial.

    En España, la equiparación de todo el terrorismo ha calado en un sector importante de la población y forma parte del discurso habitual de la derecha.  Pero esta argumentación, que excede la simplificación para instalarse en la mentira idiotizante, parece estar alcanzando cotas superiores de inanidad. Así, si hace un año escuchábamos a Esteban González Pons afirmar que “el terrorismo es todo igual”, un par de meses atrás Pablo Casado se encargaba de recordar a los alcaldes del cambio –a los alcaldes del fracaso, según sus palabras-, que “el terrorismo no conoce ninguna causalidad, ninguna razón”. Casado formulaba el argumento en su versión más ramplona y añadía: “que los que van de modernos busquen una causalidad política al terrorismo es de una maldad que no puedo entender”.

    Aun obviando el paroxismo estúpido de las declaraciones de Casado, la reflexión sobre los peligros que entraña esta clase de discurso es pertinente. En “Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI?”, Carl Amery denunciaba la tendencia a analizar el hitlerismo como una catástrofe natural en lugar de hacerlo como un fenómeno histórico. El nazismo se presenta así como algo inesperado, inevitable, “un meteorito que cae en medio de Europa” cuyo análisis no puede por tanto decirnos “nada concreto sobre nosotros ni sobre nuestra evolución”.  Al negar que el proyeto de Hitler tenía en efecto una lógica, apuntaba Amery, no solo se dificulta a la sociedad alemana la superación emocional de lo que representó el nazismo, sino que se bloquea la prevención de fenómenos similares. Como una especie de enfermedad autoinmune, al negarnos a buscar explicaciones profundas y libres de prejuicios para aquellos fenómenos que consideramos extremos, garantizamos el mantenimiento de la amenaza.

    La formulación de mantras dogmáticos y simplificadores para explicar problemas complejos forma parte del patrimonio ideológico de un sector de la derecha de nuestro país –también de parte de la izquierda, a qué negarlo-, que tradicionalmente ha pretendido asimismo extender una suerte de sanción moral sobre sus sofismas. Cuando se habla de terrorismo, el estado del debate público en España es tal que cualquier intento de explicar qué opera detrás de este fenómeno, o de diferenciar entre el origen y los propósitos de distintos grupos terroristas, es proscrito de inmediato. Reducido lo moralmente aceptable al “todos son iguales” y al “no existe explicación”, inauguramos una suerte de apología de la ignorancia, una ética de la estupidez. El terrorismo aparece como una plaga medieval que azota inexplicablemente a los piadosos e inocentes campesinos.

    Sin embargo, por mucho que algunos se empeñen en hacernos creer lo contrario, los terroristas no son animales irracionales que actúan sin causa alguna, y tampoco parece muy acertada la pretensión de explicar el terrorismo recurriendo a lugares comunes y simplismos: nadie se vuela por los aires en medio de una plaza atestada de gente por la promesa de cuatrocientas vírgenes en la otra vida.  No conozco ningún problema que se haya solucionado partiendo de la negación ex cathedra de la existencia de factores que permitan explicarlo. Por no mencionar que tachar de inmoral la búsqueda de explicaciones e imponer un único argumento aceptable es algo propio de regímenes totalitarios.  En realidad, lo único que puede ayudarnos es la complejización sistemática del fenómeno terrorista y la mirada valiente al Otro: a sus pretensiones, a la imagen que tiene de su realidad, de sí mismo y de los demás.  Tal y como ha señalado el filósofo francés Tzvetan Todórov, la identificación como “terroristas” de todos los grupos y personas que ejercen la violencia al margen de los aparatos represivos de los estados opera borrando todo indicio sobre las causas de la lucha, dinamitando así cualquier posibilidad de comprensión sobre la que construir futuras soluciones.

    Hoy las líneas de lo políticamente correcto parecen haberse fijado en las afirmaciones de que todo el terrorismo es igual, de que todas las víctimas del terrorismo son iguales, de que el terrorismo no tiene ninguna explicación y de que la única solución posible es plantear una “guerra al terrorismo”. Olvidamos que las victorias militares nunca han sido garantía de solución para ningún problema -en estos momentos, inmersos en el centenario de la Primera Guerra Mundial, quizá no sea baladí recordar lo que trajo consigo el Tratado de Versalles-, y pasamos además por alto hasta qué punto el reconocimiento de la guerra como única solución posible es también el del fracaso de la civilización. En cualquier caso, no pretendo llevar este articulito tan lejos.  En un país que se dedica a linchar a quien se atreve a enunciar una obviedad como que existen causas políticas detrás del terrorismo –algo asumido, por lo demás, por cualquier estudio académico sobre el tema- , me conformo con dejar constancia de una sencilla consideración semántica: entender no significa justificar.

*Fotografía: Karen Eliot, https://www.flickr.com/photos/kareneliot/

HOMBRE HUÉRFANO DE CASA

Construye tu presencia

habitaciones,

que abandona puntual

e imperturbable

a las seis horas.

 

Da el tiempo para algún café,

para algunos paseos,

para asegurarnos de que entendemos

 lo que callamos.

 

Irremediablemente quedo,

después,

con una casa vacía.

 

“Enorme y vacía”

-me digo al despedirte-,

“toda llena de tu ausencia”

-me digo al despedirte-,

 

y la casa regalada

que me ignora

aguarda nueva

alguna planta.

EDAD DE HIELO

El hielo ha roto aguas

en Siberia,

y ha parido un mamut

perfectamente conservado.

Misha lo ha llamado babushka

y le ha acariciado una pata

con sus dedos de garabato.

 

Yo he preferido tomar distancia

y ahora peso largo sobre el frío

como los cuartos traseros de un cordero

en el mostrador de una carnicería.

 

Estoy aquí bocarriba,

congelándome,

y pienso cosas un poco tontas

seguramente.

Pienso en el avión que pasa

y en su tripulación ignorando

las cicatrices blancas que le hace al cielo;

y pienso en por qué es azul, el cielo,

en si alguien me ha enseñado a verlo así

o en si tendrá el mismo tono al final de todas las miradas.

 

Pienso también en el mamut.

Seguro que hace no mucho uno podía adivinarlo entre el hielo,

justo detrás de su propio reflejo.

Y sin embargo ahora está ahí,

inmediato,

al alcance de los dedos rechonchos de Misha.

 

Pienso en todo esto y me asusto.

 

Quizá yo también esté así un día,

desprovisto de mi armadura de hielo,

desnudo,

sitiado por mañanas derretidos y memoria líquida,

clavado en un barrizal de frases hechas

y buenos modales.

 

¿Por qué no habría de pasarme?

Al fin y al cabo el tiempo es una hoguera.

 

Podría ser que entonces alguien me mirase,

así todo blanco y fláccido y sin dientes y sin pelo,

privado del maquillaje de su reflejo,

y viese solo los cuartos traseros de un cordero

en el mostrador de una carnicería.

 

Puede que después de tanto tiempo y tanto frío

el destino apenas fuera

ser comida para perros.

 

Pero seguramente todo esto sean solo

cosas un poco tontas,

desvaríos de un pobre idiota,

y lo único importante habite en los dedos rollizos de Misha

que ahora tiran de mi pelo y señalan insistentes

la grupa del mamut.

(D)ESPACIO Y T(I)EMPO

  “Para vivir un año es necesario,

morirse muchas veces mucho

Ángel González

 

Puede que tú seas –no lo sé-

de las que alumbran años con promesas quemadas,

de las que tapan la sangre con tangas rojos,

de las que estrenan.

 

Puede que yo sea una aguja vieja -de brújula, de jeringuilla, de reloj; vieja-,

un agujero.

Admito ser de los que se abren las heridas con la vajilla de los domingos,

de los que esperan.

 

Pero nunca soy un año el mismo día.

 

Es posible –apenas, posible-

que pase el tiempo y no pase nada,

que pasemos, en definitiva  -¿qué es un año a fin de cuentas?-,

y que todos los mañanas sean ayeres televisados

inundando un tresillo sembrado de desdenes con espinas.

 

Pero tú nunca te conformes.

 

Porque debes saber –es importante-

que he asfaltado acantilados antes

para poder mirarte a golpe de miedo civilizado,

 

que para deglutir cada derrumbe pendiente

he roto ya cien veces todas tus palabras

y se me quejan las sílabas huérfanas de inventarte,

 

que te he visto descalzar los días con mimo,

deslizar los calcetines de colores hasta el talón y tirar luego de la punta,

tan delicada -¡qué talento tienes para no dar de sí la tela!-,

 

que hago balances de los silencios de tus dudas –no balances anuales, balances-

y están mis dedos anoréxicos contando siempre futuros perdidos,

restando tiempos tasados en centímetros robados de tu pelo;

soñando.

 

IDOMENI, UN LIMBO EN EL CORAZÓN DE EUROPA

ENTREVISTA CON AUGUST BLÁZQUEZ, VOLUNTARIO EN LOS CAMPOS DE REFUGIADOS DE IDOMENI Y EKO (10.4.2016).

El drama de los refugiados rubrica la superación de la última frontera de nuestra conciencia. Ya ni siquiera nos queda esa barrera artificial con la que solemos consolarnos: “pasa demasiado lejos de aquí”, “qué podemos hacer nosotros”. Estas personas están aquí, nos necesitan y están sufriendo las decisiones de unas instituciones que representan o dicen representar la voluntad de todos los europeos.

August Blázquez tiene 33 años y es enfermero. Ha viajado por medio mundo y ha visto de cerca el trabajo de algunas ONG en lugares tan alejados como Birmania. Hace unos días aterrizó en Barcelona después de pasar un par de semanas a caballo entre los campos de refugiados de Eko y de Idomeni, al norte de Grecia. Lo que ha visto, sentido y oído no necesita ninguna introducción, tan solo diez minutos de vuestro tiempo. Si a alguien le parece mucho, siempre puede dar cuenta del subrayado.

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August (izqda.) con sus compañeros del dispensario médico en el que ha estado colaborando

Buenas tardes, August, y muchas gracias por tu tiempo para hacer esta entrevista. Llegaste de Idomeni hace unos días y justo esta mañana nos hemos enterado de un altercado tremendo entre la policía macedonia y los refugiados que ha acabado con un grado lamentable  de represión.  No pensaba empezar esta charla por aquí, pero quizá tú puedas aclararnos un poco lo que ha pasado…

Bueno, yo de este tema sé lo que he podido leer. Igual habría que empezar explicando cómo se forma Idomeni. La gente cuando entraba en Grecia vía islas, la vía directa para los Balcanes era subir hacia el norte y cruzar la frontera con Macedonia. Y la gente iba andando por la vía del tren. Entonces cuando la frontera se cerró, la gente se empezó a quedar alrededor de la vía del tren en la frontera y se empezó a poner la valla de espino enorme que se ve ahora en todas partes. Allí hay un checkpoint de Macedonia, justo en la vía del tren, y luego un trozo de vía todo vallado donde no hay nadie, que es donde está la policía griega.

Lo que pasó el domingo por la mañana es que los refugiados de Idomeni y otros campos cercanos se juntaron en Idomeni con la intención de reventar la valla y cruzar la frontera. Se habían organizado en redes sociales, y muchos llegaron con bolsas, tiendas plegables y demás para intentar seguir su camino a través de los Balcanes. Cuando se han ido acercando a la valla el ejército macedonio ha empezado a gasear a toda la gente, tanto a la que se encontraba cerca de la valla como a la más alejada, con unas armas que disparan botes de gas a más de 100 metros. También han disparado unos proyectiles similares a las pelotas de goma que se ven en España. Así que frente al ejército macedonio había una línea de refugiados defendiéndose con piedras, pero detrás de estos estaban familias con niños recibiendo botes de gas también… Cruz Roja griega ha decidido abandonar el campo y se han quedado solo Médicos Sin Fronteras y voluntarios independientes atendiendo a los heridos…. Ha habido muchos heridos por inhalación directa de gas, y luego gente con contusiones, desde refugiados adultos hasta niños y bebés, y también voluntarios.

¿Otras veces ha habido también manifestaciones subidas de tono para pedir la reapertura de la frontera, no?

Sí, pero otras veces no se ha llegado a esto, también porque hay muchos refugiados que quieren evitar la confrontación, ya que hay muchos muchos muchos niños y no quieren que la policía cargue, y suelen montar una cadena humana que se interpone entre los que se manifiestan y la policía y ayuda a evitar más tensiones.

A veces hay también concentraciones que se deben a rumores de reapertura de la frontera, que son muy frecuentes. Pero esta vez, según ha contado por ejemplo Sara Montesinos (@SaraMMP), una periodista que está allí como voluntaria y que es una fuente muy fiable, la concentración estaba más organizada. Y al parecer fue bastante unitaria, además, con refugiados de las distintas nacionalidades (sirios, kurdos, iraquíes, afganos…) todos a una. Piensa que hay gente que lleva en Idomeni 2 meses…

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Manifestación en el campo de Eko, a unos 15 minutos en coche de Idomeni.

Entiendo. Bueno, aclarado un poco este tema vamos a empezar por el principio: ¿Cómo decides irte a Idomeni? ¿Con qué intención fuiste?

Tenía un par de semanas más o menos libres, en Semana Santa. Mi intención era llegar allí con la cámara de fotos –August es fotógrafo, además de enfermero- y buscarme la vida, contar historias y dar un poco a conocer lo que pasaba y demás. Lo que pasa es que cuando llegué allí lo vi todo muy difícil y no sabía por dónde empezar… Nunca había visto algo parecido. Todo me pareció tan fuerte que dejé la cámara a un lado y me puse a ayudar en lo que pude. Al final fotos he hecho cuatro.

Yo fui un poco a lo loco… aunque ya me encontré a gente en el aeropuerto de aquí: a un par de bomberos que iban a Lesbos, a una chica catalana con un montón de cosas a cuestas que había recogido para llevarlas allí, a dos chicos que iban como yo sin un plan fijo, a Marta, Álex y Alba que llevaban un proyecto de promoción de la lactancia materna también… Porque al parecer se ha detectado que muchas madres por estrés, por mala alimentación o por lo que sea no dan el pecho, y la leche en polvo sustitutoria se prepara en condiciones de absoluta falta de higiene. Cuando llegué allí era común ver a madres preparando la leche en botellines de agua reciclados que acercaban directamente a las hogueras para calentarlos, con toda la degradación de plásticos que conlleva eso… Es potencialmente muy nocivo para los bebés.

¿Y qué es lo que te encuentras allí? ¿Cómo está organizado el tema de los campos de refugiados en la zona de la frontera norte de Grecia, por ejemplo?

Al norte de Grecia está el campo de Idomeni, que fluctúa entre 11.000 y 14.000 refugiados según el momento, porque hay gente que se va a los campos militarizados que están montando para vaciar Idomeni, pero también gente que sigue llegando. Y luego como campo grande, está también a unos 15 minutos en coche el campo de EKo (EKocamp), en una gasolinera, donde hay unas 3000 personas. Después hay otros dos campos más pequeños entre medias, uno a ambos lados de la autovía, donde no hay presencia continua de ninguna ONG.

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“En Idomeni las condiciones son muy pésimas… Hay 2 grifos, 20 duchas y 30 baños para 12.000 personas”

Porque allí, fundamentalmente, el trabajo con los refugiados lo hacen las ONG… ¿no?

De hecho esto es con lo que yo me he quedado más de piedra. La impresión de que la situación, la gestión de los refugiados en el norte de Grecia y por lo que dicen también en Lesbos y demás, o sea, el peso más grande de esta dejadez institucional, se la están echando a cuestas algunas ONG grandes, el voluntariado internacional independiente y otras ONG más pequeñas que se han ido auto-organizando... La presencia de organizaciones gubernamentales que gestionen la situación es casi nula y totalmente ineficaz. Esto, en Europa, me saca de mis casillas, pensar que la gestión de esta catástrofe en suelo europeo está en manos de ONG y voluntarios que intentan llevar confort, por decirlo así, a tanta gente. Es lo que más sensación me ha causado… Es fuerte la impresión de llegar allí, y ver que se parte de la idea de “todo lo que puedas hacer será más de lo que cualquiera espera”. Porque no hay nada, hasta el hecho de estar y que la gente no se vea del todo abandonada se valora, no sé.

¿Qué ONG tienen más presencia en esta zona?

Allí de atención médica están Médicos Sin Fronteras (MSF), Medicus Mundi (MM) y la Cruz Roja griega, como grandes ONG que dan servicio médico. MSF tiene un dispensario grande en Idomeni, por ejemplo, y da refugio a unas 4000 personas en tiendas. Además provee de comida, mantas y agua potable. En Eko también estaba MSF con un dispensario, pero la policía lo ha cerrado y ahora la atención sanitaria allí la llevan voluntarios catalanes autogestionados que coordina el catalán Bernat Conill y que están haciendo una labor brutal. En general cada vez hay más personal sanitario voluntario que viene al margen de las ONG y que se ha organizado para dar cobertura sanitaria extra, porque con la que dan las grandes ONG no llega. Nada más llegar te das cuenta de que la asistencia sanitaria es insuficiente: diarreas, fiebres, niños y adultos con problemas respiratorios, muchos bebés y embarazadas

En Idomeni yo estuve colaborando en un dispensario sanitario que montaron unos bomberos de Zamora, de la ONG Bomberos en Acción (que ya estaban en Lesbos), con unos médicos españoles. Y ahí colaboran también refugiados que se toman el proyecto como suyo (Lian, Lopalin, Nushin, Rohafaza…) y que ayudan por ejemplo en labores de traducción. Actualmente el dispensario visita a unas 70 personas cada día y están montando rotaciones de personal médico español. Si a alguien le interesa, sería genial que se pusiese en contacto conmigo -tenéis el twitter de August al final de la entrevista-.

En un pueblo cerca de Idomeni está la base logística de los voluntarios que van llegando, en el bar del pueblo, y se ha ocupado un edificio que se usa de almacén. Allí se hacen reuniones diarias para que los que llegan puedan incorporarse a los distintos grupos de trabajo: grupos que cocinan comida para 3000 personas al día y necesitan voluntarios, por poner un ejemplo. Siempre hay mucho que hacer. Hay gente que va por su cuenta y hace proyectos que ya trae preparados desde su país, también.

Pero en cuanto a grandes ONG, así más estructuradas, son esas que te dije. Y luego también Save the Children y otras dos o tres ONG internacionales como Lighthouse Relief e Intervolve, que no llegan al nivel de MSF por ejemplo pero que tienen personal propio y gestionan a otros voluntarios que llegan allí.

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“I,m human”; manifestación pacífica en Idomeni.

¿Y luego estará ACNUR también, supongo…?

ACNUR está también, pero… En realidad a nivel más gubernamental solo hay en Idomeni policía griega bloqueando la frontera, con unos puestos allí para hacerse los reemplazos, y autobuses de antidisturbios griegos. Por cierto, la policía griega se está portando bastante bien, en general, y creo que también es justo señalarlo.

ACNUR tienen una oficina donde dan información legal, para que la gente se vaya a campos militarizados que se han habilitado, porque dicen que allí estarán mejor, y tendrán incluso puestos accesibles a internet para pedir asilo, etc.  Todo con la idea de desalojar Idomeni, que es un campo espontáneo digamos. Pero no hay gente de ACNUR ocupándose de hablar con los refugiados y de solucionar problemas.

Sí ves, por ejemplo, tiendas de ACNUR. Grandes tiendas hay de MSF, para asistencia, comida, sanitarios y refugiados: tiendas enormes con literas donde igual caben 200 personas. Y luego de ACNUR, que tiene tiendas para unas 15 personas, dos familias, que reparte pero no monta, es personal voluntario ajeno a ACNUR el que las pide, las recoge y las pone. Eso es lo que hice yo los primeros días con unos bomberos catalanes. Pides las tiendas, ACNUR te la da y te dice justo dónde ponerlas, porque el suelo tiene dueños y se ve que las ONG tienen como que alquilar el suelo donde ponen las tiendas a sus propietarios.

La verdad es que yo alucinaba con lo de ACNUR, porque yo pensaba que allí tendría que estar gestionándolo todo, y que son los que más tendrían que hacer denuncia… pero claro, como tienen lazos con gobiernos más o menos, imagino que no pueden hacer nada que…

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La comida es insuficiente. Algunos adultos se alimentan de hierbas que encuentran en la zona para dejar a los niños la comida más nutritiva

¿Y cuál es la situación de los refugiados allí? ¿Cuáles son las condiciones de vida?

Las condiciones son muy pésimas. El suelo no filtra y cuando llueve se montan unos barrizales de miedo. Han pasado un frío inmenso, y la gente enferma mucho. Casi todo lo que hay son familias, y cada familia tiene de media 5 hijos… Así que está todo lleno de niños. Hay gente que lleva en Idomeni más de 40 días. Y después de tanto tiempo la comida sigue siendo insuficiente, siguen haciendo colas… La sensación es de pedir limosna. La gente agradece la solidaridad pero te dicen que lo único que quieren es que les dejen pasar, no ayuda humanitaria. Y llevan 40 días con colas para la comida, para los pañales, para la leche… con carencias higiénicas horribles.

La necesidad mayor es la comida porque dicen que es insuficiente. Hasta hay familias que cogen una hierba en los márgenes de la carretera, una especie de borraja dicen, y luego la cocinan y se la comen.  A veces los adultos se alimentan de eso para que los niños puedan comer algo más nutritivo.

Cuando ves la magnitud de las historias te quedas… no sé… no sé. Sabes que todo esto pasa, pero cuando empiezas a conocer las historias… Porque claro, puedes incluso estar allí, ver muchas familias y no darte cuenta de muchas cosas. Porque los niños al final son niños, y juegan: hay un charco y los niños juegan. Pero las situaciones que hay por detrás cuando las conoces te dejan roto.

Antes me contaste ya el tema de la leche, y precisamente quería preguntarte por la higiene personal y por las condiciones sanitarias de los refugiados. Tú estuviste trabajando como enfermero durante parte de tu estancia allí… ¿Cómo está la cosa a este respecto?

Sí. Sobre el tema de la higiene personal, en ambos campos, en Idomeni y en Eko, hay baños en diferentes áreas. En Idomeni hay 2 grifos, 20 duchas y 30 baños. ¡Para 12.000 personas! En Eko solo están las duchas de la gasolinera, con un empleado que controla 15 minutos por cada ducha y las cobra a 2 euros, porque es un negocio privado, claro. Pero imagínate hasta qué punto las condiciones son malas, que los baños en Idomeni eran los típicos portátiles de las fiestas mayores, y debajo pusieron palés para dar estabilidad cuando llueve y tal. Bueno, pues en Idomeni reparten leña para calentarse por la noche, porque han pasado mucho frío, y se quema absolutamente todo para entrar en calor: ropa, plásticos y hasta los palés que hay debajo de estos baños… ¡prefieren tirar el baño al suelo y no poder usarlo! Y eso a pesar de que varias ONG llevan leña a los refugiados, ya te digo. Hay una cantidad de laringitis y problemas respiratorios que se han hecho crónicos ya… Todo el mundo tose. A la semana yo ya tosía continuamente, porque hay un ambiente tan viciado de humo por las hogueras…

Por ejemplo, cuando encontré a los médicos y enfermeras españoles con los que colaboré, me enteré de que empieza a haber brotes de sarna, y de que el medicamento para la sarna no se vende en Grecia (en España sí, por ejemplo). Luego te enteras de gente con tratamientos crónicos que no se los pueden abastecer porque solo se cubren cosas urgentes: desde enfermedades oncológicas que no se controlan y deberían, hasta niñas con brackets que necesitan un odontólogo porque se le han quedado muy justos y no lo tienen… Mil cosas.

Yo empecé a hacer algo de enfermero los últimos días. Hay mucha gente que ha montado cosas para consultas ambulatorias, y MSF visita 3 días adultos, 3 días niños y 24 horas emergencias, creo. El tratamiento es ajustado porque no les da para más, y encontramos gente que nos decía que iban a MSF en otros campos y les decían que no tenían su tratamiento a veces, para niños con enfermedades intestinales crónicas incluso… Y eso MSF, que es la ONG con más recursos sanitarios.

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“Allí se montan unos barrizales de miedo…  Han pasado mucho frío”

Últimamente, cuando se expone esta situación de Idomeni, hay quien sale con el argumento de que los refugiados están allí por voluntad propia y de que pueden irse a campos mejor dotados cuando quieran. ¿Qué contestarías a eso?

La gente todavía tiene la esperanza de cruzar la frontera. Constantemente te preguntan “¿Cuándo la van a abrir?”, “¿tú crees que la abrirán? Dime la verdad”. Y hay mucha gente que se queda allí porque más cerca de la frontera no pueden estar. La gente quiere continuar, no se quiere quedar en Grecia, quiere pedir el asilo como refugiado y comenzar una nueva vida. Irse de allí es, para muchos, como renunciar a su última opción. La gente no se va de Idomeni porque tiene como la obligación moral de estar allí, después de todo lo que han pasado para llegar…

Campos en la zona norte hay Idomeni, Eko, el pequeñito de entremedias y un campo militarizado llamado Nea Kavala donde no hay ONG, porque lo llevan militares, y donde los refugiados llevan un carnet que enseñan para entrar y salir. Cuando a finales de marzo se cierra la frontera se habilitan otros dos campos relativamente cerca de la frontera para que la gente de Idomeni vaya, también militarizados. Uno se llama Katerini y el otro Veroia.

En Idomeni hay unos altavoces que sueltan informaciones de cosas que pueden llegar a pasar, o se recuerda en las manifestaciones que se mantenga el orden, etc. Hablan en farsi, árabe, kurdo… Por ahí ACNUR y la policía griega informaban, y también con octavillas, del cierre de fronteras y de que se había habilitado Katerini para los sirios y para los afganos e iraquíes el campo de Veroia. Porque es que esa es otra, que al llegar vía islas a Grecia, les piden identificación en Lesbos y Quíos. Si eres sirio necesitas presentar pasaporte, etc. Te hacen un test exhaustivo para comprobar tu nacionalidad: conocimos a una mujer que se fue de Siria en medio de un bombardeo y solo se llevó una fotocopia de su DNI, y cuando llegó le preguntaron muchas cosas de su ciudad, le enseñaron fotos y todo para asegurarse. Porque con el acuerdo UE-Turquía los que tienen más números para quedarse son los sirios.

Cuando llegaban antes de cerrar la frontera, por cierto, les hacían un papel en griego donde sale su nombre, familia e hijos a cargo, y que lleva un sello en inglés que dice que el destino final de esa persona va a ser Alemania en los próximos seis meses. Y ese papel se lo hemos visto nosotros a muchos refugiados sirios.

Entonces, sí hay familias que van a otros campos. Hemos hablado con algunos que han vuelto de esos otros campos porque dicen que se está aún peor, pero también con refugiados que dicen justo lo contrario. Había gente que decía que no había ONG, que la comida estaba racionada peor, que no hay baños públicos… En los campos militarizados al llegar les hacen firmar un papel y una cartilla, y tienen que renovar su estancia cada cierto tiempo. Lo que sí nos han dicho es que irte de estos otros campos es más difícil. Desde Idomeni te llevan allí buses gratuitos, pero si quieres irte a otro sitio ya te cuesta tu dinero. La gente que se empeña en ello y tiene algún recurso se va, pero no es tan fácil, porque no los quieren deambulando por el país.

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El primer día de buses desde Idomeni a los nuevos campos militarizados de Katerini y Veroia viajaron unos 600 refugiados

¿Hay muchas diferencias entre la situación de unos refugiados y otros? A nivel de recursos disponibles, dinero, etc.

Sí, aunque todos están estancados, claro. Hay mucha gente que dice que aún tiene algo de dinero. Nos explicaron el rollo mafias, lo que pagan en los sitios por pasar, todos los trapicheos y demás. Hay gente parada pero de clase media-alta, y gente que la ves que es muy muy muy pobre, con niños sin zapatos… que los ves que están en una situación de miseria máxima. Y luego hay gente con estudios y buena posición en sus países de origen, etc. Alguna de esta gente incluso se plantea que si no se soluciona el cierre de fronteras, se quieren volver a Siria pagando a las mafias otra vez. Hay gente que dice que se volvería antes de quedarse en Idomeni, mucha, pero que ya no tiene dinero. Otros muchos dicen que prefieren Idomeni antes de volverse porque la situación de la que han huido es tan dantesca, supera tanto lo que puede verse en cualquier película… que te dicen que ya no tienen nada que perder. Visitamos gente tienda por tienda con una médico palestina para hacerles llegar alguna ayuda desde España, y ahí me enteré de algunas historias de cómo lo estaban pasando… Es todo increíble.

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Extrema vulnerabilidad: el 40% de los refugiados encallados en Idomeni son niños.

¿Hay alguna historia concreta que te haya impresionado especialmente? ¿O alguna que te parezca ilustrativa de lo que han vivido estas personas hasta llegar aquí?

Es que es un continuo… de verdad. Cada persona con la que hables… Yo no he profundizado más por un tema de lengua, pero aun así, cuando he empezado a hacer de enfermero y he tenido más cercanía, he conocido historias. Por ejemplo la de un niño de 4 años que salió  con sus vecinos para Europa el mismo día en que mataron a sus padres delante suya. Los vecinos se iban y lo recogieron y lo trajeron con ellos. O la de un padre de familia afgano, militar allí, al que le dijeron: “esta noche vendremos a tu casa, haremos lo que queramos con tus hijas y tu mujer y las degollaremos”; y que lógicamente se fue. También ves familias que han perdido a mucha gente en los bombardeos, y ves los restos de metralla en niños de 4 o 5 años….

Tú imagina la situación tan bestia de jugarte la vida por un futuro incierto, que igual las mafias te delatan, o la policía te da una paliza o te ahogas… Nos enseñaban videos de las barcas, barcas de 4 metros con 70 personas… A veces la barca que iba justo detrás de ti al final ves que no llega… Es una lotería. Y te juegas tu vida y la de tus hijos. Imagina cómo será la situación de la que huyen.

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Shahedi tiene 10 años y el cuerpo marcado por la metralla

¿Cómo es el viaje a esta Europa de los refugiados, ese peregrinaje a ciegas de mafia en mafia…?

Pues mira. En Eko hay mucha gente de Alepo, en Siria. Es una zona muy conservadora y tal. Allí una mujer siria con 4 hijos, que perdió al quinto en un bombardeo en Alepo, nos contó que fue en bus hasta la frontera con Turquía y que allí la mafia los tuvo hasta que un día les dijo que podían pasar. Iban a precios cerrados: un precio por niño, otro por adulto, etc. El bus ya en Siria es con mafia, porque no circulan buses tan alegremente. El cruce de la frontera, de 3-4 metros de frontera, les costó 200 euros por adulto y 100 por niño, más menos. Estuvieron 3 semanas hasta que la mafia les dijo que iban a cruzar, y estaban 500 personas en un terraplén medio escondidos.

Y contaban que la mafia puede ser buena o mala. La buena te dice que cruces y lo haces, porque ha pagado a la policía turca para que no te frene. La mala no paga a la policía y encima les avisa: cuando hay 40 o 50 personas que están cruzando tiran una bengala, la policía turca les coge, les da una paliza y los devuelve. A esta mujer por ejemplo la pillaron una vez, la poli los pilló, los devolvieron y la misma mafia les hizo volver a pagar. Tardaron un mes en cruzar. Luego en Turquía estuvieron otro mes hasta que otra mafia les ofreció cruzar por mar a Grecia. Pagaron 1400 dólares por una pareja de adultos con 4 hijos, y 100 euros en total por los salvavidas, que ya todos sabemos que son falsos. Este precio decían que era muy económico, ya que el precio va en función de la mar que haya: si hay buena mar es más caro, pero ellos se la jugaron y cruzaron con mala mar. Y así llegaron a Lesbos.

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Nazah, de 24 años, perdió a uno de sus hijos en los bombardeos de Alepo. Huyó a Grecia con los otros tres: Fátima, Razen y Yazan.

Quiero pensar que una vez llegan a Grecia, el papel de las mafias desaparece o…

Bueno. Mira hasta qué punto llega la mafia… Aquí luego hay la mafia de que esta gente para moverse en Grecia o llegar a un campo, pues paga. Por ejemplo, estuve con una enfermera catalana que estuvo en Lesbos y cogió el mismo ferry que cogían los refugiados para pasar a Atenas después de “x” días en un campo en Lesbos, de que les hiciesen los papeles y tal. Y dice que ella pagó 48 euros por el viaje y los refugiados 45, y ella estaba en la parte de arriba y los refugiados todos hacinados en tercera clase, por decirlo así. Y decía que la masificación era brutal. De hecho ella hizo vídeos y lo denunció a la prensa catalana, porque había incluso niños muy pequeños, enfermos, embarazadas… hacinados como sardinas. Y eso no deja de ser otro negocio, debería haber otras estructuras. Y luego por dentro de Grecia, a la hora de moverse, ves que hay gente que llega a los campos incluso regateando un taxi… Es surrealista.

Todos sabemos que la solución a este problema no pasa por irse a Idomeni, claro, pero en tanto en cuanto las cosas sigan así, ¿dirías que se siguen necesitando voluntarios por allí?

Sin duda. Se pueden hacer muchísimas cosas, ir con un proyecto tuyo concreto, o sumarte a algo allí. Gente falta y va a faltar. Y luego es importante eso, que haya gente que comunique esto y no por los canales oficiales digamos… Eso es lo que quería yo, pero luego vi que era más útil remangándome y haciendo lo que fuera, repartir fruta, montar tiendas, lo que fuera.

La verdad es que el trabajo a nivel de voluntarios y ONG es impresionante. Y sobre todo de gente sin formación en esto, porque lo más difícil al final es la logística: cómo gestionas, o cómo distribuyes… Por ejemplo se recibía mucha ropa, ropa que hay que seleccionar, distribuir para que no haya problemas, que el reparto sea equitativo para evitar que haya buscavidas que la revendan, que son una minoría pero los hay…  Hay campos donde reparten las cosas tirándolo para atrás como si fuese limosna, por ejemplo, y en este sentido hay mucho todavía que organizar.

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“Se quema absolutamente todo para entrar en calor: ropa, plásticos y hasta los palés que estabilizan los baños portátiles”

¿Qué necesidades dirías que son las más claras allí, al margen del tema de la comida y las instalaciones?

Allí siempre hay algo que hacer. Es llegar, y si quieres te pones a trabajar nada más llegar. Pero todo es cambiante. Llegan cosas básicas, muchas, y falta distribución, gestión, y también lograr más implicación entre el trabajo de los voluntarios y los refugiados, creo. Tú al final lo que haces es darles a entender que hay gente que no está de acuerdo con las decisiones políticas que se están tomando. Y hay que crear vínculos de trabajo entre voluntarios y refugiados, hacer iniciativas conjuntas.

Esta gente necesita organizarse. Los niños necesitan escuelas, relacionarse… porque allí se pelean y juegan a pegarse tiros. La iniciativa de la que hablé antes, el dispensario sanitario con el que tuve la suerte de colaborar yo, es un ejemplo de organización y de colaboración entre refugiados y voluntarios. Son iniciativas que, dentro de todo este desastre, ponen orden. Luego hay una escuela de niños con clases en inglés, en árabe, juegos… que la llevan refugiados. Los que veo menos movilizados son los adultos en general, hay muchos hombres adultos que no hacen nada más que comprar tabaco y fumar, que claro, la situación es la que es y tampoco se puede criticar nada, pero es algo que llama la atención.

Y luego, insisto… Yo creo que es clave que desde allí se cuente bien lo que hay. Desde la cercanía, desde historias concretas. Creo que eso falta, para dejar claro que es verdad y está pasando aquí, a 3 horas de avión. Es importante que haya gente independiente allí que lo denuncie y haga difusión, en contacto con la gente que estáis dispuestos a comunicarlo desde aquí. Porque yo creo que aquí… aquí tendría que haber una movilización muy bestia de gente.

¿Y esa movilización masiva, la ves posible? Porque las manifestaciones que se están produciendo, en España sin ir más lejos, son más bien decepcionantes, muy minoritarias…

La gente aquí lo ve como algo lejano, y aparte hay gente que no lo quiere por miedo…  no ya de la amenaza terrorista, que va a estar igual si entra la gente o si no entra, o incluso peor si no entran… Pero sí, la gente no quiere que entren. Pero bueno, es que no es nuestra decisión, la gente va a seguir intentando entrar, es normal, buscarán otros medios, otros caminos. Lo veo complicado, porque llevamos mucho tiempo con estos dramas, 5 años de guerra en Siria, las muertes en el Mediterráneo… Y no pasa nada.

Cuando estás allí todo es como: “¿Hostias, cómo no me he dado cuenta de esto?”, “La gente tiene que saberlo”. Y luego reflexionas y ves que sí, que la gente tiene que saberlo, pero sobre todo tiene que vivirlo como algo cercano… Por eso yo recomiendo el conocerlo de cerca, hacerlo tuyo, entender que son como nosotros de verdad. Es que es tan cercano…  Y de voluntarios españoles allí está a reventar, pero claro, uno llega aquí y vuelve a ver cuáles son las dimensiones reales del apoyo a todo esto…

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Celebración del año nuevo kurdo en Idomeni. Pese a la situación, en el campo queda espacio para el juego y el disfrute.

¿Cómo crees que evolucionará el tema de Idomeni, en concreto?

Yo antes creía que Idomeni era cuestión de semanas. Pero no sé, ahora creo que irá para largo, no sé si Idomeni en concreto, pero los 50.000 refugiados que hay allí. Va a llevar tiempo esto, y va a seguir llegando gente. Ahora mismo esta gente está allí hasta un momento indefinido y lo único que puedes hacer, en realidad, es normalizar la situación, que tampoco sé si es beneficioso para ellos, porque claro, lo que quieren es pasar… Pero ¿qué haces si no?

Lo que ves es que, y esto es una impresión ya totalmente mía, como que les molesta que estén en Idomeni cortando una vía del tren y en el foco de las noticias internacionales, que luego no sirven tampoco para nada, porque tú lo ves que luego aquí no nos movilizamos, yo el primero, hasta que no me he ido y he visto… Pero les molesta que estén y les están como forzando a que se vayan dejándolos sin ayuda. Y aunque allí nosotros a los que mandan no les molestamos mucho, está claro, sí hacemos un trabajo que si no se hiciera cómo estaría esa gente… Yo creo que ante un volumen más pequeño de gente se habría hecho ya como en Moria, que se les ha echado. Pero allí no puedes, porque son muchos, así que se les va como ahogando para que se vayan y eso se normalice a nivel mediático y se diluya.

Pero pienso que no se va a diluir y creo que cosas como la de hoy con la policía macedonia van a seguir pasando. Creo que cada día llegarán cosas de tirarse de los pelos y que habrá tema para rato. Y si se va gente, incluso irá a peor, porque la gente que se quede será la que piense “yo ya no tengo nada que perder”.

Y yo no sé… No sé qué hay que hacer, de verdad que no. Pero sí que hay que hacer algo… No sé… Tenemos que hacer algo.

 

*Todas las fotografías, a excepción de la sexta, son obra del entrevistado. Podéis contactar con él vía Twitter: @pqvull